Carta pastoral de Mons. Enrique Benavent: «Tiende tu mano al pobre» (Si 7,32)

Este lema constituye una invitación que encontramos en el libro del Eclesiástico y que Dios nos dirige a cada uno de nosotros. Con él celebramos la IV Jornada mundial de los pobres, una iniciativa del papa Francisco para que no pensemos que, como los pobres están i estarán siempre con nosotros (Cf. Jn 12, 8), podemos dejar de luchar contra la pobreza; para que no nos volvamos insensibles hacia las personas que viven en situación de marginación; y para que éstas sientan que la Iglesia es su casa y la comunidad cristiana su familia.

Para que esto sea realidad, los cristianos estamos llamados a cultivar ciertas actitudes. En primer lugar, debemos tener los ojos abiertos para ver las pobrezas que existen a nuestro alrededor. La más visible es la material, pero no olvidemos que no es la única. Frecuentemente detrás de la pobreza material se esconde una pobreza humana o carencias educativas y culturales. Quienes viven en esta situación difícilmente encuentran caminos para superarla. Pero hay también otras pobrezas: la soledad de quien no tiene amigos o es ignorado por la sociedad; la de aquellos que son marginados por sus creencias, ideas, religión, cultura o raza. Es más cómodo vivir como si todas estas formas de pobreza no existieran: “Mantener la mirada hacia el pobre es difícil, pero muy necesario para dar a nuestra vida personal y social la dirección correcta” (Mensaje del Papa, nº 3).

El compromiso con los pobres es el camino para construir un mundo más digno del ser humano: “la generosidad que sostiene al débil, consuela al afligido, alivia los sufrimientos, devuelve la dignidad a los privados de ella, es una condición para una vida plenamente humana” (nº 3). También es el signo de una religiosidad auténtica. Si la mirada creyente hacia Dios no nos lleva a acoger a los pobres, es inauténtica: “la oración a Dios y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables. Para celebrar un culto que sea agradable al Señor, es necesario reconocer que toda persona, incluso la más indigente y despreciada, lleva impresa en sí la imagen de Dios” (nº 2).

A los cristianos el encuentro con una persona en condición de pobreza debe provocarnos un interrogante: ¿cómo podemos ayudar a eliminar o al menos aliviar su marginación? Sabemos que no podemos solucionar todos los problemas del mundo, pero podemos sembrar esperanza con nuestros pequeños compromisos y con nuestros gestos. El gesto de tender la mano es un signo que muestra que la prisa no nos lleva a la indiferencia hacia los que sufren: “tender la mano es un signo: un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor” (nº 6). Pensemos, nos dice el Papa, en “la mano tendida del médico que se preocupa por el paciente… la de la enfermera o el enfermero que permanecen para cuidar a los enfermos, la del que trabaja en la administración y proporciona los medios para salvar el mayor número posible de vidas, (…) la del sacerdote que bendice con el corazón desgarrado, la del voluntario que socorre a los que viven en la calle…” (nº. 6). Que nuestras manos sean expresión del amor que hay en nuestro corazón.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
Acerca de Mons. Enrique Benavent Vidal 177 Articles
Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.