Carta pastoral de Mons. Enrique Benavent: Solemnidad de Jesucristo Rey del universo

Los domingos del año litúrgico llegan a su fin con la solemnidad de Jesucristo Rey del universo. Después de haber celebrado los misterios de la salvación, nuestra mirada se dirige al futuro. El Reino de Dios, que comenzó en el mundo como una pequeña semilla en la persona, las palabras y las acciones del Señor, especialmente en su muerte y resurrección, llegará a su cumplimiento al final de la historia, cuando Cristo vuelva en gloria como Señor de toda la creación. En el tiempo entre su primera y su segunda venida, la misión de la Iglesia es ponerse al servicio de este Reino y ser, de este modo, su presencia en medio de la historia humana. La Iglesia no es un fin en sí misma; su meta es el Reino de Dios.

A lo largo de su vida pública el Señor evitó en todo momento que se identificara su Reino con los reinos de este mundo. De hecho, cuando después de la multiplicación de los panes la multitud lo buscaba para proclamarlo rey, Jesús “se retiró otra vez a la montaña él solo” (Jn 6, 15); y cuando le preguntan por su realeza con criterios humanos nunca responde afirmativamente. Los signos de su reinado no son el poder, la riqueza o la ostentación. Por ello, solo cuando humanamente parece haber fracasado en las aspiraciones mesiánicas, está a punto de ser condenado a muerte y ya no hay peligro de que le sigan por ambiciones humanas de poder es cuando afirma ante Poncio Pilato que es rey: “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” (Jn 18, 37). Jesús reconoce su realeza cuando está más identificado con los últimos de este mundo, con los condenados injustamente, con aquellos que han sido abandonados, con los más pobres: cuando nadie puede esperar de Él lo que se espera de los poderosos.

El texto evangélico que se proclama este domingo nos anuncia la buena noticia del juicio final, cuando el Señor hará justicia a todas las víctimas de las injusticias y llamará a entrar en su Reino a todos aquellos que le han reconocido y se han compadecido de Él en los hambrientos, los sedientos, los enfermos, los presos…: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40). Observemos que no dice “es como si me lo hubierais hecho a mí”. Su identificación con los últimos es total: “conmigo lo hicisteis”.

Estas palabras de Jesús sobre el desenlace de la historia nos indican que, si la Iglesia quiere ser sacramento del Reino de Dios, su camino no puede ser otro que el de Cristo: “La Iglesia no existe para buscar la gloria de este mundo, sino para predicar, también con el ejemplo, la humildad y la renuncia. Cristo fue enviado por el Padre a anunciar la buena noticia a los pobres… a salvar a los de corazón destrozado, a buscar y salvar lo que estaba perdido. También la Iglesia abraza con amor a todos los que sufren bajo el peso de la debilidad humana; más aún, descubre en los pobres y en los que sufren la imagen de su fundador pobre y sufriente, se preocupa de aliviar su miseria y busca servir a Cristo en ellos” (Vaticano II, Lumen Gentium 8).

No caigamos en la tentación de pensar que el Reino de Dios se construye con las armas de este mundo.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.