Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo: ¡La buena noticia de la Navidad!

Verdaderamente estamos faltos de buenas noticias. Seguro que las hay, pero las que tienen más eco mediático son las “malas noticias” y, ciertamente, las que más nos preocupan. Solo a título de inventario: continúan los conflictos armados; se mantiene el grave problema de los inmigrantes sin propuestas de solución; la pandemia del coronavirus va acumulando nuevas víctimas; sigue el temor a los contagios; las restricciones en las relaciones sociales nos entristecen; persiste la violencia; la problemática económica castiga a muchas familias… Podríamos continuar con las malas noticias en el ámbito personal, familiar, de amistad, de vecindad.

En este ambiente, en Navidad volvemos a oír la buena noticia del nacimiento de Jesús: “Os ha nacido un salvador. Es el Mesías, el Señor: encontraréis un niño en pañales, acostado en un pesebre”.

Alguien puede pensar que da lo mismo que se anuncie el nacimiento de un salvador, porque eso no cambia nada: la vida sigue igual y la historia continúa su camino.

Pero hay que preguntarse si, quizá, el hecho del nacimiento de Jesús ha cambiado radicalmente la historia humana y la vida de cada uno de nosotros.

Si no fuera así, entonces ¿por qué los ángeles, como mensajeros de Dios, anuncian y cantan una Buena Nueva que lo será para todo el pueblo?

Constatamos que la fiesta de Navidad ha dejado en cada generación una experiencia profunda de sentimientos, convicciones, celebraciones y elementos culturales y artísticos.

Cada Navidad nos ayuda a vivir con el convencimiento de que formamos parte de este pesebre donde Jesús nació, vivió, murió y resucitó. Nuestro mundo se ha transformado en el pesebre de Dios. Esta es la nueva que llena de gozo y de esperanza cada Navidad.

¿Qué ha cambiado después que Jesús, el Hijo de Dios, se haya hecho hombre, asumiendo la debilidad de la condición humana en un momento concreto de nuestra historia?

– Nos ha mostrado el rostro misericordioso de Dios y su amor por cada uno de nosotros. Dios es tan grande que puede mostrarse también pequeño. Dios es tan poderoso que puede convertirse en débil, y nos viene al encuentro como niño indefenso, para que nos sintamos amados por él y podamos amarlo.

– En Jesús, Dios ha asumido un rostro humano, y se ha convertido en nuestro hermano y amigo, nuestro Salvador. Ha compartido su nacimiento, su infancia, la pobreza, la inmigración a tierra extranjera, la vida recóndita y sencilla en un pequeño pueblo; ha aprendido a rezar, a convivir, a compartir. Ha experimentado el amor y el rechazo, ha necesitado alimento y atenciones. Ha necesitado amigos. Se ha cansado de hacer el bien y de curar las heridas del cuerpo y del espíritu. Ha afrontado la muerte confiando en Dios y ha dado su vida para que pudiéramos acoger los dones que nos ofrece.

-Ha colmado a la persona humana con la dignidad más grande que se pueda desear, porque ha asumido nuestra carne.

En esta Navidad, en nuestro pesebre personal, reservemos un lugar para Jesús, y también para nosotros en la Misa para acogerlo, adorarlo y pedirle sus dones; porque lo reconocemos y le servimos en el rostro de quienes más sufren y de quienes tenemos más cercanos, como él ha querido. Porque en medio de las oscuridades y dificultades de la vida sabemos que nos acompaña, que sigue junto a nosotros.

Que la Navidad nos aliente a vivir, a disfrutar, a ayudar a los demás y a celebrar y comunicar esta Buena Nueva: ¡Jesús ha nacido!

¡Feliz Navidad!

+ Mons. Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 434 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.