Carta pastoral del Cardenal Juan José Omella: «La Navidad de los pobres»

La esencia de la Navidad está en celebrar y compartir en familia el nacimiento de Jesús. Lamentablemente, nos puede suceder que, deslumbrados por el consumismo, olvidemos esa esencia.

La Navidad se puede convertir en algo muy distinto: en una vorágine de compras y ventas, en envolver y desenvolver regalos para satisfacer ilusiones efímeras. La Navidad llega envuelta de un ruido constante que nos aparta del silencio interior que todos necesitamos para celebrar la venida de Cristo.

Los pobres, que viven en la miseria, a veces en la calle o en viviendas sin condiciones, o los que están solos y enfermos, pueden llegar a vivir el resplandor de la Navidad como una pesadilla. Rodeados de abundancia a la cual no pueden acceder, se sienten aún más pobres y estigmatizados, sienten el frío del invierno en sus cuerpos y en su corazón.

Jesús también nació en la miseria y en la soledad, en un pesebre sucio y maloliente. Jesús vino como Redentor pobre; se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor 8,9). No ambicionó nada, no se apegó a nada. Se hizo pobre por amor hacia ti y hacia mí, hacia todos y cada uno de los que nos rodean. Podía haber elegido la riqueza o el poder de los hombres, pero eligió nacer pobre. Eligió la debilidad y la dependencia. Eligió a los indigentes, a los indefensos, a los empobrecidos, a los abandonados, a los enfermos, a los migrantes, a los que pasan hambre, a los expulsados de la sociedad…  Jesús siempre estuvo con ellos. Jesús nos muestra cómo Dios siente debilidad por todo aquel que se siente frágil, pobre, excluido…

En efecto, el rostro de Dios que Jesús nos revela es el de un Padre generoso que ofrece su esperanza a los que no tienen nada. Por eso es el Dios de los pobres, porque ha hecho una opción preferencial por ellos. Los convirtió en hijos predilectos. Dios conoce sus penas, los toma en sus manos y les devuelve el valor, la fuerza y la dignidad. ¡Qué bueno y necesario es reconocer nuestras pobrezas y fragilidades!

Quizás, si recordáramos que los pobres están hechos a imagen y semejanza de Dios no sufrirían nuestro desprecio ni el de la sociedad. Por eso, Jesús los defiende y se pone a su lado. Y así nos está ayudando a acercarnos a Dios a través de los pobres.

Hace años, en muchos hogares se compartía la comida de Navidad con un pobre. Poner un plato más en nuestras mesas navideñas podría ser un entrañable regalo de Navidad que podríamos hacer y hacernos, porque la inmensa satisfacción de ofrecer y recibir es mutua. Dar la mano y acoger a los más necesitados es, sin duda, el regalo más valioso que podemos hacer y es también la puerta a la vida eterna (cf. Mt 25,31-46).

Queridos hermanos y hermanas, os deseo una santa Navidad en familia. Este año la viviremos en complejas circunstancias como consecuencia de la pandemia que nos azota. En medio del dolor, celebremos la Navidad, revivamos el misterio de un Dios que se ha hecho uno de nosotros para mostrarnos su ternura y su amor. La auténtica Navidad es y será siempre fuente de esperanza.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
Acerca de Card. Juan Jose Omella 366 Articles
Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.