Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo i Artigas: “Tiende tu mano al pobre”

Este domingo es la IV Jornada mundial de los pobres, instituida por el papa Francisco.

El lema de este año es el título que encabeza estas líneas: “Tiende tu mano al pobre”. Es una cita de uno de los libros del Antiguo Testamento, concretamente del Sirácida (Jesús hijo de Sira), y que explícitamente dice: “Tiende la mano al pobre, para que Dios te bendiga plenamente”. El autor, un sabio de 200 años antes de Jesucristo, buscaba la sabiduría que hace mejores a los humanos y los capacita para vivir en profundidad los hechos de la vida.

Acoger la compañía de Cristo en nuestra vida cotidiana

En este escrito podemos descubrir un compendio de sugerencias sobre cómo actuar a la luz de la relación íntima con Dios creador, justo y providente con todos sus hijos. Además de esta referencia a Dios, también exige contemplar a la persona concreta, puesto que están en una relación muy estrecha. La plegaria a Dios y la solidaridad con los pobres y quienes sufren no se pueden separar. Para celebrar un culto agradable a Dios, es necesario reconocer que toda persona, incluso la más indigente y ninguneada, es un ser a imagen de Dios.

La pobreza tiene muchas caras y se vive en muchas situaciones. Y en cada una podemos encontrar a Jesús, el Señor, que nos reveló su presencia entre sus hermanos más débiles (Mt 25,40).

El encuentro con el pobre suscita interrogantes

El contacto con una persona en situación de pobreza siempre nos provoca o nos debería suscitar interrogantes. ¿Cómo podemos ayudar a eliminar o al menos a aliviar su marginación y sufrimiento? ¿Cómo podemos ayudarla en su pobreza espiritual? ¿Qué podemos hacer? Estas preguntas son importantes, y hace falta que la comunidad cristiana se las plantee, y que también, personalmente, lo haga cada fiel de esta comunidad.

El grito silencioso de tantos pobres tiene que resonar en el pueblo de Dios para que se les dé voz, se les defienda y nos solidaricemos con ellos.

Desde la Iglesia no tenemos soluciones generales que proponer, pero con la gracia de Cristo podemos ofrecer nuestro testimonio y gestos para compartir.

Tender la mano como signo de amor y de solidaridad

Tender la mano es un signo que recuerda la proximidad, la solidaridad, el amor. En estos meses, en que el mundo entero está abrumado por un virus que ha traído dolor, muerte, desconcierto, desaliento… ¡cuántas manos extendidas hemos podido ver! Médicos, enfermeras, servidores públicos, dependientes, curas, la de los voluntarios… Constatamos una larga letanía de buenas obras. La pandemia nos ha enseñado cómo reconocer a quien lo necesita en la necesidad. Primero, quizás nosotros mismos, y después los más pobres.

Durante este tiempo hemos madurado la exigencia de una nueva fraternidad, capaz de ayuda recíproca y aprecio mutuo.

Tender la mano al pobre es una invitación a la responsabilidad y un llamamiento a llevar las cargas de los más débiles

Hay manos extendidas que son cómplices de la pobreza: decretar la riqueza de minorías, cerrar medios de subsistencia a los pobres, acumular dinero con la venta de armas, leyes injustas…

No podemos ser felices hasta que las manos que siembran la muerte se transformen en instrumentos de justicia y de paz para el mundo entero.

Debemos tender nuestras manos para ofrecer reconocimiento, dignidad, ayuda, servicio… y lo que esté en nuestra mano.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.