Carta pastoral de Mons. César Franco: La Inmaculada Concepción y Día del Seminario

Con motivo de la pandemia, la Iglesia no pudo celebrar el 19 de marzo el Día del Seminario. Se trasladó al 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Todo quedó en casa, porque del patriarca de la Iglesia universal pasó a manos de María, Madre de la Iglesia. El seminario no puede estar en mejores manos ni bajo mejores protectores. María y José dedicaron su vida a criar, educar y proteger al Hijo de Dios. Es natural que la Iglesia les confíe también la tarea de cuidar y educar a quienes un día recibirán el carisma de representar a Jesús, sacerdote eterno.

¿Es posible representar a Jesús? ¿No es una pretensión inalcanzable? Naturalmente que es posible, pero no por invento de la teología ni por decreto de la mal llamada Iglesia-institución, sino por voluntad expresa y directa de Jesucristo. Él eligió de entre todos sus discípulos a Doce, a quienes constituyó apóstoles, es decir, enviados. Los educó personalmente conviviendo con ellos estrechamente en una comunidad itinerante, donde todo lo hacían en común. Jesús, enseñaba, corregía, alentaba, enviaba a predicar; y después comentaba con ellos sus experiencias. La sobriedad de los Evangelios no impide percibir este modo de preparar a los Doce hasta el momento de recibir del mismo Cristo la autoridad para representarlo como mediadores de su salvación. La teología ha recogido esta misión con una fórmula clara que no deja ninguna duda sobre la voluntad de Cristo: los apóstoles y quienes continúan su misión como obispos y sacerdotes actúan «en la persona de Cristo Cabeza». Jesús, en la Última Cena, lo dijo de manera inconfundible: «Haced esto en mi memoria». Se trata de hacer lo que hizo Jesús, que en la última cena funda la nueva alianza en su cuerpo y en su sangre y hace posible una relación indestructible entre Dios y los hombres, en la que sus sacerdotes harán visible su persona hasta el fin de los tiempos.

El seminario es el lugar donde los que se sienten llamados por Cristo van conformando su vida con la suya. Si la Iglesia los acepta como idóneos, llegará un día en que, mediante el sacramento del orden, serán «otros cristos», enviados al mundo con la misión del Hijo de Dios: evangelizar, celebrar la Eucaristía, perdonar los pecados, edificar la Iglesia, sanar, cuidar de los pobres y guiar al Pueblo de Dios. Los cristianos, y las diócesis en general, no pueden permanecer indiferentes ante el seminario, porque sería permanecer indiferentes ante Cristo. Como si no nos importara su salvación, su palabra, sus sacramentos, su presencia en medio del pueblo. Tal indiferencia indicaría que damos por vano lo que Cristo hizo al elegir y constituir a los Doce. Una diócesis viva cuida su seminario, ora por las vocaciones, trabaja para que la misión del sacerdote se presente a niños y jóvenes, cuando se plantean su vocación. A pesar de sus fragilidades, el sacerdote representa a Cristo y toda la Iglesia debe trabajar para que nunca falten los sacerdotes que necesitamos, no a cualquier precio, puesto que el hombre ha sido rescatado por la sangre de Cristo. No queremos vocaciones a cualquier precio, porque la vida de los hombres no se pone a subasta, ni es objeto de mercado. Queremos vocaciones auténticas, que se conformen al estilo de vida de Cristo, que aspiren a la santidad y que se entreguen plenamente al servicio de los hombres. Vocaciones como las de María y de José, que, sin ser sacerdotes ordenados, se conformaron a Cristo y tuvieron la dicha de educar a quien se sometió a ellos con obediencia y fue creciendo en edad, sabiduría y gracia ante Dios y los hombres. Quiera Dios que crezcan así nuestros seminaristas para el bien de la Iglesia y del mundo.

+ César Franco

Obispo de Segovia

 

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).