Carta Pastoral de Mons. César Franco: El reino de la verdad

El año litúrgico termina con la solemnidad de Cristo Rey. Es una forma hermosa de concluir el año contemplando a Cristo en su venida al fin de los tiempos para realizar el juicio sobre la verdad. En el Evangelio de hoy, Jesús no pregunta a las naciones si han creído en él, sino si han vivido la caridad, es decir la verdad que se hace activa. Porque la primera exigencia moral del hombre es vivir en la verdad, la que, como decía san Agustín, «habita en el hombre interior». El que vive en la verdad, sin engañarse a sí mismo, tarde o temprano encuentra a Dios, que es al mismo tiempo verdad y amor.

Cuando Poncio Pilato pregunta a Jesús si él es rey, Jesús lo confirma claramente. Pero, para evitar malentendidos, explica su realeza en estos términos: «Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz» (Jn 19,37). Jesús es rey en cuanto testigo de la verdad, que es accesible al hombre si la busca con empeño y rectitud. Al escuchar la palabra «verdad», Pilato no se detiene a dialogar con Jesús. Con indiferencia, escepticismo o desprecio, lanza una pregunta que no espera respuesta: «¿Qué es la verdad?».

También hoy mucha gente hace la misma pregunta con el mismo desinterés de Pilato. El escepticismo y el relativismo han minado los fundamentos del conocimiento humano en su ineludible vocación de buscar la verdad. La crisis de interioridad (Sciacca), el sociedad líquida (Bauman) y la estrategia de la «deconstrucción» aplicada a todos los ámbitos de la existencia humana y, en especial, del conocimiento, ha dejado al hombre al arbitrio de los poderes pragmáticos de este mundo —dinero, dominio, placer— y, en última instancia, de su propia libertad, entendida con frecuencia como autosatisfacción de sus instintos, apetencias y ambiciones. El hombre —hablo en general— ha renunciado a buscar la verdad, que es lo mismo que renunciar a la razón. Pilato es el prototipo del político pragmático que renuncia a sus convicciones —estaba convencido de la inocencia de Jesús— para claudicar ante quienes le acusan de no ser amigo del César. Con su actitud declara que no quiere conocer la verdad, de la que Jesús es testigo. Y lo condenó a muerte, cometiendo la más grave injusticia.

En el núcleo del desprecio a la verdad o, dicho de otra manera, en la instauración de la mentira anida la injusticia. Quien miente actúa con injusticia y, si es gobernante, conculca los derechos de su pueblo que sólo se sostienen sobre la verdad del hombre y de su inviolable dignidad. Cuando Jesús juzga a las naciones, como ya he dicho, no pregunta si creen o no en Dios, sino si han obrado con verdad socorriendo a sus hermanos más humildes, los pobres. Resulta llamativo que quienes lo han hecho no sabían que Jesús estaba en ellos. Tampoco sabía  Pilato que en el reo que tenía delante moraba Dios, pero tenía la obligación de defender su inocencia. El juicio de Dios se fundamenta, pues, en la inapelable tarea de servir a la verdad, porque quien esto hace, aunque no lo sepa, sirve a Dios. «Yo soy el camino, la verdad y la vida», dice Jesús. En su enseñanza, Jesús no impone nada. No quiere esclavos, sino hombres libres. Su juicio será sobre el ejercicio de esa libertad cuyo término es el bien, nunca el interés propio ni la satisfacción egoísta de sus deseos.

Dice Orígenes que «Cristo no vence al que no se quiere dejar vencer, Él vence sólo por convicción. Él es la Palabra de Dios». Ocurre lo mismo con la verdad. Nunca se impone, atrae a quienes le pertenecen, convence a quienes la buscan, brilla en quienes la sirven y, el final de la historia, deja al descubierto quiénes fueron verdaderamente libres.

+ César Franco

Obispo de Segovia

 

 

 

 

 

 

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).