Carta pastoral de Mons. Josep Àngel Saiz Meneses: Comienza un nuevo Adviento

Hace unos días leí un artículo titulado «mercadillos navideños europeos 2020 y la nueva normalidad», una reseña de los mejores mercadillos de Navidad de Europa, que contiene sus fechas y las medidas sanitarias adoptadas por cada uno de cara a las fiestas que se acercan. Uno de ellos, el mercadillo «Adviento en Zagreb» ha sido votado como “Mejor mercado navideño de Europa” por los usuarios de European Best Destinations. En otro orden de cosas, según los medios de comunicación, nuestros políticos consideran que es muy arriesgado hacer previsiones para Navidad dada la situación, aunque el ministro de Sanidad ha asegurado que el plan de vacunación contra el Covid-19 empezará en enero de 2021.

Este es el marco social en el que comenzamos hoy un nuevo Adviento, un tiempo litúrgico que nos invita a prepararnos para recibir al Señor que viene. Venir es hacerse presente y nuestra actitud ha de ser la de hacer una parada en el camino, un tiempo de reflexión para poder captar su presencia. La seguridad de su presencia nos ayuda a ver de otra manera la vida, las pequeñas y grandes cosas que la conforman, el mundo entero. Es una invitación a comprender que podemos descubrir a Dios en los acontecimientos de cada día, en los que nos habla, en los que descubrimos su amor, en los que nos da la luz y la fuerza necesaria para seguir adelante. El tiempo de Adviento es en definitiva una  invitación a descubrir al Señor, presente en nuestra vida.

Adviento es tiempo de esperanza, y nos ayuda a entender la historia y todos sus avatares como momentos de gracia, de salvación, si estamos atentos al paso de Dios y abrimos el corazón a su acción salvadora. El evangelio de hoy nos exhorta a estar atentos a la venida de Cristo, a su paso por nuestra vida. Estar atentos significa seguirlo con todas las consecuencias, sin dejarse derrotar por los imprevistos de la vida o por los problemas inevitables en el día a día. Las dificultades del momento presente y las que nos esperan en el futuro inmediato nos pueden abocar a la desesperanza. Pero el ser humano necesita esperanza para vivir. Para el cristiano la esperanza se sostiene en la seguridad de que el Señor está presente a lo largo de la vida, en todo momento,  acompañando siempre, y en que llegará un día que le podremos ver cara a cara.

Es verdad que vivimos tiempos de impaciencia, en que lo queremos todo y enseguida. Al sujeto posmoderno se le hace muy difícil, pues, el arte de esperar. Cuando el tiempo está vacío de sentido, la espera se hace insoportable, y cuando la vida es como un caparazón hueco de contenido, la espera se convierte en un peso demasiado grande. De ahí la falta de paciencia consigo mismo y con los demás en las relaciones humanas; de ahí la impaciencia a la hora de solucionar las contrariedades; de ahí la incapacidad para resolver los problemas; de ahí el desánimo fácil y la falta de perseverancia en los buenos propósitos. En cambio, cuando el tiempo, las circunstancias y el mismo dolor,  están cargados de sentido, la existencia entera se llena de luz y renace la esperanza, y vuelve la alegría.

Comienza un nuevo Adviento. No vivimos ajenos a la realidad ni estamos instalados en la ingenuidad o el buenismo acrítico. Somos realistas, pero realistas esperanzados, somos peregrinos que se comprometen con las causas nobles que encuentran en el camino. Vivamos intensamente el presente, en que comenzamos a recibir  los dones del Señor, y pongamos la mirada en un futuro lleno de esperanza.  Que la Virgen María nos ayude, pues, a vivir este tiempo con una actitud de esperanza activa.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa.

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.