Carta pastoral del Cardenal Carlos Osoro: Un año nuevo para anunciar con valentía a Jesucristo

Ante el misterio de la encarnación, cuando va a comenzar un año nuevo, os quiero invitar a anunciar la novedad del Evangelio. En palabras del apóstol san Pablo, «desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo» (Ef 31-32). Por la pandemia afrontamos una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes. ¿Seremos capaces de ser más auténticos en este año nuevo que comenzamos?

1. Pongamos a Dios y al hombre en el centro. No impidamos su diálogo. El pasado mes de marzo, en una impresionante imagen en la plaza de San Pedro vacía, el Papa nos habló del significado de la «tempestad» a través del Evangelio de Marcos (cf. Mc 4, 35-41). Es bueno hacerse la composición de lugar: atardece y Jesús invita a subir a la barca, a la Iglesia. Entonces y ahora nos invita a ponernos en marcha: «Vamos a la otra orilla», que es lo mismo que decir que vayamos a la misión. Como en el pasaje, con la pandemia se ha levantado una fuerte tempestad que amenaza con hundir la barca. Nos hemos dado cuenta de la vulnerabilidad que padece la humanidad; un virus nos ha puesto en crisis. Todo lo teníamos seguro, pues ahora no. La pandemia nos ha puesto delante de nuestra verdad. Habíamos dejado de dar protagonismo a Dios en nuestra vida. Creíamos que nos bastábamos a nosotros mismos y hemos descubierto que no, que cada día se hace más evidente la necesidad de Dios y de los demás.

En el año 2021 y en el contexto de esta pandemia y de la crisis que estamos viviendo y que afecta a todos en los distintos niveles de la existencia humana, hemos de insistir en ese sueño que el Papa Francisco nos propone en la encíclica Fratelli tutti. Hemos de «hacer de nuestra vida una hermosa aventura», ahondando en la dignidad de la persona y en la urgencia de que renazca el deseo de la fraternidad universal. Vivamos la aventura de la fraternidad, el sueño de una única humanidad y de la amistad social. Mantengamos viva la esperanza. Esto es imposible para los hombres, pero es posible si contamos con Dios. Nada nos puede quitar la esperanza en un Dios que sigue presente en nuestra historia concreta.

Estos días de Navidad lo hemos vivido con claridad: Dios se acerca a nuestra historia, se hace uno de nosotros y nos invita a acoger su amor. Acojámoslo como hizo nuestra Madre María cuando dijo: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». Dejémonos envolver por su Luz como los pastores de Belén y, como san José, mantengamos viva la fe Dios. Nos sigue diciendo hoy lo mismo que en la tormenta dijo a los discípulos. «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Él «se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: “¡Silencio, enmudece!”». Entonces, «el viento cesó y vino una gran calma». Y lo mismo que a los primeros discípulos, a nosotros también nos pregunta en estos momentos de la vida y en medio de la crisis: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».

2. Vivamos la naturaleza de la Iglesia sin traiciones, eliminando las categorías de conflicto y división. ¿Qué sucede cuando vivimos la pertenencia eclesial en categorías de conflicto? Que ni expresamos que somos hermanos ni animamos a vivir como hermanos. ¿Qué nos pasa cuando situamos y dividimos a los cristianos y ponemos categorías como de derechas o de izquierdas, progresistas o tradicionalistas? Sucede que desnaturalizamos a la Iglesia y nos desnaturalizamos nosotros mismos como cristianos; pervertimos a la Iglesia y nos situamos enfrentados; no nos acogemos a la gran novedad que nos da y ofrece permanentemente el Espíritu Santo.

Hagamos un esfuerzo por entender y poner en práctica aquellas palabras de Jesús: «Id por el mundo y anunciad el Evangelio». La Iglesia tiene el mandato misionero y por ello el empeño de acercar la persona de Jesucristo a todos los hombres, en las situaciones en las que se encuentren. Dejemos que, como en Pentecostés, el Espíritu Santo sea quien haga escuchar en su situación real de vida, de cultura, de camino de conversión, el anuncio de Jesucristo.

Distingamos con toda claridad lo que es vivir una crisis y lo que es vivir en conflicto. En una crisis habrá más aciertos o menos, pero todos podemos buscar salidas juntos. Sin embargo, el conflicto siempre pasa por localizar culpables, acentúa los desprecios y banaliza las relaciones, pues promueve ese vivir con amigos a los que hay que amar y contra los enemigos a quienes hay que eliminar.

3. Estemos disponibles siempre para anunciar con alegría y valentía a Jesucristo en esta situación que vivimos. Imitemos a los apóstoles, que nunca se avergonzaron de anunciar el Evangelio. Lo consideraban la fuerza salvífica de Dios, tal y como nos dice san Pablo: «Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, primero del judío y también del griego». Qué hermoso es contemplar la vida de los primeros cristianos. Entendemos muy bien lo que provocaba entre las gentes el ver cómo vivían. Deseaban imitarlos. Y por eso era clave el compromiso de vivir cada día con más hondura en y a la escucha de la Palabra de Dios. Era acogida, meditada y traducida en la propia vida para cambiar el mundo con la fuerza del Evangelio.

Hay que descubrir que la fuente de la alegría cristiana está en la certeza de ser amados por Dios, amados por Quien tiene en sus manos todo lo que existe. Y nos ama a cada uno y a toda la familia humana con un amor apasionado, un amor que perdona. En estos días de Navidad hemos visto y experimentado en el misterio de Belén, en el Dios con nosotros y entre nosotros, hasta dónde ha llegado su cercanía a nosotros. Está claro que el espíritu misionero de la Iglesia no es más que el impulso de comunicar la alegría que nos ha sido dada sabiéndonos amados por Dios.

Con gran afecto, os bendice,

+ Carlos, Cardenal Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.