Fiesta de la Traslación del Apóstol en la Catedral de Santiago

“En el umbral del Año Santo Compostelano 2021, celebramos esta fiesta tan propia nuestra como es la Traslación del Apóstol, que fortalece la esperanza cristiana, no como simple espera sino como realidad  dinamizadora de la vida en circunstancias fáciles o azarosas como las que estamos viviendo, buscando dejar la impronta cristiana en favor de una civilización que ayude al desarrollo integral de la persona”. Así se expresaba el miércoles 30 de diciembre monseñor Julián Barrio en su homilía de la Fiesta de la Traslación. En ella, destacó el valor del seguimiento de Cristo para construír una sociedad con referentes éticos, al tiempo que invitó a vivir estos momentos con solidaridad: “En medio de la crisis humanitaria y sanitaria que nos afecta, la distancia social aconsejada ha de acrecentar la cercanía del corazón”, dijo. Monseñor Barrio afirmó, además, que “non debemos ser meros espectadores, estamos chamados a ser construtores da sociedade segundo o plan de Deus, superando odios e rexeitando todo tipo de violencias, non aceptando designios de morte e manifestando con claridade a dignidade de todo ser humano”. El arzobispo rogó, también, “por unha celebración chea de froitos espirituais do Ano Santo compostelán” y “pola santificación da familia a fin de que realice a súa misión de coidar e educar os seus fillos en liberdade e tranquilidade”.

Con la celebración de la Eucaristía en la Fiesta de la Traslación, la Catedral de Santiago volvía a abrir sus puertas al culto público después de las obras de restauración. La tradicional Ofrenda Nacional de esta fiesta jacobea correspondió en esta ocasión al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, quien actuó como Delegado Regio. En respuesta a su invocación al Apóstol, el arzobispo compostelano señaló que “el testimonio del Apóstol Santiago es una propuesta cargada de significado que le llevó a beber el cáliz del Señor: a participar en su suerte. Su referencia nos compromete a no tergiversar la fe diluyéndola en categorías puramente racionales o naturalistas. Para el cristiano la vida es Cristo”.

Monseñor Barrio explicó que “este convencimiento nos guía cuando nuestra existencia discurre en la inseguridad cuyas raíces son profundas y que se manifiesta en nuestras incertidumbres y desconfianzas. Se considera que al margen de Dios la persona puede conformarse a su gusto en un proceso de deconstrucción que comporta un empobrecimiento espiritual y la pérdida del sentido de la vida, sin darse cuenta de que la fe en Dios aporta claridad y firmeza a las valoraciones éticas”. Tras recordar que la salvación proviene de Dios, el prelado indicó que la fe ayuda a “afrontar la realidad de cada día” y añadió que “es necesario cuidar también la salud espiritual, saliendo de nosotros mismos para vivir la solidaridad y la comunión con el prójimo”.

Vivir en la esperanza

El arzobispo instó a los presentes a vivir en la esperanza del mensaje cristiano, una certeza que da sentido a la existencia a pesar de las dificultades: “La persona busca siempre remedios a sus males, sobre todo a aquellos ante los que se siente impotente, agarrándose a toda esperanza. Pero Cristo, Palabra de la vida, no es el curandero de última hora al que recurrir. La grandeza de las curaciones obradas por Él no está  en lo que se ve y obra exteriormente sino en lo que significa y promete. La curación de la mujer enferma y la resurrección de la hija de Jairo significan que Dios ha tomado en su mano la suerte del hombre, manifestándose como quien hace triunfar la vida y preserva la existencia de sus criaturas, no eliminando las enfermedades y la muerte sino reconduciéndolas a la gloria de la vida eterna, tan bellamente percibida en el Pórtico de la Gloria y en la restauración de nuestra Capilla Mayor”, aseguró.

En la homilía, el arzobispo de Santiago recordó que “toda ideología se para ante el límite oscuro de la muerte (Rom 8,35) pero nosotros sabemos que somos de Dios en la vida y en la muerte. La crisis de fe desemboca en una crisis de esperanza”. Y añadió que “no momento que estamos a vivir, despois de que a pandemia do coronavirus nos fixo a todos conscientes do fráxiles e vulnerables que somos, de canto dependemos do que sucede, estas palabras destacan cunha evidencia renovada e dramática debido ao seu alcance”.

Monseñor Barrio finalizó su homilía poniendo sobre el Altar “co Patrocinio do Apóstolo, a vosa ofrenda, Excmo. Sr. Delegado Rexio, tendo en conta as intencións das Súas Maxestades e da Familia Real, dos nosos gobernantes estatais, autonómicos e locais, das familias que choran a perda dos seus seres queridos pola pandemia ou outras causas e de todos os que formamos os distintos pobos de España, de xeito especial dos queridos fillos desta terra galega. Encomendo ao amigo do Señor esta querida Arquidiocese Compostelá para que asuma o compromiso de transmitir o legado da fe”.

(Archidiócesis de Santiago de Compostela)

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