Carta pastoral Mons. José Luis Retana: ¡Viva la vida!

Estamos celebrando la fiesta de Navidad y de la Sagrada Familia justamente en los mismos días en los que el Congreso ha aprobado la ley de la eutanasia, sin ningún tipo de consulta ni participación de los profesionales de la medicina y en un momento en el que no podemos manifestar nuestro rechazo en la calle, a pesar de las decenas de muertos, muchos de ellos ancianos queridos.

En Navidad hemos celebrado conmovidos la salvación de Dios, que se hace presente en la debilidad de la carne de un niño pequeño. Y para la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret la Conferencia Episcopal nos hace poner los ojos en los abuelos, que son “un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones” (Benedicto XVI), subrayando su importancia para la Iglesia y la sociedad.

En este tiempo de pandemia hemos caído en la cuenta, y ahora nos arrepentimos, que en tantas ocasiones nos hemos “librado” de nuestros ancianos, olvidando nuestros deberes como hijos: el respeto a los padres (piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer.

Este respeto filial se expresa en docilidad y obediencia verdaderas. Cuando se hacen mayores, los hijos deben seguir respetando a sus padres. La obediencia cesa con la emancipación, pero no el respeto, que supone ayuda material y moral en años de vejez, en sus enfermedades, en momentos de soledad y abatimiento.

Muchos ancianos han sido condenados al olvido, a la soledad, a la ingratitud, al desinterés, incluso al desprecio. Su presencia puede resultarnos fastidiosa. Nos ocupan tiempo necesario para otros quehaceres más gratificantes.

Es mucho el dolor que nos ha causado su soledad y sus muertes. Como dice el Papa Francisco “en una civilización en la que no hay sitio para los ancianos o se los descarta porque crean problemas, esta civilización lleva consigo el virus de la muerte”.

Las familias cristianas no deben dejarse influir por la actual mentalidad utilitarista, que considera que los que no producen deben ser descartados. Los abuelos son mucho más que los niñeros de los nietos cuando los padres trabajan. Son la memoria viva de la familia con una misión transcendental de transmitir el patrimonio de la fe a los jóvenes.

Queridos diocesanos: no participemos con nuestras actitudes en la civilización de la muerte. Amemos la vida desde su concepción hasta su muerte natural.

Sepamos devolver el amor, la preocupación y el trabajo que ellos han invertido para nuestro bien. Devolvamos el afecto recibido. ¡Viva la vida! Encomendamos a todos nuestros padres y abuelos a María, la madre de la Vida.

Con mi afecto y bendición. Vuestro Obispo.

† José Luis Retana

Obispo de Plasencia

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