Carta pastoral de Mons. Sebastià Taltavull: Ante todo miedo, tenemos que contagiar esperanza

No podemos negar que uno de los miedos que más nos sitúan en la inseguridad en estos largos meses de pandemia que sufrimos es la que proviene del hecho de la muerte. Cada día nos llega su anuncio y su amenaza, la soledad que la rodea y la incapacidad de encontrar una salida. La vida queda desdibujada y la gente desconcertada cuando el avance de la propagación del virus está afectando de manera indiscriminada a todo tipo de personas, independientemente de su condición y sus circunstancias. Aun así, como siempre había sucedido y en un esfuerzo de investigación, muchos se plantean el sentido de su vida y se piden por la proyección definitiva más allá de la muerte.

Es en este contexto, cuando aparecen preguntas como esta: ¿Quién está realmente preparado para el momento decisivo? ¿Entendemos la muerte como parte de la vida? Reflexionándolo, se hace manifiesta una sed de Dios, expresada a través de muchas inquietudes y deseos, de decepciones e investigaciones. Una sed no siempre declarada conscientemente, pero sí experimentada en un corazón que es insaciable: sed de perfección, sed de amistad, sed de felicidad, sed de realización plena, sed de gratuidad, sed de plenitud, sed de Dios… ¿Como saciar tanta sed? Para responder, no hacen falta planteamientos extraordinarios, se trata de la vida de cada día, de una cosa tan cotidiana que, por el hecho de serlo, a menudo no le damos la importancia que tiene. En este tiempo de pandemia, es importante vivir el momento presente con serenidad y dando todo el valor a las pequeñas cosas y sentido a los acontecimientos tal y como se nos presentan.

Los cristianos sabemos que la respuesta la encontramos a la Palabra de Dios cuando se nos dice: «hermanos, no podéis desconocer qué será de los difuntos: no querríamos que os entristecierais, como lo hacen los otros, que no tienen esperanza». Lo que se nos ofrece es el consuelo de una promesa que no son palabras pronunciadas sin sentido, sino la proclamación de la Verdad más importante y fundamental del cristianismo, que se basa en un acontecimiento excepcional y único: ¡Cristo vive! ¡Cristo ha resucitado! Por eso, «tal como creemos que Jesucristo murió y resucitó, creemos también que Dios se llevará con Jesús quienes han muerto en él». Esta es la promesa que nos llena de esperanza y de consuelo. Estemos seguros: Dios cumple aquello que promete. Hace falta que le demos nuestra adhesión incondicional y confiada.

Nos tiene que quedar claro que «la esperanza no puede defraudar a nadie, después de que Dios, dándonos el Espíritu Santo, ha derramado en nuestros corazones su amor» (Rm 5,5).

+ Sebastià Taltavull

Obispo de Mallorca

Mons. Sebastià Taltavull Anglada
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Mons. D. Sebastià Taltavull nace en Ciutadella de Menorca (Baleares), el 28 de enero de 1948. Después de los primeros estudios en la Compañía de Maria y en el Colegio salesiano, el año 1959 ingresa en el Seminario diocesano de Menorca y cursa los estudios de Humanidades, Filosofía y Teología. El 23 de septiembre de 1972 recibe la ordenación sacerdotal en la Catedral de Menorca, después de cursar estudios en la Facultad de Teología de Cataluña y obtener la Licenciatura en Teología dogmática. CARGOS PASTORALES El mismo día de la ordenación sacerdotal es nombrado Director de la Casa diocesana de Espiritualidad de Monte-Toro (1972-1984) y Delegado diocesano de Juventud (1972-1989). Dos años después, Rector del Santuario Diocesano de la Virgen de Monte-Toro, Patrona de Menorca (1975-1984). Es elegido Secretario del primer Consejo Diocesano de Pastoral (1973-1977) y Secretario del Consejo del Presbiterio y Colegio de Consultores (1983-1989). Fue Consiliario del Movimiento de Jóvenes Cristianos, de grupos de Revisión de Vida del MUEC y de Escultismo entre 1977 y 1989. Recibe el encargo de Formador (1977-1984) y Profesor de Teología dogmática (1977-1994) del Seminario y del Instituto Diocesano de Teología. Fue Rector del Seminario Diocesano de 1995 a 2002. El año 1984 es nombrado Párroco de San Rafael de Ciutadella, cargo que ejerce hasta 1992, año en que es nombrado Consiliario del Centro Catequístico de San Miguel (1992-2005). El 23 de septiembre de 1989 es nombrado Vicario General de la Diócesis de Menorca y Moderador de la Curia, cargos que ejerce hasta el año 2002, año en que es nombrado Párroco de Ntra. Sra. del Rosario de la Catedral y de San Francisco de Asís de Ciutadella y elegido Deán-Presidente del Cabildo y Penitenciario de la Catedral (2002-2005). Le es asignada la tarea de Moderador de la Asamblea Diocesana de Menorca celebrada entre los años 1996-1998. Además de trabajar en el Secretariado Diocesano de Catequesis en los Departamentos de Catequesis de adolescentes y jóvenes (1973-1995) es nombrado Delegado Diocesano de Catequesis (1989-1995) y forma parte del Secretariado Interdiocesano de Catequesis de Cataluña y Baleares (SIC), dedicándose especialmente a la catequesis de adolescentes, jóvenes y catequesis familiar. Como Consiliario ha trabajado en los Equipos de Matrimonios de Nuestra Señora (1988-2005) y se ha dedicado a la preparación y formación de catequistas (1973-1998) y de los matrimonios-catequistas de grupos de Catequesis familiar (1998-2005). Para los años 2002-2005 fue nombrado Delegado Diocesano de Medios de Comunicación Social y para las Relaciones Institucionales. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Barcelona por Benedicto XVI el 28 de enero de 2009 y recibió la Ordenación episcopal el 21 de marzo de 2009. Es administrador apostólico de Mallorca desde el 8 de septiembre de 2016. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social y Pastoral Social. Anteriormente, fue miembro del Consejo Asesor de la Subcomisión de Catequesis y desde junio de 2005 Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Pastoral de la Conferencia Episcopal Española hasta su nombramiento como Obispo. Desde 2009 hasta 2011 fue miembro de dicha comisión. En 2011, fue elegido Presidente de dicha Comisión.