Carta pastoral de Mons. Jesús Fernández González: Jóvenes acompañados

(Diócesis de Astorga)

Queridos diocesanos:

La mayor parte de mi vida sacerdotal la he dedicado a los jóvenes, tratando de hacer mías sus preocupaciones y sus problemas. Los tiempos que estamos viviendo son especialmente difíciles para ellos, objeto de deseo del mundo de la publicidad que los usa como gancho, los mueve a vivir en la superficie de la realidad y los exprime como consumidores; víctimas también de una cultura y de una política populista que intentan cortar sus raíces y colonizar su mente. A veces, hasta sufren chantajes emocionales por parte de sus progenitores que los utilizan como moneda de cambio en sus enfrentamientos personales. Por si esto fuera poco, les salen al paso las dificultades que generan la falta de perspectiva laboral, la dificultad para adquirir una vivienda e independizarse, etc.

En su exhortación “Cristo vive”, el Papa Francisco refleja estos y otros muchos retos juveniles y afirma que “los jóvenes necesitan ser respetados en su libertad, pero también acompañados”. En este acompañamiento, el primer lugar lo debe ocupar la familia, pero también ha de sumarse a él la propia comunidad cristiana que ha de “acogerlos, motivarlos, alentarlos y estimularlos. Esto implica que se mire a los jóvenes con comprensión, valoración y afecto, y no que se les juzgue permanentemente o se les exija una perfección que no responde a su edad”.

Desgraciadamente, con frecuencia, nuestras comunidades no son lo suficientemente abiertas para acoger a los jóvenes con sus limitaciones y virtudes, con sus inquietudes y rémoras, con sus insatisfacciones y críticas. Recuerdo que una vez que estaba intentando dar participación en una celebración litúrgica a un joven a punto de confirmarse, tuve que oír de sus labios una amarga queja: las personas que lo hacían de forma habitual no estaban dispuestas a ceder su puesto.

En el Sínodo sobre los jóvenes, un padre sinodal presentó la Iglesia con la imagen de una canoa, en la cual, los viejos ayudan a mantener la dirección interpretando la posición de las estrellas, y los jóvenes reman con fuerza imaginando lo que les espera más allá. Para otro momento dejamos la discusión de si se parece más a una canoa o a un trasatlántico, pero nos interesa señalar el reto de reunir en su singladura generaciones de distinta edad, con carismas diferentes, pero complementarios.

Para muchos jóvenes, la Iglesia ha perdido valor, no despierta confianza y su mensaje resulta irrelevante. Para restablecer su estima –dice el Papa Francisco- “necesita recuperar la humildad y sencillamente escuchar”. Es lo que pretende nuestra Iglesia particular con el proyecto que estamos poniendo en marcha: reconocer la realidad juvenil a través de la plataforma digital “VIVITASTORGA”. Respondiendo a la encuesta que se les plantea, conoceremos su opinión sobre la institución, sus dificultades y sueños, y sus propuestas para mejorar la vida y la misión juvenil en este mundo. Posteriormente, a los que así lo deseen, les ayudaremos en su crecimiento integral y, particularmente, en su condición de discípulos misioneros de Jesucristo.

Pongamos este proyecto en las manos de María, la mujer siempre joven, de nuestro patrono Santo Toribio, y de la legión de santos y beatos jóvenes con el recientemente beatificado Carlo Acutis a la cabeza. Recibid mi bendición.

+ Jesús, Obispo de Astorga