Carta pastoral del Cardenal Juan José Omella: «Tiempo de espera gozosa con María»

Mientras caminamos en este tiempo de Adviento, la Iglesia nos recuerda que la Virgen, desde el primer instante de su concepción, fue preservada por Dios de toda mancha del pecado original.

Este dogma que celebramos no es un concepto sin vida. Tiene que ver con nuestra vida cristiana. El teólogo Karl Rahner decía en una de sus obras que el dogma de la Inmaculada Concepción de María nos puede ayudar a conocer mejor a María para amarla más.

Para conocer a María basta con leer, con actitud humilde, la Sagrada Escritura. Si leemos la Biblia con atención descubriremos que María es la nueva Eva. Sin embargo, a diferencia de ésta, María no se esconde de Dios (cf. Gen 3,8). María da siempre la cara. Tampoco se esconde de nosotros ya que es capaz de cobijar en sus entrañas y darnos a Jesús, el Dios con nosotros (cf. Mt 1,23).

El Evangelio nos dice que cuando Dios, por medio del ángel Gabriel, visita a María, ésta siente temor. María nos enseña que Dios también nos busca en medio de nuestra incertidumbre, de nuestro miedo y de nuestras dudas. Dios espera de nosotros que, como María, seamos capaces de darle un “sí” humilde y confiado; que facilitemos el encuentro, que nos mostremos disponibles como ella para acoger la invitación de Dios y servirle en los hermanos.

La riqueza de María no está en las apariencias, no se encuentra en el exterior sino en lo más profundo de su ser. Ella vivió como nadie el misterio del Dios en nosotros. Es la mujer nueva, escogida por Dios, que escucha su Palabra, la medita en su corazón y la convierte en servicio a los demás.

En el corazón del Adviento, la Virgen Inmaculada nos recuerda que también hay un lugar en nuestro yo más profundo que quiere encontrarse con Dios, que necesita y anhela el amor y la ternura del Padre. Ojalá sepamos, como María, cuidar ese espacio para ofrecerlo a Dios y a los demás.

María nos pide que seamos capaces de acoger la Palabra como ella lo hizo. Solo así, Cristo habitará, poco a poco, en todos los rincones de nuestro corazón. Solo de este modo daremos fruto abundante. Solo entonces Cristo será en nosotros la semilla de mostaza de la que nos habla el Evangelio. La semilla de mostaza es la más pequeña de todas, pero, si la dejamos crecer, produce un arbusto tan grande que incluso los pájaros vienen a guarecerse bajo sus ramas (cf. Mc 4, 30-32).

Queridos hermanos y hermanas, dice el papa Francisco que Dios siempre está llegando. Él siempre está a nuestro lado. Mantengámonos cerca de Él como lo hizo la Virgen. De este modo, viviremos con esperanza este tiempo de Adviento. Que María, madre de la alegría, nos anime a encontrarnos con Jesús y a construir con Él un mundo más humano y más fraterno.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.