Aumentan los ataques contra comunidades y defensores de derechos humanos

Con motivo del Día de los Derechos Humanos (10 de diciembre), Manos Unidas denuncia el incremento durante la pandemia de la vulneración de los derechos de algunos de los colectivos con las que trabaja, como es el caso de los pueblos indígenas y los defensores de derechos humanos.

Manos Unidas denuncia los ataques a las comunidades indígenas

Ejemplo de ello son los ataques que vienen sufriendo durante los últimos meses los líderes y comunidades indígenas en América Latina. El incumplimiento de derechos y la violencia que sufren las poblaciones están relacionados, según socios locales de la ONG, con la expansión de proyectos extractivos y agroindustriales en regiones indígenas y campesinas. Así se desprende también de la reciente Carta de Mocoa, declaración institucional del IX Foro Social Panamazónico celebrado en noviembre y en el que participaron media docena de contrapartes de Manos Unidas. En dicho texto se denuncia que «el confinamiento ha servido para intensificar los megaproyectos mineros y energéticos, de infraestructura y de expansión de la agroindustria y la ganadería extensiva», lo cual supone un «despojo extremo» de los recursos «vitales para la sostenibilidad física y cultural de todos los pueblos de la Amazonía».

Más violencia e impunidad ante los ataques; menos capacidad para defenderse

«En estos momentos –asegura Raquel Carballo, responsable de proyectos de Manos Unidas en Centroamérica–, en los países en los que trabajamos existe una limitación de libertades y derechos que reduce el margen de acción de organizaciones y defensores de derechos humanos. Se ha incrementado, además, la violencia contra líderes y comunidades que han denunciado invasiones, desalojos y apropiaciones de territorio para la explotación de recursos naturales».

Como informó recientemente Mary Lawlor, Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la situación de los defensores de los derechos humanos, la pandemia podría provocar la pérdida en solo unos meses del «terreno ganado por los defensores durante décadas» y señaló el especial riesgo que corren algunos defensores, como los que trabajan en zonas remotas o aisladas, las mujeres y quienes trabajan en el ámbito de las empresas, el medioambiente y los derechos humanos

.Protesta en defensa del territorio - Honduras - Día Derechos Humanos - Foto Manos Unidas

Los ataques a los defensores o sus familias adoptan diversas formas, desde amenazas, campañas de difamación, intimidación policial y limitaciones administrativas, pasando por agresiones y detenciones arbitrarias, hasta llegar a torturas, secuestros y asesinatos. Solo entre 2017 y 2018 hubo cerca de 500 asesinatos de defensores, periodistas y sindicalistas en todo el mundo: ocho asesinatos a la semana, según datos de Naciones Unidas.

A esta violencia se añade la criminalización que, según Carballo, «se ha agudizado en los últimos meses con encarcelaciones y judicializaciones en condiciones injustas y poco seguras en medio de la pandemia, e impidiendo a los abogados desplazarse para defender a las personas encausadas». «Además –continúa Carballo–, sigue siendo sistemático el incumplimiento de los derechos colectivos de los pueblos indígenas, como la vulneración del Convenio 169 de la OIT, que reconoce el derecho de los pueblos sobre las tierras que habitan y el derecho a decidir sobre sus prioridades de desarrollo y a ser consultados antes de iniciar cualquier proyecto extractivo en su territorio».