Desarrollo Humano Integral: 26° Boletín de la Sección Migrantes

Desarrollo Humano Integral: 26° Boletín de la Sección Migrantes (AFP or licensors)
La crisis sanitaria ha agravado el problema perenne de ofrecer cobijo a migrantes y refugiados. Francisco expresó la importancia de “cambiar la forma de ver y de contar la migración”. Se trata de poner en el centro a las personas, sus rostros y sus historias.
Esta semana la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral publica un boletín, informando de la labor de la Iglesia en este tiempo de pandemia. Esta vigésimo sexta publicación se centra en los flujos migratorios durante la pandemia del COVID-19 y la importancia de ofrecer un cobijo a las personas desplazadas

Los flujos migratorios durante la pandemia del COVID-19

La pandemia mundial llevó a la mayoría de los países a cerrar sus fronteras, obligando así a las personas vulnerables en movimiento a languidecer en las zonas próximas a las fronteras, y a interrumpir cualquier forma de debate internacional sobre flujos migratorios y acogida. Pero últimamente, varios países han reabierto sus fronteras y con ello, la cuestión de los flujos migratorios.

En septiembre, una docena de organizaciones cristianas de diferentes partes del mundo aunaron fuerzas para pedirle a Europa que adopte una política más humana y de acogida hacia las personas vulnerables en movimiento. La declaración ecuménica ( FR ; EN ), también critica el discurso público según el cual “los migrantes y los refugiados suelen ser objeto de los discursos de incitación al odio en las redes sociales, así como de las representaciones distorsionadas y deshumanizantes en los medios de comunicación” y se pide a los medios de comunicación que “respeten la dignidad humana de los migrantes y los refugiados, […] evitando las expresiones estereotipadas y negativas, así como la victimización y la simplificación excesivas”.

Ante la falta de oportunidades laborales en Venezuela y tras varios meses de detención en la frontera con Colombia, los “migrantes itinerantes” venezolanos han vuelto a las calles en el intento de mejorar sus condiciones de vida. La diócesis de Cúcuta, respondiendo al “llamamiento del papa Francisco de acoger, proteger, promover e integrar”, también salió a las calles para encontrarse con los migrantes y así poder brindarles acompañamiento espiritual y asistencia material. Esto fue posible gracias a las donaciones de la Fundación Papal “Populorum Progressio” y del Banco Diocesano de Alimentos . La Diócesis recibió diez mil unidades de paquetes de alimentos y kits de higiene y protección, incluyendo mascarillas y geles desinfectantes hidroalcohólicos. Por su parte, el Banco Diocesano de Alimentos proporcionó bebidas hidratantes y frutas, y se encargó de liderar la entrega de donaciones. Mons. Víctor Manuel Ochoa Cadavid, obispo de Cúcuta, dijo que “así sea un pan y un vaso con agua, pero que ningún migrante pase por nuestra ciudad sin recibir una caricia del Santo Padre Francisco”.

En la parte septentrional de la ruta de los Balcanes, la adopción de medidas que limitaban la libertad de circulación debido al COVID-19, trajo consigo una situación de relativa tranquilidad durante la primavera y a principios de verano de 2020. Sin embargo, ahora que se han levantado la mayoría de las restricciones impuestas entonces, los flujos migratorios han vuelto a aumentar. El número total de recién llegados a Bosnia y Herzegovina sigue siendo inferior al que se registraba antes de la pandemia; alrededor de 1.000 personas entran cada mes en el país, en su gran mayoría procedentes de Serbia.

Cáritas trabaja incansablemente para ayudar a los migrantes y refugiados (EN) en situación de vulnerabilidad y que viven en condiciones difíciles. En Bosnia y Herzegovina, la organización católica gestiona dos servicios de lavandería en los campamentos de Bihać y Tuzla, situados cerca de la frontera con Serbia, y se prepara para abrir un tercero en Ušivak, a las afueras de Sarajevo. Cáritas también distribuye paquetes de alimentos y productos higiénicos, no solo dentro de los campamentos sino también entre los migrantes y refugiados que viven en las calles. El modelo adoptado en Bosnia y Herzegovina se inspira en el modelo puesto en práctica satisfactoriamente por Cáritas Serbia hace unos cinco años, que se puede considerar como una buena práctica a replicar.

En plena emergencia sanitaria, varias organizaciones católicas españolas decidieron no interrumpir la campaña Caminos de Hospitalidad , para recordar a todas aquellas personas que huyen de la violencia y la pobreza y que luchan por seguir adelante lejos de su hogar. Aunque este año no se podrá celebrar la habitual caminata, se invita a las personas a participar de forma simbólica. La actitud es que “queremos ponernos en sus pies y tender puentes de solidaridad: su camino es nuestro camino”. En el contexto de la campaña, se presentaron diez propuestas a los representantes políticos europeos, para ayudar a los refugiados y restaurar la dignidad que merecen, especialmente durante la pandemia.

En Berlín, los niños de la Escuela de la Paz de Sant’Egidio representaron “ No more walls ” (muros nunca más). Esta colorida manifestación supuso la ocasión para reflexionar sobre los muros que dividen el mundo. Personas de diferentes países compartieron sus historias de integración, que contradicen la lógica de los muros que se materializan en fronteras atrincheradas y reforzadas con alambres de púas, que se imponen ante los refugiados del mundo. Somajah, un niño afgano de 10 años, ofreció un simple testimonio: “no importa de qué color sean tus manos. Por fuera parecemos todos diferentes, pero por dentro nuestro corazón es igual”.

Ofrecer un cobijo a las personas desplazadas

La crisis sanitaria ha agravado el problema perenne de ofrecer cobijo a migrantes y refugiados. Los requisitos impuestos por la necesidad de respetar el distanciamiento interpersonal y las medidas de higiene más estrictas, han vuelto inaccesibles a muchos albergues y otros han resultado ser inadecuados. La Iglesia está tratando de responder a las deficiencias observadas.

La Limosnería Apostólica ha inaugurado un nuevo centro en Roma, que ofrece cobijo a las personas que llegan a Italia a través del programa de Corredores Humanitarios. “Este inmueble, que tiene el nombre de Villa Serena , acogerá a refugiados, en particular, a mujeres solas, mujeres con menores y familias en estado de vulnerabilidad”, se informó desde la Limosnería Apostólica, Oficina que tiene la tarea de practicar la caridad a favor de los pobres en nombre del Papa. El objetivo del nuevo centro es el de acoger a los refugiados durante “los primeros meses después de su llegada, para más tarde acompañarlos en caminos de autonomía laboral y habitacional”.

La nueva estructura, que tiene capacidad para hospedar hasta 60 personas, será posible gracias a la Congregación de las Hermanas Siervas de la Divina Providencia de Catania, que prestan la propiedad en forma de comodato gratuito, y estará coordinada por la Comunidad de Sant’Egidio. Gracias a la colaboración entre la Organización Internacional para la Migraciones (OIM) y la Congregación Scalabriniana en Chile, se inauguraron Casas de Acogidas para Migrantes y se hicieron reformas y mejoras en aquellas ya existentes . En la ciudad de Arica, el 1 de septiembre fue inaugurada la Casa de Acogida “Beato Scalabrini”. Al día siguiente, se visitó la Casa de Acogida “Santa Rosa de Lima” de la ciudad de Tacna, Perú.

El objetivo de ambas obras es acoger a migrantes vulnerables que se encuentran en la frontera entre Perú y Chile. El proyecto “Santa Rosa de Lima” se lleva a cabo gracias a la diócesis de Tacna y Moquegua, los Misioneros de San Carlos Borromeo (Scalabrinianos) y cuenta también con el apoyo de la Conferencia Episcopal Italiana y la Organización Internacional para las Migraciones. El 4 de septiembre se visitó el Centro Integrado de Ayuda al Migrante en la ciudad de Santiago, para ver el estado de los equipamientos que fueron donados por la OIM y conocer el trabajo que realizan los sacerdotes en la integración de los migrantes.

Nueve refugiados aterrizaron recientemente en el aeropuerto de Lisboa: uno procedente de Sierra Leona, otros de Camerún, Togo, Senegal, Malí y Gambia y tres de Nigeria. El grupo de refugiados fue acogido en el Centro Misionero José Allamano, antiguo Seminario de Águas Santas, en Maia, diócesis de Oporto. Durante los próximos 18 meses se beneficiarán de un proyecto de acogida e integración patrocinado por el Alto Comisionado para las Migraciones, en cooperación con el SEF (Servicio de Extranjeros y Fronteras). El objetivo de dicho proyecto es el de garantizar el aprendizaje del portugués, un acceso a servicios de salud y educación, y el reconocimiento de las competencias de estos refugiados. “Después del experimento, a petición del SEF, de acoger a los refugiados durante unos días, decidimos concentrar nuestras energías en este proyecto de acogida para refugiados e integración” dijo a ECCLESIA José Miranda, miembro de la Fundación José Allamano de los Misioneros de la Consolata. El Centro también ofrece alojamiento a estudiantes desplazados, lo que proporciona la estabilidad de un hogar para los que están más lejos y más necesitados. Los refugiados procedentes de Honduras y otros países, que en este momento están atravesando Guatemala, se están encontrando con una fuerte resistencia. Sin embargo, la Iglesia Católica les ha estado ayudando activamente, puesto que sus Casas de Acogida para migrantes hacen todo lo posible para acogerles y asistirles. Para hacer frente a esta situación, los obispos guatemaltecos han hecho un llamamiento a las instituciones estatales invitándolas a acoger a los migrantes centroamericanos con gestos humanos de caridad y solidaridad. En su comunicado, la Oficina de Pastoral para la Movilidad Humana pidió a todas las partes implicadas (organismos internacionales, organismos humanitarios, autoridades locales) que se esforzaran al máximo para ayudar a estas personas, que se mueven juntas en caravana, para garantizar su salud y la seguridad de todos. En septiembre de 2020, el Padre Juan Luis Carbajal, misionero scalabriniano y Secretario Ejecutivo de la Pastoral para la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala, puso en marcha la Casa Siloé para solicitantes de asilo, desplazados y refugiados. En un vídeo , el P. Carbajal expresó la satisfacción de la Iglesia por contar con “un espacio digno y seguro para migrantes y refugiados” en su país. Al mismo tiempo, afirmó que se trata de una “respuesta como cristianos, inspirados en el Evangelio, en la Doctrina Social de la Iglesia para atender, acoger, proteger, promover e integrar” a los refugiados.

Voces de la Iglesia

Snapshots from the Borders es un proyecto que pretende informar a los europeos sobre las realidades de la migración actual. Durante estos últimos tres años, la organización se ha pronunciado públicamente sobre esta situación y ha aportado soluciones efectivas desde zonas fronterizas donde los problemas migratorios críticos son una realidad concreta. El objetivo es el de sensibilizar, compartir conocimientos, fomentar la participación y mostrar a los ciudadanos que tienen un papel importante que desempeñar.

Durante su audiencia del pasado 10 de septiembre, el papa Francisco se reunió con los participantes del proyecto europeo y lo definió un proyecto con visión de futuro. Las personas desplazadas son a menudo rechazadas y se convierten en víctimas de la indiferencia, pero “no aceptemos nunca que quien busca la esperanza cruzando el mar muera sin recibir ayuda” afirmó el Santo Padre. Aunque la acogida y la integración no son etapas fáciles de la migración, “es impensable poder enfrentarlo levantando muros”.

Refiriéndose al proyecto en cuestión, Francisco expresó la importancia de “cambiar la forma de ver y de contar la migración”. Se trata de poner en el centro a las personas, sus rostros y sus historias. Por último, el Papa Francisco señaló que las fronteras siempre han sido consideradas “barreras de división”. Sin embargo, dijo, “pueden convertirse, en cambio, en ‘ventanas’, espacios de conocimiento mutuo, de enriquecimiento recíproco, de comunión en la diversidad; pueden convertirse en lugares en los que se experimentan modelos para superar las dificultades que los recién llegados suponen para las comunidades autóctonas”.

El P. Maurice Joyeux es un sacerdote jesuita, cuya presencia en la isla de Lesbos es sumamente activa, tanto en la ayuda directa a los refugiados como en la búsqueda de soluciones justas y duraderas. Ha escrito una carta abierta en la que invita a todas las generaciones, pero especialmente a los jóvenes, a ser acogedores. “Os escribo, porque creo que quizás nunca habéis conocido a ninguna de estas personas llamadas ‘refugiados’”. El P. Joyeux nos invita a no tener miedo de los refugiados, sino a respetarlos, a considerarlos ante todo como hombres y mujeres con una dignidad y un gran valor. También tienen mucho que ofrecer. Durante demasiado tiempo, e invisibles para nosotros, se han enterrado u obstaculizado sus capacidades debido a la violencia que han padecido o siguen padeciendo. Sin embargo, mantienen un deseo profundo de vivir y trabajar, de servir y triunfar. “Sus hijos tienen sed de conocimiento y de amor, les gusta jugar, sueñan como tú y como yo a su edad”. El jesuita invita a los europeos a ofrecer una acogida práctica y vital a través de las familias o en grupos o asociaciones: “Vivimos en un momento histórico que nos brinda la oportunidad de vivir plenamente nuestros valores, como vectores de iniciativa en lugar de ‘aislamiento defensivo’”.

Mons. Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger, en una entrevista concedida a Migrantes con Derechos, habla sobre el derecho de las personas que huyen de su país de origen a ser aceptadas. Incluso si su entrada se lleva a cabo de manera ilegal, tienen derecho a ser escuchados y a ser asistidos, y estos derechos deben ser respetados. Hoy existe la percepción de que estas personas no son iguales a nosotros y no tienen los mismos derechos que tenemos nosotros, sino que reciben solo lo que les concedemos, explica el Arzobispo. Si los cristianos adoptan una posición radical y compartida con respecto a la acogida, afirma, podrán estimular la conciencia social. Por esta razón, los dirigentes de la comunidad eclesial tienen una importante responsabilidad, la de crear unidad de propósitos. Concluye: “No podemos permitirnos el lujo de cuestionar en modo alguno la acogida. Estas personas representan el cuerpo de Cristo y cualquier intento de justificar el rechazo o la ignorancia de los migrantes en las fronteras, es un modo de justificar el desprecio por el cuerpo del Señor”.

Para números anteriores, por favor consulte la página: https://migrants-refugees.va/es/blog/2020/04/21/covid-19-nadie-debe-ser-olvidado/

(Vaticannews.va)

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