Carta pastoral de Mons. Celso Morga: Estrenamos el tiempo de la esperanza

Queridos fieles:

Entramos en el tiempo de la esperanza; entramos en el tiempo del Adviento; entramos en el tiempo de la vigilancia. En efecto, en este primer domingo, el Señor nos exhorta: “Estad atentos. ¡Velad!” (Mc 13,33) y nos presenta la simpática figura del portero. El papel del portero es importante porque si él se duerme o se despista, pueden entrar ladrones en la casa o volver el propio señor y no enterarse de ello. San Agustín, explicando este evangelio a sus cristianos de Hipona, les decía: “Vela con el corazón, vela con la fe, con la caridad, con las buenas obras” (Sermón, 93). Velar, por tanto, para nosotros, los cristianos, significa querer a los demás; mirar a todos con cariño y comprensión, sobre todo a los que más lo necesiten; detectar prontamente las necesidades de los que nos rodean, reconocer en el prójimo al Señor que ya llega y no quiere encontrarnos desprevenidos.

El papa Francisco lo explicaba así: “la persona que está atenta, vigilante es la que, en el ruido del mundo, no se deja llevar por la distracción o la superficialidad, sino que vive de modo pleno y consciente, con una preocupación dirigida en primer lugar a los demás. Con esta aptitud nos damos cuenta de las lágrimas y las necesidades del prójimo, y podemos percibir también sus capacidades y cualidades humanas y espirituales” (Ángelus, 3 de diciembre de 2017). Sabe también mirar al mundo con realismo y descubrir lo feo y lo malo, pero también lo bello y lo bueno que nos rodea.

Lo contrario de esta disposición hacia los demás es la negligencia, la despreocupación, el mal sueño del
egoísmo.

Dormirse significa centrarse en el propio yo y sus caprichos y despreocuparse de los demás. Eso significa no vigilar. En cambio, concluía el papa Francisco en el Ángelus citado, “la persona vigilante es la que acoge la invitación a no dejarse abrumar por el sueño del desánimo, la falta de esperanza, la desilusión”. La advertencia de Jesús a la vigilancia es una llamada a un ejercicio habitual de la caridad con los demás, como preparación eficaz para su llegada. Conscientes de que Jesús no llegará como un juez severo, que nos quiere castigar sino que vino al mundo como un Niño indefenso y pobre en brazos de su Madre, María, y de san José.

+ Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
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Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.