Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo i Artigas: Jornada de la Iglesia Diocesana. Responsables de una Iglesia servidora

Este domingo celebramos la Jornada de la Iglesia Diocesana. Recordamos, agradecemos y valoramos que formamos la Iglesia de Girona, y puesto que se trata de nuestra Iglesia debemos sentirnos responsables de ella. De aquí viene la expresión que define esta jornada: “Fraternidad, contigo somos una gran familia”.

Principalmente, hay que dar gracias a todos los fieles que ofrecen su vida, su tiempo, sus cualidades y recursos materiales para la misión de la Iglesia. Y también a otras personas que, sin considerarse fieles, contribuyen con su aportación a los servicios que ésta ofrece, porque entienden que son un bien para toda la sociedad.

Sin embargo, hay que ser conscientes de que nuestra misión como Iglesia requiere disponer de recursos y de medios económicos. Es cierto que “la equis” en la declaración de la renta representa un donativo importante para la economía diocesana, pero de ninguna manera es suficiente. Se necesita la colaboración económica de todos los fieles para retribuir a los presbíteros y a otras personas contratadas, para el mantenimiento habitual y la restauración de los templos – tenemos más de 700–, de las vicarías y otras dependencias necesarias para las actividades pastorales, para las propuestas de formación, para ofrecer los servicios que necesitan los niños, jóvenes y adultos. Por eso confiamos en las colectas de las celebraciones y en los donativos, pero también en la colecta especial de este domingo para el Fondo Común Diocesano.

Como Iglesia, tenemos la misión y el deber de que nuestra generación escuche la Buena Nueva de Jesús Salvador y la pueda celebrar, vivir, ofrecer y transformarla en ayudas, compañía, educación y respuesta a las diversas necesidades humanas. Es en nombre de este deber que me atrevo a confiar en vuestra generosidad.

En relación con el tópico de “las riquezas de la Iglesia”, hay que saber que el mantenimiento del patrimonio cultural –sobre todo de templos, obras de arte, archivos…–, y que está al servicio de todo el mundo, tiene un coste que supera a menudo nuestras posibilidades. Ricos en patrimonio cultural, pobres en recursos para mantenerlo.

Todos queremos nuestras parroquias, todos deseamos que estén en condiciones para las celebraciones habituales y para otros momentos gozosos o difíciles de la vida. Todos deseamos el servicio de los presbíteros y diáconos, que están a vuestro lado, multiplicando su esfuerzo.

Soy muy consciente del momento de crisis económica que vivimos, y del debilitamiento de los recursos económicos de muchas familias, por la pandemia de COVID. Aun así, estoy convencido de que la necesidad aumenta la generosidad, y no la debilita. Que cada cual dé lo que pueda, pero que lo haga con el convencimiento de que su aportación sirve para que la Iglesia contribuya a fundamentar una sociedad sobre los valores de la justicia, la dignidad humana y la conciencia social, y no sobre el enriquecimiento y la especulación a cualquier precio y sin ninguna consideración ética.

Debemos atender, en lo posible, las necesidades de las casi 400 parroquias del Obispado, muchas con escasos fieles y pocos recursos para mantenerse. La Iglesia es comunión en Cristo, comunión entre nosotros –los fieles– y también comunión de bienes. Y de ahí la necesidad del Fondo Común Diocesano; de ahí la necesidad de la contribución de las parroquias a estos fondos; por eso hacemos el esfuerzo que hacemos –os lo aseguro– para conseguir una gestión económica exigente, responsable, transparente y solidaria.

Conscientes de lo que Jesucristo nos ha dado y nos da por medio de nuestra Iglesia, ofrezcámosle nuestra colaboración.

¡Muchas gracias!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.