Carta pastoral de Mons. Alfonso Carrasco: Día de la Iglesia Diocesana 2020

Queridos diocesanos: la experiencia que hemos hecho en los tiempos más duros de esta pandemia de la COVID-19 nos ha permitido descubrir con claridad que no estábamos solos, incluso en nuestro aislamiento forzoso, que nos ayudábamos unos a otros a ser y a vivir en las dificultades de la nueva situación.

Alegrarse de esta ayuda sencilla, hecha de presencia, de conocimiento mutuo y apoyo cotidiano, de una palabra y una oración, de gestos de ayuda y de compañía, ha sido ocasión de descubrir lo más hondo: que nuestro ser, nuestra existencia, tiene fundamento sólido, se sostiene sobre el suelo firme de una unidad profunda, edificada por el Señor. “Somos lo que tú nos ayudas a ser”; lo decimos ante todo al Señor Jesús y, gracias a Él, a la comunión de los hermanos, en la que vivimos como cristianos.

Pudimos ver en este tiempo de pandemia que no está en nuestro poder darnos el ser y la vida, que una fuerza ciega de la naturaleza nos dejaba sin defensa en un momento. Y pudimos aprender mejor, sin embargo, que existimos gracias a Dios, que Él nos ayuda a ser, nos hace posible realizar el bien en la vida, ayudarnos como hermanos de una gran familia, que estemos ante la muerte con esperanza de victoria.

Ser persona es ser así, relación viva con Dios y con los hermanos. Somos una gran familia, con raíces en lo más hondo, habitada por la unidad y el amor más radical, y que llega de la tierra al cielo. No somos menos: esa es nuestra familia, siempre confiada en la voluntad del Padre, con Jesús como Señor de la casa. Aquí somos ayudados a ser y nos ayudamos unos a otros a ser. Lo hemos hecho en el confinamiento, y hemos de hacerlo todos los días, por el bien de nuestra vida, por el de nuestros seres queridos, por nuestra dignidad y destino personal y como sociedad.

Desde el inicio los cristianos hemos vivido así: tenían un solo corazón y una sola alma, dice san Lucas, perseveraban unánimes en la oración y en la doctrina de los apóstoles, ponían sus bienes en común, se ayudaban en las necesidades.

Alegrémonos de nuestra fe, de Dios nuestro Padre y de la victoria del Resucitado. Miremos con ojos de fe y agradecimiento a la particular Iglesia diocesana en que estamos, en la que somos ayudados y nos ayudamos a ser y a vivir.

La aportación de cada uno es un tesoro precioso, que enriquece a todos, que nunca se puede dar por descontado, que construye el ser juntos una gran familia: con una palabra o un gesto, con la generosidad de quien pone a disposición su tiempo o las propias cualidades, con apoyo y compañía en la discreción de lo cotidiano.

Así, en la cercanía, en la fe y la caridad, en el compartir y el ayudarse en las dificultades del alma y del cuerpo, somos Iglesia. En nuestra casa, en nuestra tierra, en Lugo, somos Iglesia diocesana. Dios nos guarde en ella, nos permita ser perseverantes, nos enseñe a amarla, a ayudarla y a ayudarnos a ser y a vivir. Y que en el seno de esta gran familia de la Iglesia lucense, Jesús sacramentado nos dé la gracia de la verdadera comunión, de permanecer siempre juntos, cada día y todos los días: SomosIglesia24Siete.

+ Alfonso Carrasco

Obispo de Lugo

Mons. Alfonso Carrasco Rouco
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Nació el 12 de octubre de 1956 en Vilalba (Lugo). Cursó la enseñanza secundaria en el Seminario de Mondoñedo y los estudios de Filosofía en la Pontificia Universidad de Salamanca (1973-1975). Después estudió Teología en Friburgo (Suiza), donde obtuvo la Licenciatura en 1980. Fue ordenado sacerdote el 8 de abril de 1985 en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. De 1980 a 1981 realiza labores de investigación en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich. De 1982-1987: Profesor asistente de la Cátedra de Moral Fundamental de la Universidad de Friburgo. Becario del “Fondo nacional suizo para la investigación” de la Universidad de Munich (1987-1988). En 1989 se doctora en Teología en la Universidad de Friburgo, con la tesis titulada: “Le primat de l’évêque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et cononique du primat de juridiction”. Entre los años 1989-1991 forma parte del equipo parroquial de Santa María de Cervo, encargado de seis parroquias, en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ejerce también como docente de la “Escuela Diocesana de Teología” . En 1992 se desplaza a Madrid como profesor agregado de Teología Sistemática del “Instituto Teológico San Dámaso”, convirtiéndose en catedrático en 1996. Este mismo año es nombrado consiliario del Centro de Madrid de la AcdP (Asociación Católica de Propagandistas). Desde 1994 a 2000 ejerce como director del “Instituto de Ciencias Religiosas” del Centro de estudios teológicos “San Dámaso” y vice-decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid desde 1998 a 2000. Decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid, desde 2000 a 2003. Durante los años 2001-2006 colabora regularmente en las Teleconferencias de la Congregación para el Clero para la formación permanente del clero (www.clerus.org). En 2004 actúa como relator de la Cuarta Ponencia (“Cómo vivir la comunión en la Iglesia”), y miembro nato de la Asamblea y de la Comisión central del Tercer Sínodo Diocesano de Madrid, clausurado el día 14 de mayo de 2005. Es miembro, además, de la Comisión Teológica Asesora de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española desde 1995; Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Española de Teología y del Consejo Asesor de Scripta Theologica, Communio Nuntium (edición en español) (1992-2005). Fue también, hasta su ordenación episcopal, profesor de Teología dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (desde 1996) y director del Departamento de Dogmática de la misma Facultad en 2006. Durante su estancia en Madrid colaboró pastoralmente en la Parroquia de “San Jorge, mártir de Córdoba”.