Carta pastoral del Cardenal Antonio Cañizares: Confirmaciones, don del Espíritu Santo

Durante una Eucaristía, que siempre nos hace ser Iglesia, conferí hace días con gran alegría y esperanza, el sacramento de la Confirmación a varios queridos jóvenes. Con la acción, con la gracia del Espíritu Santo, Dios les ha introducido y hecho Iglesia a estos jóvenes por el sacramento del Bautismo, y ahora, por la Confirmación les consolida como Iglesia y les hace miembros adultos de la Iglesia. Jóvenes y familias, “somos Iglesia, somos lo que tú nos ayudas a ser, somos la gran familia contigo”. Con mucho gozo, y así lo digo en muchos lugares, en Valencia se ama a la Iglesia, se vive honda y gozosamente el sentir con la Iglesia, la comunión con la Iglesia. Una de las notas que, gracias a Dios, más caracterizan a Valencia es su viva y fuerte eclesialidad.

En ese mismo día celebramos el día de la Iglesia diocesana, donde subsiste la Iglesia entera, una, santa, católica y apostólica. Os vuelvo a invitar a todos, particularmente a los jóvenes que a lo largo de este curso recibiréis el sacramento de la Confirmación, a que avivéis el gozo de pertenecer a la Iglesia en nuestra diócesis de Valencia. En ella se mantiene viva y operante la presencia de Jesucristo, el “único Nombre en el que podemos ser salvos” (Hch 4, 12), esperanza y luz para todos los hombres, que se nos ofrece como gracia y bondad. Jesucristo no es sin la Iglesia, ni la Iglesia existe sin Cristo, su único fundamento. ¿Cómo no dar gracias a Dios por ella?¿Cómo no estar agradecidos a ella, si es por donde nos llega a los hombres el anuncio de la luz y de la paz, de la bondad y de la gracia, de la salvación y de la misericordia entrañable de Dios que se nos ha entregado enteramente en Jesucristo?

Los católicos valencianos estamos insertados en la Iglesia santa de Dios desde nuestra inserción en la Iglesia particular que peregrina en Valencia, y, a través de ella, vivimos en la comunidad católica y apostólica que es la única Iglesia de Jesucristo. La Iglesia, esparcida por toda la tierra, toma cuerpo y vida a través de las Iglesias particulares, es decir de las diócesis. Con la fuerza del Espíritu que recibís tantos jóvenes por el sacramento de la Confirmación, ayudad a nuestra querida y entrañable diócesis de Valencia. Vivid la comunión en ella y con ella. Ayudadla, colaborando en su obra evangelizadora y apostólica. Secundad su camino o itinerario de evangelización, su testimonio valiente del Evangelio, sin reticencias, y sin escatimar esfuerzos, como los mártires valencianos: es lo que el Espíritu Santo dice a su Iglesia que está en Valencia.

No escatiméis esfuerzos para colaborar en su misión. Dejaos renovar por el Espíritu para renovar nuestra diócesis, y que, purificada en cada uno de nosotros, sus miembros y sus hijos, aparezca transparente, sin arruga y sin mancha, limpia, vestida con la vestidura blanca de la fe y la caridad, del amor entre todos, del amor y solicitud para con los más pobres. Haced de ella, con el auxilio imprescindible de la gracia, el hogar de todos, donde nadie se encuentre o sienta extraño. Escuchad en ella y recibid de ella la Palabra de Dios, que es luz y vida para los hombres. Permaneced asiduos y fieles en la enseñanza de los apóstoles, en la oración, y en la fracción del pan; como en los primeros tiempos, tened un mismo pensar y un mismo sentir, permaneced unidos en la caridad con un solo corazón, unidos en la oración y en la participación de la Eucaristía. Ayudaos unos a otros; que de vuestros labios solo salgan palabras para la edificación de todos, la edificación en la unidad y en el amor, vínculo de la paz. Que se os note que sois Iglesia, porque ofrecéis el signo y la alegría de la unidad y de la fraternidad, del amor que sabe compartir y estar atento a las necesidades de los hermanos que sufren, que pasan necesidad, que necesitan consuelo, que reclaman nuestra ayuda. Y esto, no lo olvidéis, en los tiempos de pandemia en los que estamos, con tantas necesidades y heridas, sed buenos samaritanos que no pasan de largo ante pobrezas y marginaciones.

Sed generosos también con la Iglesia diocesana. Mantenedla en sus necesidades, que son las nuestras, porque todos somos hermanos. No escatiméis en vuestra ayuda económica para su sustento y para que pueda atender a tantas y tantas cosas necesarias para llevar a cabo su misión, sobre todo en su atención prioritaria e identitaria a los pobres. Diréis, pero “si no tenemos un euro, en ¿qué y con qué podemos ayudarla en su sustento para atender a tantas necesidades como tiene?”. Podéis ayudarla con vuestro testimonio, con vuestra oración, con vuestro tiempo, en la catequesis, con los Juniors, en las familias, en la multitud de acciones parroquiales y también con el poco dinero que tengáis, compartiendo, ayudando a las familias, a Cáritas en el voluntariado, acompañando a los que están solos o sienten la soledad, alegrando a los tristes…

Pedimos a Dios que, como en Pentecostés, derrame el Espíritu Santo sobre los jóvenes, que los mantenga firmes en la Fe de la Iglesia, que es nuestro mayor tesoro y nuestra mayor gloria; pidámosle que el Espíritu Santo la acreciente y vigorice todavía más para dar testimonio valiente del Evangelio, de que Dios es y es Amor de que no hay ningún otro, de que sólo Jesús tiene palabras de vida eterna y no podemos ir, ni iremos a ningún otro que no sea Él, porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida, que sólo en Él encontramos y tenemos la fuerza para la renovación de la humanidad, para apostar por la persona humana y el bien común, para trabajar por una sociedad verdaderamente nueva y justa donde Dios sea reconocido y amado, que es donde está el verdadero futuro, el cielo, la gloria, el consuelo, el auténtico cambio y transformación de nuestra historia, la paz verdadera, la verdadera revolución que no es efímera ni pasajera, sino duradera con la presencia anticipada de eternidad, de fraternidad y de paz.

Desde lo más hondo de mi alma invoco a Dios para que conceda a los jóvenes que van a ser confirmados, a las parroquias, a la diócesis, su ayuda y su gracia, rogándole que nos mantenga en una esperanza grande apoyados en Cristo, en medio de esta situación de pandemia. No hay motivos para la desesperanza o la angustia; no podemos tener miedos ni complejos porque esta es nuestra firme certeza, inconmovible certeza, de fe recia y sólida: Porque Jesucristo, Hijo de Dios, está con nosotros, presente en su Iglesia. Su palabra no falla: “cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Las puertas del infierno no podrán contra su Iglesia, contra nosotros. Su palabra se cumple, se viene cumpliendo a lo largo de más de veinte siglos, en medio de dificultades y sufrimientos de los hombres que comparte con los hombres. Pero estemos vigilantes, con las lámparas encendidas, no quedemos cruzados de brazos, no nos confiemos y bajemos la guardia; ¡cuidado, no caigamos! Esperemos vigilantes, con la tensión, la lámpara encendida de la fe, de la caridad y la esperanza, que se manifiesta y expresa en una vida de caridad que tiene dimensiones sociales, históricas y políticas con capacidad y vocación de incidir en nuestra sociedad, en la familia, en el mundo laboral y empresarial, en el barrio, en la cultura y la educación.

Que Dios, dador de todo bien, nos conceda sabiduría, luz e inteligencia, dones del Espíritu, para descubrir en todo cuál es su voluntad para seguirla, cuál es nuestra vocación, la de siempre y la de todos, que es la santidad, que se realiza en el mundo en las diferentes vocaciones concretas: al matrimonio, a la vida sacerdotal, a la vida consagrada, a la acción misionera, al laicado en la vida pública. Seguid esa vocación, acción del Espíritu, y seréis libres y felices, se anticipará el Reino de Dios en medio de nosotros, presente ya en la Iglesia a la que estamos llamados a servir, porque la Iglesia somos lo que tú nos ayudas a ser, y somos una gran familia contigo, como dice el eslogan para este día de la Iglesia diocesana, de la que somos parte activa.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014