Carta pastoral del Cardenal Antonio Cañizares: Día de duelo, Ley Celaá

Duelo, porque la ley nace muerta, y la muerte no genera vida, ni proyectos de vivir y de futuro, ni esperanza para sobrevivir y avanzar, progresar, como cabría pedir y exigir, reclamar y esperar de una nueva legislación educativa, o de una legislación para una reforma educativa; nace muerta porque no ha habido diálogo, sino exclusión y rechazo, y así no nace del pacto social y educativo que cabría esperar en democracia. La propuesta legislativa del Gobierno social comunista de Sánchez e Iglesias, ha sido aprobada por el Congreso de Diputados con la mayoría de un solo voto en su favor y con el apoyo, entre otros, de Bildu, en cuya memoria hay muerte, violencia, distorsión, destrucción, privación de libertad y odio, lo más contrario a la educación y a nuestra Constitución de la Concordia. Y ha sido aprobada, además, con el apoyo total de los parlamentarios del otrora PSOE, que se ha desdicho de sí mismo votando en contra de las leyes orgánicas de educación propugnadas por él mismo desde el 1982, negando lo que ha defendido y hecho durante años, perdiendo así su memoria y ahondando en el soporte del relativismo, que renuncia a la honradez porque no tiene principios, ese relativismo que es un auténtico tumor maligno que corroe la sociedad vertebrada, régimen legítimo establecido en democracia, que algunos tratan de destruir, como se ha dicho muy recientemente pero que ya viene de lejos.

Día de duelo porque con esa propuesta de ley aprobada en la sede del Congreso de Diputados la educación, la educación integral que nos manda conservar, promover y llevar a cabo el mandato constitucional, ha muerto, como ha muerto también la libertad o, al menos, se intenta aniquilarla, debilitarla, herirla. Esta propuesta no hará jamás lo que debe hacer la institución escolar de la sociedad, prolongando la tarea generadora de nueva vida de los padres, esto es: desarrollar la persona y personalidad humana y el bien común haciendo hombres libres, conscientes, críticos y creadores capaces de responder a las grandes cuestiones que el hombre y la sociedad se plantean ante la vida, la muerte, el futuro, el más allá.

Día de duelo, porque esa propuesta pone en entredicho libertades fundamentales como la de elegir por padres y alumnos el tipo de educación que desean libremente conforme a sus convicciones religiosas y morales, o como la libertad de cátedra de profesores en el ejercicio de la docencia siempre que no dañe o impida la de padres y alumnos, libertad para crear y dirigir centros por parte de personas e instituciones que tienen que ver con el ámbito educativo, y libertad para ser educados en libertad sin imposiciones partidistas doctrinarias que la impidan.

Día de duelo porque con esta Ley son marginados sectores muy vulnerables de la sociedad, como son discapacitados o necesitados de educación especial en instituciones propias para ellos; con esta ley se va a ver con mayores dificultades la integración en colegios de sectores marginales o marginados como los provenientes de migraciones, o de diferentes etnias.

Día de duelo por no considerar la lengua de todos españoles, como lengua vehicular en todos los centros para la tarea educativa y de aprendizaje para vivir y convivir en una Nación. Y me pregunto aún más, ¿va ser capaz de aunar para edificar juntos, en unidad, la sociedad de la concordia y de la paz, la sociedad del futuro cuando nace y se aprueba en un contexto de “guerra escolar”, como en el que nos encontramos, o de memoria de un pasado traumático? ¿Y se va a permitir como se debe una consideración integral de la persona ofreciendo y propiciando una educación religiosa confesional, conforme con lo que exige esta materia por naturaleza propia y exigencias escolares?

Estamos ante una “emergencia educativa”, expresión acertada y definitoria de la situación y problemática escolar actual que va más allá de la constitucionalidad de la Ley, hay que ir al fondo de la cuestión escolar entre nosotros y en todo el ámbito occidental y europeo. No es cuestión de esgrimir razones jurídicas de inconstitucionalidad de la Ley –que seguramente las hay–. Hay jurisprudencia del Tribunal Constitucional sobre la enseñanza de la religión, sobre la concertada, sobre la enseñanza libre de iniciativa social, sobre enseñanza privada, sobre la programación, sobre el concierto de centros docentes con segregación de sexos, diferenciada, y sobre la libertad de enseñanza (Art, 27 y 27. 6 CE). No es cuestión de jurisprudencia constitucional, pues es clara incluso hasta en sentencias muy recientes como la STC 31/2018. No es cuestión de legislación. No respetan ni la Constitución, ni los Tratados internacionales, ni los Acuerdos Iglesia-Estado, que también son Tratados internacionales. Ellos, el Gobierno actual, saben a priori que la Ley será tachada de inconstitucional, pero entre tanto dan pábulo a las huestes de Podemos y Nacionalistas para conseguir sus objetivos de aprobar los Presupuestos y demás. La aprobación de esta Ley en que se juega la suerte, el futuro, del hombre y de la sociedad y del bien común tiene como precio, las lentejas de la economía, de los Presupuestos. Y esto sí que duele y es causa de día de duelo.

La cuestión ahora es decidir qué medidas deben adoptarse ante esta situación para no vender la persona, el bien común, la libertad, la educación integral que incluye en su gramática propia la dimensión religiosa de la persona, que hay que atender y propiciar.

Por supuesto lo primero es tender la mano y buscar en común, en diálogo sincero, transparente, verdadero y constructivo respuestas que superen la situación y buscar entre todos salidas y soluciones a la emergencia educativa que vivimos, y hallar juntos caminos que superen las deficiencias de esta Ley y la mejoren sustancialmente. Este camino pasa por exigir y presionar exigiendo hasta el límite de lo tolerable lo que corresponde como exigencias no renunciables de alumnos, padres, profesores, instituciones educativas, incluida la Iglesia. Pedir y reclamar de fuerzas políticas y sociales, medios de comunicación social, empresarios y sindicatos, asociaciones, los apoyos necesarios y legítimos tendentes a este fin. Habrá que informar objetivamente, con verdad, la realidad, y hemos de hacer llegar esta información verdadera a los no convencidos, a todos los españoles, que están mal informados. Y por encima de todo, ser nosotros y nuestros centros los que primeros y más fielmente cumplan las exigencias que pedimos a la Ley. Ofrecer a toda la sociedad una alternativa para la enseñanza en nuestro tiempo válida tanto para la escuela de iniciativa social libre y confesional concertada o no como para la escuela de iniciativa estatal o pública, o la de iniciativa social libre concertada no confesional o la estrictamente privada: Una alternativa de educación válida para todos, y así, entre todos, edificar una humanidad y sociedad nueva con hombres y mujeres nuevos y renovados a la luz de su verdad. Hay que luchar insistentemente, sin bajar la guardia, hasta conseguirlo, con esperanza, porque educar siempre debe abrir a la esperanza, y con ese ánimo, estoy y estamos…

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014