Año Jubilar de la Catedral de Burgos: «De la memoria del pasado al compromiso del presente»

La diócesis de Burgos ha dado comienzo al Año Jubilar por el VIII Centenario de la Catedral con la apertura de la Puerta Santa del Perdón, este sábado 7 de noviembre. En la eucaristía también se ha despedido al arzobispo, Mons. Fidel Herraéz Vegas.
Las campanas de todos los templos de la diócesis han comenzado a sonar a las 11 de esta mañana para dar la bienvenida al Año Jubilar de la Catedral de Burgos, que lleva por lema «Sois templo de Dios» y que se ha iniciado oficialmente con la solemne apertura de la Puerta Santa del Perdón por el administrador apostólico, Mons. Fidel Herráez Vegas.

A a celebración se han sumado los obispos de Osma-Soria, Mons. Abilio Martínez Varea; Pamplona, Mons. Francisco Pérez González, Palencia, Mons. Manuel Herrero Fernández, Vitoria, Mons. Juan Carlos Elizalde, el palentino Mons. Javier del Río, obispo de Tarija (Bolivia) y el obispo emérito de Jaén, Mons. Ramón del Hoyo López, así como los abades de Santo Domingo de Silos, Lorenzo Maté, y San Pedro de Cardeña, Roberto de la Iglesia. También han estado representados cada uno de los once arciprestazgos de la diócesis con las cruces de sus respectivos arciprestazgos, así como las distintas delegaciones de pastoral sectorial, además de los miembros del Cabildo Metropolitano.

Las restricciones de aforo debidas a la situación de emergencia sanitaria solo ha permitido la asistencia de 400 personas, incluidos celebrantes y músicos. Para garantizar que se cumpliesen las medidas de seguridad pertinentes, se han abierto todas las capillas del templo y se han habilitado pantallas gigantes en tres de ellas.

La apertura de la Puerta Santa del Perdón ha estado precedida por la lectura del Decreto del Año Jubilar concedido por el papa Francisco con motivo de la celebración del VIII Centenario de la colocación de la primera piedra de la Seo burgalesa. Seguidamente ha salido la procesión desde la Capilla del Santo Cristo hasta la puerta principal, un gesto que en estos tiempos de pandemia cobra un especial significado, dada la histórica devoción a esta imagen para la protección en tiempo de pandemias. Durante la procesión, el pueblo ha cantado las letanías de los santos para pedir su intercesión.

Llegados a la puerta principal, engalanada por la Asociación de Floristas y Jardineros de Burgos, el obispo ha cumplido con el rito de golpear tres veces la puerta con el asta del báculo para solicitar su apertura y atravesar el umbral portando el libro de los Evangelios. Ya en el altar mayor, y antes de comenzar la solemne eucaristía, se ha hecho memoria del bautismo, con la aspersión del agua bendita por el obispo a los concelebrantes, ministros y fieles.

«El Señor quiere ayudarnos, la respuesta está en nosotros»

En su homilía, Mons. Fidel Herráez, ha tenido muy presente la «desgarradora realidad del coronavirus» que vive todo el mundo, y ha recordado que muchos jubileos a lo largo de la historia se han celebrado también en condiciones extremadamente difíciles, como epidemias de peste. El año de gracia que supone este Jubileo «puede ser una oportunidad muy propicia para acogernos al Dios Creador y Salvador». «El Dios que nos creó acompaña nuestra vida. Depende de cada uno que nos encontremos más con Dios, con nosotros mismos, con los demás y con la sociedad».

Al hilo los pasajes bíblicos proclamados en la liturgia, el administrador apostólico ha recordado el lema de este Año Jubilar: «Sois templos de Dios». «Cada uno de nosotros somos templos vivos de Dios y su espíritu habita en nosotros. Somos piedras vivas a partir de nuestro bautismo. Y Cristo, la puerta que nos abre a la vida eterna». En su comentario sobre el evangelio, don Fidel ha subrayado que la vida de Zaqueo cambia «porque se encuentra tú a tú con Jesucristo». «Dios quiera que este Año Jubilar nos ayude a todos a que estemos abiertos a ser ayudados por Él, que pasemos de la memoria del pasado a un compromiso evangelizador y nos comprometamos a ser buenos hijos suyos, buenos hermanos entre nosotros y buenos ciudadanos, todo lo unidos que sea posible. El Señor quiere ayudarnos, la respuesta esta en nosotros».

La música del Jubileo

La parte musical de la eucaristía ha corrido a cargo de la Coral de Cámara Vadillos, en representación de la Federación Coral Burgalesa, y un grupo de la Orquesta Sinfónica de Burgos (JOSBU) bajo la batuta de Pedro Bartolomé Arce. El canónigo José Inocencio Fernández, organista de la Catedral, ha compuesto para esta ocasión una antífona, titulada Yo soy la puerta. En la eucaristía también se ha estrenado el himno del Año Jubilar, Mater Dei Santa Maria, en su versión para coro y órgano, compuesto por el burgalés Pedro María de la Iglesia, con letra de Donato Gómez Arce.

Gestos y símbolos de unidad

La ceremonia ha estado plagada de símbolos de unidad. Así, a los representantes de cada arciprestazgo se les ha entregado un candil que representa la luz que viajará a cada uno de los rincones de la diócesis para iluminar sus celebraciones durante este Año Jubilar y visibilizar así una misma comunidad de fieles. Además, se han distribuido entre los asistentes semillas de encina, con la finalidad de que sean plantadas y un día esos 800 árboles recuerden esta efeméride.

Por otra parte, la colecta de hoy se destinará al gesto solidario que la Diócesis ha promovido con motivo del Año Jubilar: crear un fondo económico que permita contribuir al fortalecimiento, formación y crecimiento de las Iglesias más jóvenes donde desarrollan su misión algunos misioneros burgaleses.

Despedida de don Fidel

La eucaristía ha servido también como despedida del que ha sido arzobispo de la diócesis durante los últimos cinco años, Mons. Fidel Herraéz. De él ha destacado el vicario general «su estilo sencillo que huele a evangelio». Fernando García Cadiñanos, que ha repasado algunos de los hitos del pastor diocesano durante un tiempo no largo pero sí «intenso y fructífero», ha subrayado que don Fidel ha hecho realidad los lemas de su escudo episcopal: «ha sabido ser fuente, generador de vida», y «abrir caminos de evangelización en una sociedad cada vez más secularizada» y «nos hemos sentido queridos y servidos». El vicario ha destacado en el itinerario de don Fidel el gran esfuerzo realizado por conocer cada rincón de la diócesis a través de la visita pastoral, la convocatoria de la Asamblea Diocesana y el impulso al VIII Centenario de la Catedral.

En sus palabras de despedida, don Fidel ha dado gracias, en primer lugar, a Dios, por haberle acompañado desde su niñez y por haberle encomendado esta «esposa eclesial». «Llegué a esta Iglesia Diocesana traído por el amor de Dios y el amor de los demás. Os seguiré queriendo desde el silencio y el anonimato, seguiré palpitando en el corazón de esta Iglesia Diocesana».

Tras agradecer a toda la comunidad diocesana y a la sociedad burgalesa haber compartido con él esta etapa, ha tenido un especial recuerdo por los más necesitados y las personas que están sufriendo por la pandemia. También ha aludido a su sucesor, Mons. Mario Icetaa quien nuevamente ha calificado como «un regalo maravilloso para esta Iglesia diocesana que peregrina en Burgos», como «también esta Iglesia diocesana es un inmenso regalo para don Mario Iceta».

(Archidiócesis de Burgos)

Agencia SIC
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