Carta pastoral del Cardenal Carlos Osoro: ¿Tienes sitio para mí?

Estamos en Adviento y acabamos de celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción, la mujer a la que Dios pide que le preste la vida para tomar rostro humano. También en este tiempo de pandemia, nos toca preparar el nacimiento o poner algún signo en nuestras casas que evidencie que acontece algo realmente importante y lo celebramos. Nos preparamos, nada más y nada menos, que para el nacimiento de Jesús en Belén.

En Madrid hemos hecho unas balconeras, un signo sencillo, con la imagen de Jesús y dos frases: «Quiero entrar en tu casa», «¿tienes sitio para mí?». Se pondrán en todas las parroquias de nuestra archidiócesis. Aunque ahora tenemos límites para juntarnos a causa de la pandemia, vamos a hacerle un hueco en nuestra vida, en nuestra familia, en las diversas realidades que vivimos. Madrid siempre se ha distinguido por su acogida, ¿cómo no vamos a hacer un hueco a Dios para que entre y nos transforme el corazón? Es bueno, además, mostrar esta acogida con signos externos. Y cuando nos pregunten por qué los hacemos, responderemos: «¡Nace Dios! ¡Viene Dios entre los hombres! ¡Llega para regalarnos su amor y para que vivamos de ese amor! ¡Llega para decirnos que nos quiere y que desea que nos ayudemos los unos a los otros porque somos hermanos!».

Hace unos días, rezando laudes como a diario, me acordé en las peticiones de todos vosotros, de los que el Señor ha querido que sea vuestro pastor. Hice una petición quizá más larga que otras veces: tomé el mapa de nuestra Iglesia en Madrid que tengo en la capilla y fui recorriendo los lugares en los que estáis, las parroquias en las que vivís, y pedí: «Señor, que te reciban». Me vino a la mente ese pueblo de la sierra que se convierte cada año en Belén de Judá y, aunque este año no sea igual, todos podemos convertir nuestra casa en el hogar de Belén y experimentar lo a gusto que se está cuando hacemos de nuestra familia un hogar de Belén. Así me surgió el deseo de felicitaros:

1. Feliz Adviento porque esperáis al Señor de la Vida, de la Paz, de la Fraternidad, al que derriba muros y siempre crea puentes para encontrarnos. Así, aun en medio de oscuridades, «brilláis como lumbreras del mundo» (cf. Fil 2, 14-15).

2. Feliz Adviento porque, con vuestra vida y con vuestros gestos, invitáis a todos los hombres a que alaben al Señor y a que descubran su amor misericordioso y su fidelidad para con todos: «Alabad al Señor todas las naciones, […] firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre» (Sal 116).

3. Feliz Adviento porque, con vuestra vida, vuestra entrega, vuestra generosidad, manifestáis que el Señor está cerca de nosotros: «Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables» (cf. Sal 118).

4. Feliz Adviento porque, allí donde estáis, queréis hacer ver a los demás que lo que os mueve en la vida es la sabiduría de Dios y no la de los hombres, y por eso la pedís constantemente: «Dame la sabiduría asistente de tu trono […]. Mándala de tus santos cielos» (cf. Sb 9, 1-6. 9-11).

Con los fallos que todos tenemos, estoy seguro de que el Señor que nace en Belén va a hacer de nuestra vida una bella aventura. En Jesucristo encontramos luz, vida, capacidad de perdón, donación siempre a favor de que el otro sea más… Siendo así prolongación en el mundo de la Iglesia, que, si tiene que ser algo, es misionera. Y por ello debe dar sentido a la vida desde la hondura de quien viene junto a los hombres. El Salvador viene a estar con los hombres y a mostrarnos su amor incondicional. En esta pandemia, que causa tanto sufrimiento, tomemos la decisión de ser verdaderos discípulos del Señor: «Vosotros sois la luz del mundo […] y no se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para que alumbre en el candelero y alumbre a todos los de la casa» (cf. Mt 5, 13-16).

¡Qué grande se hace la vida cuando acogemos la invitación que nos hace! Nos pide que cambiemos el mundo, pero no de cualquier manera, sino como Él y con Él. ¡Qué dimensiones adquiere la existencia humana cuando descubrimos y vivimos la fidelidad de Dios, cada uno con sus propias circunstancias! El acontecimiento más grande que ha sucedido en nuestra vida y que la ha cambiado radicalmente ha sido el encuentro con Jesucristo.

Cuando en nuestras casas pongamos el belén o algún signo que manifieste que Dios está con nosotros, pensemos en esto: nunca estamos solos. Él nos acompaña siempre. Es más, sentimos esa cercanía más aún cuando vivimos según sus mandatos. Cuando somos fieles a la manera de vivir que Él desea de todo discípulo, es cuando mejor experimentamos su amor, su misericordia. Directamente o a través de los demás y de los acontecimientos, el Señor siempre tiene la palabra oportuna para manifestar y expresar que está de nuestra parte, que está a nuestro lado. Cada uno de nosotros podríamos escribir infinidad de páginas relatando los encuentros que tenemos con el Señor, las palabras de aliento que recibimos de Él, las direcciones que establece para nuestra vida, el coraje que pone en nuestra existencia para no adaptarnos al mundo, sino para ser siempre expresión del amor de Dios en medio de los hombres. A su lado, todo es claridad y plenitud. ¡Qué belleza adquiere la vida humana cuando no damos luz propia, sino cuando regalamos la luz que nos viene de Jesucristo!

Pido al Señor que descubráis la belleza de ser cristianos: sois luz, canto de alabanza, expresión de la misericordia de Dios, manifestación de la cercanía de Dios a todos los hombres y manantiales de sabiduría divina, que llevará a quienes os encontréis por el camino de la vida a deciros, como dijeron los discípulos de Emaús a Jesús: «Quédate con nosotros».

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.