Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Es Navidad

Queridos diocesanos:

La fiesta de la Navidad está a la puerta. El jueves de esta semana que co­menzamos hoy es el día 25 de diciembre, fiesta de la Nati­vidad del Señor.

Cada año celebramos las fiestas de Navidad. Este año, la pandemia de la COVID-19 va a hacernos vivir la Na­vidad de una forma muy distinta a como la celebraban las familias otros años, porque ni siquiera tal vez po­damos reunirnos toda la familia por cuestión de aforo y por los peligros que hay en esas reuniones familiares amplias de contagio del virus.

Las fiestas de Navidad son unas fiestas que se pueden vivir en el co­razón del ser humano:

Para muchos esta Navidad va a ser un tiempo de nostalgia, de recuerdos y de tristeza, porque rememora aque­llos días de su Navidad de niños en los que toda la familia se reunía en el hogar para celebrar juntos estas fies­tas. Eran días de alegría, de amor sen­tido y expresado, de diálogos alegres y de verdadera felicidad de todos los que componían cada familia.

Todo son recuerdos, momentos y tiempos pasados, de los que solo que­da eso, el recuerdo nostálgico de la vida, y que han quedado ensombre­cidos por la muerte de algunos seres queridos, las enfermedades de otros, la separación de las personas más queridas, los problemas de la vida, los odios o los rencores hacia miembros de la misma familia, porque no se en­tendieron en la herencia y que han he­cho que cada cual se sienta separado de los que más quería y se encuentre hundido en la más triste de las soleda­des, desde donde solo podrá ya recor­dar aquellos tiempos de armonía, paz y felicidad familiar, como un recuer­do que nunca volverá.

Esta es una forma de sentirse frente a la Navidad. Es la forma de situarse de tantas personas a las que su fe no ilu­mina las distintas situaciones de la vida y, por lo mismo, tampoco la Navidad. Para ellos la Navidad no es más que eso: un recuerdo tierno y sentimental de lo que fue en otro tiempo y que nun­ca más volverá, convirtiéndose así en algo que quieren que pase cuanto antes porque les hacen sentir mal.

Otra forma de sentirse y de situar­se frente a la Navidad es la de todos aquellos que recuerdan con gran ca­riño los días y el ambiente navideño que vivieron en sus propias familias cuando eran pequeños, y que han tratado de seguirlo viviendo año tras año después, de mayores. Días inol­vidables, ambiente entrañable en el que se han sentido realmente felices; recuerdos que hoy viven con ese mis­mo gozo y que les impulsa a seguir viviendo estos días con la misma feli­cidad y alegría, a la vez que tratan de encontrar y vivir el verdadero senti­do cristiano de la misma.

Este sentido profundo cristiano puede ser lo que echemos de menos en nuestra vida y que sea algo que necesi­tamos renovar en nuestros corazones.

Tal vez estemos necesitados de renovar en nosotros el profundo sig­nificado y el sentimiento cristiano de alegría que produce en el alma lo que en la Navidad celebramos: el nacimiento del Hijo de Dios, que por amor a todos y cada uno de nosotros, siendo Dios, se ha hecho hombre, para que nosotros, los seres huma­nos, lleguemos a ser hijos de Dios.

Seguro que necesitamos actualizar nuestra fe y abrir nuestra vida y nues­tro corazón para dejar que Cristo, que nació hace 2020 años en aquel pesebre, entre y nazca en el corazón de cada uno de nosotros, y transforme nuestras dudas en fe, nuestros materialismos en valoración de su gracia, nuestra lejanía de Él en cercanía de amor, en mano amiga que se acerca a nosotros para decirnos lo mucho que nos quiere.

Tal vez echamos de menos y nece­sitamos vivir una Navidad más soli­daria, en la que todos podemos hacer algo por to­dos, porque nos necesi­tamos unos a otros; una Navidad en la que abramos nuestro corazón para descubrir que, junto a nosotros, hay personas, familias, niños, ancianos que están con las manos extendidas, porque les asfixian las necesidades, la enfermedad y la soledad.

Seguro que necesitamos contem­plar mucho más de cerca al Dios niño, el misterio del nacimiento del Hijo de Dios, para entender el amor tan grande que nos tiene.

Necesitamos sentir muy dentro de nosotros un profundo sentimien­to de gratitud y expresárselo en estos días así al Señor, por tanta generosi­dad y por tanto amor por su parte.

Agradezcámoselo, dejándole que Él nazca en nosotros como un día na­ció en aquel pobre y humilde establo y que nos transforme en auténticos hijos de Dios, que quieren recuperar la identidad de hijos.

Vivamos esta Navidad con estas actitudes y, a pesar de las amenazas y el miedo que puede producirnos esta pandemia de la COVID-19 que estamos viviendo, esta Navidad será una navidad alegre, llena de paz y de sentido, porque el Hijo de Dios, el Salvador, ha querido acam­par entre nosotros y quiere hospe­darse en cada corazón humano que se lo permita.

¡Feliz Navidad para todos!

+ Gerardo Melgar

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.