Carta pastoral de Mons. Iceta: Avivar el deseo de Dios en el servicio a los hermanos

Os saludo cordialmente en mi primera colaboración en estas páginas. Agradezco esta herramienta que se me ofrece para estar más cerca de vosotros y poder ofreceros humildemente algunas reflexiones semanales que nos ayuden a vivir apasionadamente nuestra vocación haciendo fructificar tantos dones con los que Dios nos bendice.

El tiempo de Adviento va avanzando y apenas nos quedan este domingo y el siguiente para presentarnos ante el portal de Belén adentrándonos en el maravilloso acontecimiento de la Navidad. Quisiera recordar la oración que abría este tiempo de espera y esperanza, que decía así: «Oh Dios, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno». Esta oración sintetiza admirablemente los elementos característicos de este tiempo.

Avivar el deseo. Es una gran cuestión. Porque los deseos son elementos interiores que mueven y orientan nuestra vida. ¿Qué deseo en mi vida? ¿Qué deseo cada día? ¿Todos los deseos me construyen y me hacen crecer? Qué importante es conocer los deseos profundos de nuestro corazón y aprender a discernir sobre ellos, distinguir los buenos de los malos y saber cómo gestionarlos. La oración nos habla de un deseo concreto y fundamental: el deseo de salir al encuentro de Cristo. Efectivamente, el deseo más profundo de todo corazón humano es el deseo de Dios. San Rafael Arnaiz, insigne santo burgalés, lo expresaba de esta manera: «Como el ciervo desea las fuentes, como el cervatillo sediento olfatea el aire buscando con qué mitigar su sed, así mi alma suspira de sed de vida… Vida que es espacio y luz, vida en la cual esta centellica de amor que llevo dentro se dilatará, se inflamará y a la vista de tu Rostro» (cfr. Deseo de Dios y la ciencia de la cruz).

Continuemos con la oración. Avivar el deseo «acompañados por las buenas obras». El deseo de Dios produce de modo inmediato el ensanchamiento del corazón al servicio de los hermanos, de modo particular los más desfavorecidos. Y viceversa, sirviendo a los hermanos encontramos a Dios. La santa de Calcuta, cuando habla de la sed de Jesús en la cruz, identifica el servicio a los más empobrecidos como el modo de saciar esta sed: «Tenemos que aplacar la sed de Jesús -del amor de los demás y de nuestro amor… Por cada acción con los enfermos y los moribundos, aplaco la sed de Jesús del amor de esa persona, por mi entrega del amor de Dios que hay en mí a esa persona en particular… Así es como aplaco la sed de Jesús por los demás, entregando su amor en acción hacia ellos» (Instrucciones, 19 septiembre 1977).

Y todo ello para hacer presente su Reino en medio de nosotros. Reino de santidad y justicia, reino de verdad y gracia, reino de amor y misericordia. A este reino aspira nuestro corazón. Es lo que anhelamos de modo profundo, como decía ya san Agustín en el siglo VI: «Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón se encuentra inquieto hasta que descansa en ti». Aprovechemos el tiempo de Adviento que nos queda y reavivemos el deseo profundo de Dios para que la noche santa de Navidad se vea colmado por la humildad y ternura del Niño, que es la Palabra encarnada que sacia nuestra sed. Con gran afecto.

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
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Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.