Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Estad vigilantes y preparados

Las personas nos acos­tumbramos a lo que nos va ofreciendo la vida y necesitamos que algo o alguien nos recuerde lo fundamental de la misma, porque la costumbre lleva a olvidar la fuerza y el frescor de lo esencial en ella.

También los cristianos nos lle­gamos a acostumbrar a determina­das formas de vida que hemos oído y vivido muchas veces, pero que el trascurrir del tiempo les puede qui­tar viveza y frescura. Necesitamos también acontecimientos, tiempos li­túrgicos que nos recuerden determi­nadas actitudes que debemos vivir y que el paso del tiempo ha quitado fuerza en nosotros.

El Adviento nos recuerda y nos plantea una actitud fundamental: la vigilancia porque Cristo viene y te­nemos que estar preparados.

El Adviento significa tiempo de preparación espiritual para la venida de Cristo en un triple sentido:

a) Nos recuerda el significado de la primera venida de Cristo. Él se en­carna y acampa entre nosotros para ofrecernos su salvación. El Adviento, en este primer sentido, debe llevar­nos a estar vigilantes para vivir en nuestra vida de cada día como salva­dos y, por lo mismo, revisar en noso­tros cómo estamos viviendo el estilo que Cristo quiere que vivamos; como alguien que ya ha sido salvado por su encarnación, muerte y resurrec­ción, preguntándonos en qué medida estamos vigilantes y bien despiertos para que no se nos cuelen en nuestra vida otros tipos de salvación, que no es la que nos ofrece el Señor, sino los tipos de salvación que nos ofrece el mundo.

b) Nos urge a preparar la venida actual del Señor a cada uno de no­sotros. Cristo quiere encarnarse en nuestra vida personal, y pide de no­sotros que le abramos el corazón y la vida para entrar en ellos y poder transformarnos en nuevas criaturas, en personas para quien Dios tenga realmente el puesto importante que debe corresponderle como salvador nuestro que es.

En este sentido, la llamada que nos hace el Adviento es a que este­mos bien despiertos a las llamadas que Dios nos hace cada día para res­ponderle con generosidad y ser, en la vida de cada día, y siempre, unos verdaderos discípulos y seguidores de Cristo y su mensaje y ver si, en nuestro estilo de vida, estamos res­pondiendo con generosidad a lo que Cristo nos va pidiendo, o estamos dejando que otras llamadas, contra­rias a las del Señor, tomen posesión de nuestra vida, porque las seguimos con más facilidad que las de Jesús.

c) La vigilancia a la que nos llama continuamente este tiempo de Ad­viento es vigilancia orante para estar bien preparados para la venida de Cristo en gloria, que no sabemos ni el día ni la hora, pero sabemos que un día vendrá con poder, y nos pe­dirá cuentas de cómo hemos vivido nuestra vida y el mensaje que Él nos dejó y que ha actualizado con sus llamadas a través de toda nues­tra vida.

Estar en vela, vigi­lantes y bien despiertos, para que, cuando el Señor nos llame definitiva­mente, después de esta vida, nos en­cuentre cumpliendo con las exigen­cias de los seguidores suyos, como el amigo que está al lado del amigo en­fermo dándole todo lo que le pida, o la madre que se pasa la noche entre­gando todo su amor al hijo enfermo.

Se trata de estar en vela para vivir realmente este triple significado del Adviento, pero no es un estar en vela inactivo, sino lleno de buenas obras, de auténticas actitudes cristianas, lo mismo que la madre gestante va pre­parando todo lo necesario para re­cibir con todo lo que necesite el hijo que espera.

Nuestra espera en el Adviento tie­ne que ser también una espera fecun­da, preocupándonos de dejar actuar al espíritu y, a la vez, comprometién­donos nosotros en hacer realidad sus inspiraciones, para que cuando el Se­ñor vuelva y nos llame nos encuentre con las velas encendidas, haciendo todo lo que Él nos encargó y no olvi­dándonos nunca de su voluntad.

Aprendamos de María a espe­rar a Jesús, llenos de fe, con alegría y haciendo realidad, como ella, su respuesta al ángel y a la voluntad de Dios en todo momento: «Hágase en mí según tu palabra».

+ Gerardo Melgar

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.