Carta pastoral de Mons. Jesús Fernández: <>

(Diócesis de Astorga)

El domingo 15 de noviembre celebramos con toda la Iglesia la IV Jornada Mundial por los pobres que, con el lema “Tiende tu mano pobre”, nos invita a cargar con los más débiles y los más golpeados por esta crisis. En estos momentos en los que hay tantas pobrezas, la voz del Señor nos invita a ir a lo esencial y a superar las barreras de la indiferencia ante el “caído al costado del camino”.

Mirar a Dios y al hermano, contemplación y servicio, oración y solidaridad son inseparables. Por lo tanto, como dice el Papa Francisco en su Mensaje para esta Jornada, “para celebrar un culto que sea agradable al Señor, es necesario reconocer que toda persona, incluso la más indigente y despreciada, lleva impresa en sí la imagen de Dios”.

“El encuentro con una persona en situación de pobreza –sigue diciendo el Papa- siempre nos provoca e interroga” personal y comunitariamente, y no puede estar condicionado por “la disponibilidad de nuestro tiempo o por intereses personales, ni por proyectos pastorales o sociales desencarnados”. Nuestra Iglesia diocesana y cada una de sus comunidades parroquiales, movimientos y grupos eclesiales “está llamada a involucrarse en esta experiencia de compartir que no puede delegar en otros”. Ciertamente no tenemos soluciones a todos los problemas y dificultades de nuestra sociedad, pero el clamor de tantos pobres, “debe encontrar al Pueblo de Dios en primera línea para darles voz, defenderlos y solidarizarse con ellos”. Enfermos, ancianos, migrantes, personas sin hogar, familias vulnerables… esperan que nuestras manos les muestren con gestos concretos el rostro misericordioso de Dios.

Tender las manos es un signo evangélico de proximidad, solidaridad y amor. En este tiempo de pandemia hemos encontrado muchas manos dispuestas a dar apoyo y consuelo: manos para curar, para cuidar enfermos y mayores, manos para proporcionar servicios esenciales y seguridad, manos para bendecir y alentar, manos para acoger y acompañar a los que viven en la calle o no tienen para llegar a final de mes. Estos gestos dan sentido a la vida y nos ayudan a tomar conciencia de nuestra vulnerabilidad e interdependencia. Nos necesitamos. Todos somos responsables de todos.

Hemos de “sacar las manos de los bolsillos” y dejarnos conmover por la pobreza y el sufrimiento de tantos, sin olvidar que, para amar, necesitamos descubrir antes que hemos sido amados primero. Celebrar el amor de Dios es la antesala del compromiso caritativo y social.

Queridos diocesanos, os invito a vivir esta jornada con mirada atenta y compasiva, con corazón abierto y manos tendidas a los más débiles de nuestra sociedad. Se trata de tomar conciencia como comunidad cristiana de la importancia de realizar gestos concretos en favor de las personas más pobres y vulnerables, como forma de responder al mensaje del Evangelio. No es cuestión de   hacer algo «por» los pobres, sino «con» los pobres, favoreciendo el encuentro y el diálogo fraterno, para descubrir la fuerza salvífica contenida en ellos.

Que la Virgen Maria, Madre de los pobres, nos ayude a transformar la mano tendida en abrazo de comunión y en signo de una nueva fraternidad y amistad social. Recibid mi bendición.

+ Jesús Fernández,

Obispo de Astorga