Carta pastoral de Mons. Abilio Martínez: “Id a José” (Feliz Año 2021)

Numerosos Padres de la Iglesia han visto en  José, el penúltimo de los 12 hijos del patriarca Jacob, un anuncio profético de San José, esposo de la Virgen. El libro del Génesis nos narra que, cegados por la envidia, sus hermanos lo vendieron a unos mercaderes egipcios y que tras descifrar algunos sueños que tuvo el Faraón, éste lo elevó a un importante cargo. Prosperó tanto que todos los egipcios y los extranjeros debían acudir a él ante cualquier necesidad. Así se acuñó la expresión “Id a José”.

Quiero, queridos diocesanos de Osma – Soria, felicitaros el Año Nuevo diciéndoos también “Id a José”. Pero no al José del Antiguo Testamento, sino a san José, esposo de María, el que cuidó, estrechó entre sus brazos y educó al Niño Dios, al Dios hecho hombre.

Recientemente el Papa Francisco nos ha obsequiado con una Carta Apostólica en la que describe quién fue san José, cómo vivió su función de padre en la Sagrada Familia de Nazaret. Este año 2021 celebramos el 150º Aniversario de la proclamación de san José como Patrono de la Iglesia Universal, precisamente un 8 de diciembre, uniendo así la Virgen María y San José. El Sumo Pontífice pretende que este año dedicado a san José se convierta en una ocasión para conocer su figura, imitar su ejemplo y pedir su intercesión. Santa Teresa de Ávila escribía así  “Quería yo persuadir a todos a que fuesen devotos de este glorioso santo, por la experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios”.

¡Cuánto bien nos puede conseguir el santo José en este año 2021, tan duro y difícil como se presenta por la Covid-19! Os recuerdo las palabras del Papa en su Meditación en tiempos de pandemia (27 de marzo de 2020) que tanto  iluminan y nos dan esperanza: “Nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo […]. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos»

Se habla mucho de la ansiada “normalidad”, de la auténtica “normalidad”  en todas las facetas y sectores de nuestra vida familiar y social. Me permito proponeros para este año una normalidad muy especial: que hagamos realidad aquello de que “Año Nuevo, Vida Nueva”. La figura de san José nos ha de arrastrar hacia el bien, hacia la virtud, hacia los demás, hacia el respeto a la vida humana en todas sus fases, hacia Dios que es la Vida. Francisco define a José como una “padre amado”, un padre curtido en la ternura, en la obediencia, un trabajador siempre en la sombra. Leed la Carta del Papa – cuyo  título  “Con corazón de padre”  ya es toda una declaración de intenciones– y veréis cómo aparece san José como un hombre paciente, que ejercita la difícil virtud de la mansedumbre, lejos de toda forma de protagonismo, con lo que infunde esperanza en toda ocasión.

Os traigo unas palabras del Papa a propósito de la paternidad de san José, de su paternidad en la sombra y que nos sirven para todos en esa búsqueda, a veces desesperada, de la felicidad: “La felicidad de José no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe en este hombre la frustración, sino sólo la confianza. Su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza […].Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio. También en el sacerdocio y la vida consagrada se requiere este tipo de madurez. Cuando una vocación, ya sea en la vida matrimonial, célibe o virginal, no alcanza la madurez de la entrega de sí misma deteniéndose sólo en la lógica del sacrificio, entonces en lugar de convertirse en signo de la belleza y la alegría del amor corre el riesgo de expresar infelicidad, tristeza y frustración”.

Termino animándoos a recitar una oración que el Papa Francisco viene rezando a lo largo de más de cuarenta años. Dice así: “Que no se diga, santo Patriarca José, que nadie te invoque en vano. Muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder”.

Os felicito a todos de corazón y os deseo un santo año 2021, con mi bendición y mi afecto.

 

Abilio Martínez Varea

Obispo de Osma-Soria

Mons. Abilio Martínez Varea
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El obispo electo de Osma-Soria nació en Autol (La Rioja) el 29 de enero de 1964. Ingresó en el seminario diocesano de Logroño, donde estudió Filosofía y Teología entre los años 1982 y 1987. Después se trasladó a Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1989). Fue ordenado sacerdote el 30 de septiembre de 1989. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Su primer destino fue como vicario parroquial de la parroquia de San Barlotomé de Aldeanueva de Ebro (La Rioja) (1989-1994). Entre 1994 y 1996 realizó los cursos de doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca. A su regreso, fue nombrado vicario parroquial de San Pío X de Logroño. Ha desempañado los cargos de delegado de Apostolado Seglar, profesor en el instituto diocesano de Ciencias Religiosas y delegado de Enseñanza. Desde el año 2005 es vicario episcopal de Pastoral y Enseñanza.