Carta pastoral del Cardenal Antonio Cañizares: Navidad: futuro y esperanza del hombre

Jesús nace en Belén. Este nacimiento, único en toda la historia, supera todas las expectativas de la humanidad y así será para siempre. Constituye el único acontecimiento por el cual el hombre puede descubrir la alta vocación a la que está llamado: en este acontecimiento está el futuro del hombre.

Aquí está el centro de la historia. Todo converge ahí. Ahí está la gran esperanza. Nace Jesús en Belén de Judá. En Belén la noche oscura se hace día radiante y la fragilidad de un Niño recién nacido en la más radical pobreza de un establo se convierte en fuerza de todos los débiles y esperanza para todos los hombres y todos los pueblos. Ha sido un verdadero derroche de amor el que el Hijo de Dios se haga carne de nuestra carne, nazca en condiciones dignas del último de los pobres.

Las fiestas de Navidad nos invitan a celebrarlas con alegría y gozo, pero con sobriedad y mesura, con todos los cuidados y respeto a las normas para no contagiar ni contagiarnos: A todos digo esto, sin excluir a nadie, ni a los que no comparten la fe cristiana ni a los que no creen. Son una invitación para acoger con sencillez el misterio lejano y cercano que llevamos dentro, que está en el fondo de nuestras vidas y del mundo: el de Dios, que es amor y cuida de todos. En este misterio, el creyente siente la cercanía de Dios en Jesús. Detrás de estas fiestas, se encuentra la verdad silenciosa de que Dios se ha acercado de una vez para siempre al hombre y se ha comprometido irrevocablemente con él. Entró Dios con todo silencio en nuestro abandono y ahí nos aceptó y ahí nos guarda incansable su amor escondido.

Con ello no queremos decir que en Navidad se nos acorta la lejanía inconmensurable de Dios. Dios no deja de serlo y de habitar su luz inaccesible, pero no quiere serlo sin el hombre, sin participar en su desamparo. En la Navidad, Dios se ha unido, de uno u otro modo, con todos y cada uno de los hombres, se den o no se den cuenta de ello, lo acepten o no lo acepten. Dios se lo juega todo, por decirlo así, en y con el hombre. El destino de todos los hombres y de cada uno de ellos le importa supremamente a Dios mismo, desde que se ha hecho uno de nosotros y ha entrado en la historia. Más allá de nuestras atenciones o desatenciones, nos aguarda en el silencio el Dios apasionado hasta el extremo por el hombre. Por eso estas fiestas nos llaman a que nos demos cuenta de que los espacios inmensos en que erramos perdidos, no están vacíos y helados, sino colmados del amor de Dios que nos aguarda incansable, si somos responsables, si cuidamos de los demás.

La verdad es que Dios está con nosotros, y somos más hombres, cuanto más estemos con Dios y Él en nosotros. Que no nos roben la Navidad, como están intentando algunos y algunas tendencias culturales, secularizadoras e ideológicas. Y nos la roban cuando ceden a los criterios del mundo enemigo y aprueban leyes que intentan regular un derecho inexistente como es el de la eutanasia; y nos la roban cuando difunden una cultura hedonista en la que no cabe el dolor ni el valor del sufrimiento; y nos la roban cuando pretenden una enseñanza que no educa en el alto valor y dignidad de toda persona, y no hay Navidad donde se infunde miedo y temor y falta de libertad.

La Navidad trae y es esperanza, futuro, también para el hombre malherido o maltrecho, que ve como el amor de Dios se inclina ante él, y lo acompaña, intenta curarlo y lo ayuda, le ofrece los cuidados paliativos que han olvidado, creo que intencionadamente pero con un error y omisión gravísimo, los señores diputados que no han querido saber nada de ellos y les estorban los débiles, los enfermos, los terminales, los que gritan de dolor y son extremamente vulnerables.

Navidad para todos, también para los que hacen leyes tan injustas. Navidad y perdón también para estos. Que se arrepientan y que vuelvan a Dios, que tanto ama a los hombres que envió a su Hijo, nacido en carne, nacido de mujer, y que estos mismos u otros que lo tienen en sus manos cambien, y seguro que cambiarán, porque el amor que es Dios es más fuerte, aunque aparezca tan inerme como un Niño, recién nacido, la criatura más frágil de toda, porque ahí, en ese Niño, está y vemos todo el infinito amor, que es Dios-con-nosotros, Emmanuel. Navidad es alegría, aplauso a Dios, Dios que quiere al hombre que sufre, no como el aplauso perverso de los que votaron Sí en el Congreso de los Diputados a la ley inicua, perversa y cruel en favor de la muerte, so capa de sentimientos o sentimentalismos de compasión, o los bailes de una señora que, creo, fue ministra de Sanidad en otros momentos, que saltaba de alegría cuando llenaba de tristeza ella misma a la mayoría que no estábamos en el Parlamento y que lo que tendría que hacer es avergonzarse por haber aprobado esta ley y, más aún, de bailarla, y pedirnos perdón a todos.

Navidad es cuando se hace justicia a los parados, que sufrieron los ertes y no les han pagado todavía, y en su casa hay hambre y oscuridad, y tristeza, por quitarles el trabajo, que eso sí que es un derecho, -el derecho a un trabajo digno y sostenible- y no la eutanasia. Esto es lo más contrario a la Navidad y a la misma humanidad; ¿dónde quedan lo sentimientos de compasión? ¿en los sueldos para los que gobiernan y están cómodamente en su sillón del Congreso? Pero a pesar de ellos, Dios los ama, y sobre todo ama a los que pierden el empleo o a los empresarios que se han visto obligados a cerrar porque otros no han hecho las cosas bien, y ven cómo sus familias y sus hijos sufren.

Deseo para todos una santa y feliz Navidad, y así lo pido a Dios, que en esta Navidad nos abramos a Él y acojamos al que viene en su nombre; y que así podamos seguir su camino en toda la tierra que es el amor y respeto de los otros que conduce a la paz. Deseo que todos tengan el don y la dicha -la gracia- de conocer a Jesucristo, acogerle en la vida como criterio de la inteligencia y del corazón, como fuente y meta de la vida, de la razón, de la libertad, de la convivencia y del amor. Es el bien más grande y más gratificante, y dichoso que puedo pedir y desear, estos días y siempre, para la vida del hombre y de la sociedad. Que las fiestas de Navidad llenen todo y a todos de una paz honda, e inunden de una alegría profunda todos los hogares: la alegría y la paz que se hallan en el que nació en Belén de una Virgen y que es Dios-con-nosotros, rostro humanado de Dios que es Amor, el que nació sin casa, en una cueva de ganado como el más pobre y desvalido, vulnerable entre los pobres más últimos y necesitados. Sin Dios, sin el único que amor y misericordia, no tendría sentido la Navidad. Pero con Dios tiene máximo sentido porque nos abre a la esperanza. DIOS NOS AMA Y NO NOS DEJA SOLOS A NADIE, Dios se ha unido a cada uno.

¿Y nosotros, no vamos a estar unidos a los demás que son hermanos?

¡SANTA Y FELIZ NAVIDAD! BON NADAL!

¡Santa y feliz Navidad a todos! Hagámosla muy feliz a los demás, siendo responsables, pensando en ellos y favoreciendo aquello que no les impida ser dichosos porque Dios está con nosotros y nos ama, porque es Navidad.

† Cardenal Antoñio Cañizares

Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014