Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Preparar los caminos del Señor

El Adviento es el tiempo de preparación para la lle­gada del Señor. Nuestro Adviento de 2020 debe consistir en preparar la llegada del Señor a nuestros cora­zones y nuestra vida, dejar entrar al Señor en nosotros y en nuestra vida para que nos trasforme y nos prepare para recibirle cuando Él nos llame a rendirle cuentas de lo que hemos he­cho y vivido en nuestra vida aquí en la tierra.

Es este un Adviento en el que vi­vimos en medio de esta pandemia que asedia la humanidad entera, en la que muchos son contagiados del SARS-CoV-2 y lo superan y otros su­fren mucho los efectos del mismo y les causa la muerte. Muchas familias lloran a sus seres queridos y sufren cada día el dolor de la enfermedad suya o de los más próximos.

Es un Adviento que llama con es­pecial énfasis en la vida de cada uno de nosotros a preparar nuestra vida, porque el Señor puede llamarnos en cualquier momento a encontrarnos con Él y rendirle cuentas de nuestra vida.

Cristo nació hace 2020 años, pero quiere nacer en cada uno hoy para ofrecernos a todos la salvación, para que vivamos, sea lo que sea nuestra vida en esta tierra, con verdadera es­peranza de que el Señor es nuestro salvador, que Él nos da fuerza y es­peranza para vivir nuestra vida como una oportunidad, que tenemos que vivirla según su estilo, encarnando en nosotros el estilo de vida de Jesús, siendo en medio de nuestro mundo misioneros de la misericordia, del amor y de la paz, de la esperanza, siendo testigos suyos en medio de este mundo y esta sociedad que, tan­tas veces, y en la que tantas personas prescinden de Él y viven al margen de la salvación que él nos ofrece para que encontremos sentido a nuestra vida, e incluso a nuestra muerte.

Preparar los caminos del Señor es quitar todos los obstáculos que po­damos tener en nuestra vida y que impidan o dificulten que Cristo y su salvación se hagan realidad en noso­tros. Se trata de allanar todo cuanto dificulte en nosotros la acogida al Se­ñor porque nos falta algo importante en nuestra vida que nos prepare a aceptarle a Él y su salvación, o nos sobran actitudes negativas persona­les que nos lo impiden.

El Adviento es tiempo de conver­sión, de identificación nuestra con Cristo, asumiendo y viviendo cuanto Él nos pide para ser buenos segui­dores suyos y que otros, a través de nuestro testimonio, puedan seguirle también y ser, a su vez, testimonio que ayude a otros a recibir también a Cristo y ser sus discípulos.

El Señor, en este tiempo de pan­demia, de miedos y de desánimos, quiere que sintamos su presencia en nuestra vida, sintiendo su interés por nosotros, y haciendo renacer la espe­ranza de que el Señor camina a nues­tro lado y quiere que le dejemos que nos acompañe, ayudándonos a en­contrar sentido y esperanza a nuestra vida de cada día, a nuestras luchas y a nuestras flaquezas.

Preparar los caminos del Señor en este Adviento nos hace descubrir y vivir lo vulnera­bles que somos, cuánto ne­cesitamos que el Señor venga a nosotros y que nosotros le dejemos entrar en nues­tra vida.

Preparar los caminos del Señor, es aceptarle a Él en nuestra vida y en nuestra forma de vivir, es quitar todo lo que nos sobra de pecado y de se­paración de Dios y de los hermanos y poner todo cuanto nos falta de amor a Él y a los hermanos. Así nos estare­mos preparando para su última veni­da, para que el día que nos llame, nos encuentre con las velas de la fe y de la esperanza bien encendidas y con las alforjas de nuestra vida cargadas de buenas obras.

Vivamos este Adviento llenos de fe y de esperanza en el Señor, por­que, como a aquellos discípulos de Emaús, nos acompaña y quiere ex­plicarnos el camino de la salvación, porque Él es «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). Él es «la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12-13).

+ Gerardo Melgar

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.