Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Fiesta de la Sagrada Familia

Celebramos en este do­mingo después de Na­vidad la fiesta de la Sagrada Familia de Na­zaret. Celebrar la fiesta de la Sagrada Familia nos brinda la oportunidad de entrar en esa fami­lia y descubrir los valores que en ella se viven y se cultivan, para tra­tar de imitarla en la vida de nuestra propia familia.

La familia de Nazaret es la familia de Jesús, en la que Él nace y crece.

En su seno, aprende a saber lo que es el amor humano de unos pa­dres que se entregan por entero a su hijo. Aprende a valorar el sacri­ficio que supone a aquellos padres ser fieles a lo que Dios les pedía. Aprende a valorar la pobreza ma­terial y de recursos que tienen sus padres y, por lo mismo, la familia y la riqueza del corazón humano cuando acoge y lleva a su vida el plan de Dios.

La familia es esa realidad, ese es­pacio humano absolutamente nece­sario para todo ser humano para na­cer, crecer y madurar como persona y como creyente. Pero para que esto sea realidad, en la familia debe rei­nar un clima donde cada uno de sus miembros se sientan a gusto, puedan crecer como personas en todos los valores humanos y maduren su fe en el Señor y en la vivencia cristiana en su propia vida.

Todo ser humano necesita de una familia y de un clima familiar que le acoja y le dé cariño, un clima en el que se sienta bien y ello le permita crecer y madurar armónicamente. Necesita encontrar en su familia un verdadero clima de amor: amor en­tre los esposos-padres, amor entre padres e hijos, entre todos los com­ponentes de la familia, un clima de amor a fondo perdido y de entrega sin esperar nada a cambio.

Todo ser humano tiene necesidad de un clima familiar en el que experi­mente real y vitalmente en su familia un cariño especial y una solidaridad plena con los miembros que sufren, con los miembros más débiles, los ancianos, los deficientes, los niños.

Todo ser humano necesita apren­der desde la familia a ser tolerante desde un clima de diálogo entre los padres y entre los padres y los hijos.

Todos necesitamos tener una ex­periencia familiar de verdadera ge­nerosidad, donde sus miembros se dan por entero sin más, a fondo per­dido, sin esperar nada a cambio.

Todos tenemos necesidad de una experiencia familiar de vivencia de la vida de fe, de valoración de Dios y su mensaje, de importancia de la fe para los demás miembros, de cuida­do y cultivo de la fe, de oración en familia. Todo ello nos hará experi­mentar en la familia un clima en el que se aprende y se enseña desde la vida la practica cristiana, la vida de fe, la valoración de Dios, no solo como teoría, sino como algo que cada uno necesita vivir en su propia fami­lia como realidad.

Sin una familia y sin un clima fa­miliar así, es muy difícil que, cuando seamos mayores, vivamos determi­nados valores humanos, imprescin­dibles para la persona. Estos valores no los da ni la universidad ni la calle, los da el testimonio vivo de la familia, que será una experiencia que nunca olvidará quien la haya vivido y será una carencia perpetua para aquellos a los que se les prive de ella y formen su propia familia.

Sin una familia y un clima familiar de valoración de Dios y de vivencia de la vida de fe, será muy difícil que podamos madurar como creyentes y seguidores de Jesús a medida que va­mos creciendo y madurando en otros aspectos, porque en la familia hemos podido tener experiencia de otros va­lores, pero no de la fe y del estilo de vivir cristiano, siendo que nuestras familias han nacido del sacramento del matrimonio y, por lo mismo, Dios debería estar muy presente.

La celebración, hoy, de la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, donde toda esta realidad se vivió en toda su plenitud, nos debe llevar a que cada cual revise su propia familia para ver si este clima humano y de fe es una realidad o, por el contrario, debe dar un giro para hacerlos realidad.

Hemos de recuperar el puesto tan primordial y la importancia tan grande que tiene para el ser humano la familia. Hemos de tener en la familia nuestra primera experiencia de fe y de encuen­tro con un Dios que nos quiere, y he­mos de seguir siendo transmisores de nuestra fe de unas generaciones a otras.

Pidamos hoy especialmente por nuestras familias, para que recupe­ren todo cuanto han perdido en los últimos tiempos y logren ser esa rea­lidad necesaria e imprescindible, en la que la persona crece y madura, y donde el creyente encuentra las ver­daderas raíces de su fe.

+ Gerardo Melgar

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.