Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: La habitación interior

Hace unos cinco años dudaría de utilizar este lenguaje. Entonces podría ser malinterpretado. Pero últimamente se ha producido un giro muy significativo en el ambiente y en la sensibilidad. Un giro que era de esperar y al que damos la bienvenida. Se trata del descubrimiento de la “interioridad” de la persona. Ese lugar en el que uno se siente libre, donde se es uno mismo…

Para un cristiano esto no es ninguna novedad. Al contrario, es algo fundamental. El propio Jesús hablaba en numerosas ocasiones de la interioridad, como el lugar de la autenticidad personal (especialmente cuando tenía que denunciar la hipocresía).

Estos días conviene volver a la interioridad, no solo porque la circunstancia del confinamiento así lo pide, sino porque las celebraciones de Navidad y Epifanía, como celebraciones litúrgicas, lo exigen (más allá de las formas externas).

Ya en el siglo XVI San Juan de Ávila advertía:

“La posada que Él quiere es el ánima de cada uno: ahí quiere Él aposentarse, y que la posada esté muy aderezada, muy limpia, desasida de todo lo de acá. No hay relicario, no hay custodia, por más rica que sea, por más piedras preciosas que tenga, que se iguale esta posada para Jesucristo. Con amor viene a aposentarse en tu ánima, con amor quiere ser recibido”.

(Sermón IV en la infraoctava del Corpus)

Es conocido el pasaje en el que la Sagrada Familia no hallaba posada. Aquello era un símbolo de lo que ha ocurrido siempre: no es fácil encontrar un lugar apropiado para Dios en el mundo. ¿Dónde puede hospedarse Dios, dónde puede “hacer morada”? Después de la Resurrección y Pentecostés, Dios ha querido quedarse entre nosotros en su Palabra, en los Sacramentos, en la vida de amor de los hermanos. Nosotros le podemos hallar en estos lugares y buscamos que “sean dignos” de su presencia. Y los adornamos con lo mejor que tenemos: todas las bellas creaciones humanas, materiales preciosos, el arte, los discursos y la literatura, las formas de vida eclesial, etc.

San Juan de Ávila, sin embargo, intuye que todo eso puede quedar fuera de uno mismo. Dios puede habitar entre nosotros, pero fuera de nosotros mismos, fuera de nuestra intimidad, en ese espacio exterior, donde se desenvuelve la vida de los objetos, sin que alcance nuestro corazón. Como ocurre tantas veces en nuestra convivencia, cuando las personas van pasando y sus vidas no nos afectan para nada…

Entonces el santo recuerda que donde mejor se halla Dios es en nuestro interior, lo escondido donde solo la mirada del Padre alcanza (cf. Mt 6,4), donde no podemos disimular, donde somos más auténticos. Ese lugar que llamamos “el corazón”. Por tanto, nuestro compromiso es el de “aderezar” esa morada, como decían los antiguos. Limpiar, arreglar, ornamentar el corazón, vaciarlo de todo lo superfluo, abrir y ofrecer a Dios el espacio más amplio, el centro, el lugar más importante, es decir, su lugar, el que le corresponde.

Es toda una tarea de amor, tanto preparar el lugar, como acoger a quien desea habitar en él.

Iniciamos un Año Nuevo. Si recibimos esa gracia, uno puede pensar y desear que todo lo que construyamos a lo largo del año tendrá una buena fuente, unas buenas raíces. Al menos, que sea un sueño y una esperanza.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
Acerca de Mons. Agustí Cortés Soriano 364 Articles
Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.