Carta pastoral de Mons. Julián López: ¡Ven, Señor Jesús!

Queridos diocesanos:

Mi última carta pastoral que se publica en “Iglesia en León” no quiere tener la nota propia de las despedidas, aunque lo parezca. Digo esto plenamente consciente de que en nuestra vida se pone punto final a muchas realidades -entre ellas también la misión y el ejercicio del ministerio sacerdotal- hasta que llegue el momento en que ese punto final sea efectivamente el definitivo de nuestra existencia terrena. Pero, como sabéis, más allá de la misión concreta confiada -en mi caso unida al episcopado ahora en calidad de “administrador”– está el acontecimiento real de lo que conocemos como la “sucesión apostólica” que, viniendo del pasado porque tiene su origen en el mandato misionero del Señor antes de subir a los cielos, se proyecta en el presente y se orienta hacia el futuro en virtud de la promesa de nuestro Redentor de permanecer con los discípulos “hasta el final de los tiempos” (Mt 28,20).

Los hombres, la humanidad, pasamos. Los acontecimientos grandes o pequeños, significativos o insignificantes, son también “un ayer que pasó, una vela nocturna” (Sal 89,4). Solo permanece el que es “el Primero y el Último”, el Señor de la historia y cabeza de la nueva humanidad, el que vive y reina para siempre, afortunadamente para nosotros (cf. Ap 1,17-18). Esta realidad, a primera vista estremecedora, contiene sin embargo una fuerte nota de esperanza y de optimismo cristiano. Aunque no podemos eludir la responsabilidad personal de nuestros actos y especialmente de la orientación global de nuestra vida, nuestro espíritu se abre y dilata gracias a la esa confianza que Dios, por obra del Espíritu Santo, ha sembrado en nuestros corazones al mismo tiempo que la fe y el amor (cf. Rom 5,5).

Como sabéis, en principio, cada persona es libre de elegir cómo pasar su existencia terrena. Los que, sintiéndonos un día llamados por el Señor, optamos por seguirle en el ministerio sacerdotal o en la vida religiosa fiándonos de su palabra y con el oportuno y a veces dilatado discernimiento en los años de la juventud, podemos considerarnos afortunados y dichosos. No quiero decir, mejores que los demás fieles cristianos. En el fondo se trataba de seguir los caminos percibidos más o menos claramente con ayuda de la oración y del consejo de personas que nos querían bien. En mi caso, primeramente mis padres que nunca me presionaron y supieron acompañarme con su testimonio y, sin duda, sus oraciones. Y con ellos algunos sacerdotes a los que siempre recuerdo con gratitud.

Mi padre solía decir: “Yo le pedí a Dios un hijo cura y me dio un obispo”. Así se puede resumir mi historia personal y pastoral, mirada ciertamente desde la fe aunque no exenta de responsabilidad. Puedo decir que he recibido de Dios, de la Iglesia y de los hombres inmensamente más de lo que he dado. A pesar de mis fallos, todo es gracia (divina) y misericordia, también humana. Mi gratitud se extiende, además de a mis padres, a mis maestros y formadores, a las curias diocesanas, los presbiterios y fieles cristianos de Zamora, Ciudad Rodrigo y León, a la Vida Consagrada, al Apostolado Seglar y laicado. Y, con especial cariño, a los feligreses de las parroquias de Otero de Sariegos, Villarrín de Campos y parroquia de Cristo Rey (Zamora).

Con la ayuda del Señor quiero ser fiel hasta el final. Seguro de que cuento también con vuestra comprensión, oración, benevolencia y perdón en lo que sea necesario. Gracias, muchas gracias. Que el Señor os guarde y bendiga siempre. Con todo mi afecto:

+Julián, Administrador Apostólico de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella