Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo: “Soy una voz que clama en el desierto”

Esta es la respuesta de Juan Bautista a las preguntas de los sacerdotes y levitas enviados por los líderes judíos para interrogarlo, por su actividad bautismal en el Jordán.

Esta misma expresión o algunas muy parecidas se han repetido en la historia de la Iglesia. Quienes hemos recibido la misión de anunciar el Evangelio por la ordenación –e igualmente todo cristiano que quiera dar testimonio de Jesús– vivimos a menudo la misma experiencia de ser “una voz que clama en el desierto”.

Ciertamente, a menudo tengo la sensación de hablar en el desierto, sin oyentes, o con oyentes que aparentemente no escuchan. Pero constato que muchos sí lo hacen, e incluso nos pueden preguntar, como Juan: “¿Y vosotros, quiénes sois?”. Nuestra respuesta es que somos una voz que quiere gritar por todas partes, pero la Palabra es Jesucristo. Somos sencillamente portavoces, y no hacemos más que contribuir a allanar un camino para que el Señor pueda ir al encuentro de cada persona.

¿Qué indicaciones podemos sugerir para allanar hoy el camino al Señor?

– Reafirmar nuestra confianza en Jesucristo. La rutina, la costumbre y, también, cierta dejadez pueden debilitar nuestra fe. Este tiempo de adviento tiene que ayudarnos a valorarla, a dar gracias por ella y a hacerla más fuerte.

Creer es ciertamente un tesoro, un don que hay que cuidar cada día por medio de la oración: cada semana con la Eucaristía dominical; cuando haga falta, con la penitencia y, siempre, con la actitud del amor, que se concreta en el servicio y en el perdón.

– Ejercer la caridad para con los más desvalidos y necesitados. Si posees bienes materiales para vivir con dignidad y sin estrecheces, es un deber de justicia compartir parte de estos bienes con aquellos que no tienen las necesidades básicas cubiertas. Aun así, lo mismo hay que decir de los demás bienes que puedas poseer, como el tiempo, la cultura, la facilidad en el uso de las nuevas tecnologías y otras cualidades.

– Fortalecer los vínculos familiares. Siempre hay que renovar la comunicación entre los esposos y evitar que la rutina debilite el amor y la atención mutua. En relación con los hijos, hay que ayudarles a encontrar su camino, su vida, que ojalá coincida con lo que Dios quiere de ellos.

– Ser responsable en tu profesión. Si eres un trabajador por cuenta ajena cumple responsablemente con el trabajo asignado, y a la vez defiende tus derechos siendo solidario con tus compañeros.

Si tienes una profesión liberal, de servicio a las personas, sé un buen profesional y justo a la hora de facturar tus servicios.

Si eres empresario, cumple con tus deberes de justicia con los trabajadores. Quizás en esta crisis de la COVID tienes datos objetivos para reducir la plantilla, pero haz un esfuerzo para mantenerla, a pesar de que el resultado económico del ejercicio sea deficitario.

– Amar siempre. Si eres abuelo o abuela y te parece que ni los hijos ni los nietos te tienen mucho en cuenta, y que solamente te quieren para que les hagas de canguro, cambia tu percepción. Has dado tu vida por los tuyos y, aunque te parezca que no te lo agradecen, seguro que te quieren y valoran; y, en cualquier caso, tienes que continuar haciendo lo que siempre has hecho: amar sin esperar recompensa.

– Fidelidad a los compromisos. Si eres sacerdote, religioso, religiosa… renueva tus compromisos, no como una carga pesada, sino con la convicción de que es la manera de vivir que has escogido y que te va a hacer feliz.

+ Mons. Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.