Carta pastoral de Mons. Sebastià Taltavull: Un indescriptible misterio de amor

Celebrando el Día de la Catequesis y profundizando en la fiesta de Jesucristo Rey, estamos ante una forma muy original de «reinar». Nos fijamos en Jesucristo: ¿por qué Rey de todo el mundo? Un título aplicado a su persona y de alcance universal. Su historia no es una historia junto a tantas otras; es única y lo comprende todo. Su acción salvífica invade todos los rincones de la creación, desde los seres más perfectos hasta las partículas más ínfimas. Nada se escapa de su presencia, su reinado no tiene fin. Un Reino que reúne en Jesucristo todas las cualidades posibles: verdad y vida, santidad y gracia, justicia, amor y paz. He aquí el estilo, la novedad, el programa de este «Rey» extraño que ha ganado para todos una nueva y definitiva situación de vida plena y felicidad, no sentado en un trono de poder, sino clavado en una cruz, convirtiéndola en medio de salvación.

La contemplación de Jesucristo es la de un rostro para ser observado atentamente desde la fe, rostro de Hijo, rostro dolido, rostro de Resucitado, tal como nos lo describe bellamente san Juan Pablo II en su carta apostólica con ocasión del nuevo milenio, el que ya estamos viviendo. Nos introduce en un misterio indescriptible de amor, que es la clave para entender qué tipo de «Rey» y qué tipo de «Reino» se desvela y se da a conocer aquí. Nuestra misión como Iglesia será esta: la comunión con Dios y entre nosotros».

Por lo tanto, a nosotros nos corresponde verificar la presencia de este «Reino» del cual Jesús dice que «ya está entre nosotros». Un tema clave para la catequesis. Se trata de descubrir las semillas esparcidas por todas partes y proyectar nuestras personas a buscar y hacer el bien. La respuesta la tenemos en la parábola del Juicio Final, donde se nos pedirá cuentas de nuestro encuentro con Jesús a través del encuentro diversificado con nuestros hermanos, por pobres y pequeños que los veamos. Jesús se identifica plenamente con cada uno de ellos y espera que en ellos descubramos su presencia. Más claro no lo puede decir: «Todo aquello que hacíais a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hacíais» (Mt 25,40).

Somos invitados, pues, a tener cura de los más frágiles de la tierra. Así hacemos presente esta nueva manera de ser y de existir de Jesús que denominamos «Reino de Dios». La atención personal hacia todo el mundo y con preferencia hacia los más necesitados será su programa «pastoral» que no podemos eludir porque también es el nuestro. Es imprescindible el equilibrio entre nuestro «hacer» y nuestro «ser», puesto que solo de él proviene la identificación con Cristo que da sentido y fuerza a todo el compromiso cristiano y hace presente ahora y aquí su «reinado».

+ Sebastià Taltavull

Obispo de Mallorca