Carta pastoral de Mons. Atilano Rodríguez: ‘Los cuidados paliativos’

La medicina tiene como objetivo la curación de las personas que, en algún momento de su vida, experimentan la enfermedad. Pero, también es propio de la medicina el cuidar, aliviar y consolar a los pacientes, especialmente cuando se encuentran ante el final de la vida, pues no hay enfermos “incuidables”, aunque algunos sean “incurables”.

Si tenemos en cuenta estos aspectos de la medicina, parece evidente que, en vez de dar los pasos necesarios para la aprobación legal de la eutanasia, sería muy conveniente y urgente que se impulsase la tramitación de una ley de cuidados paliativos. Con la aplicación de estos cuidados a los enfermos terminales, como confirma la experiencia de otros países, se podrían ofrecer respuestas adecuadas a las necesidades de aquellos pacientes que, en la actualidad, no están debidamente atendidas.

Los cuidados paliativos, aplicados a los enfermos terminales con la colaboración directa de los profesionales de la salud y con la cooperación de sus familiares o de las personas que cuidan de ellos en los centros en los que están ingresados, son siempre un instrumento precioso y eficaz para acompañarlos en las fases más dolorosas, crónicas y terminales de la enfermedad.

Por eso, ante las leyes que legitiman –bajo cualquier forma de asistencia médica– la eutanasia o el suicidio asistido, es preciso negar siempre cualquier cooperación formal o material inmediata. Nunca es lícito ser cómplice en la realización de estas acciones inmorales con palabras, obras u omisiones, pues en la enfermedad el verdadero derecho es siempre el del enfermo a ser acompañado y cuidado con humanidad. Sólo así se custodia su dignidad hasta que llegue el momento de la muerte natural.

Los cristianos, en estas situaciones, tenemos la oportunidad de dar testimonio de nuestra fe y de nuestro respeto escrupuloso a la dignidad de toda persona, especialmente en los momentos de debilidad y enfermedad. Así mismo, podemos ayudar a entender a nuestros semejantes que en verdad no existe un derecho al suicidio asistido, sino que el auténtico derecho consiste en la protección de la vida y en la coexistencia amorosa entre todos los seres humanos para ayudarles a vivir con paz y dignidad cada momento de su existencia sin causarles la muerte.

En este sentido, son muy iluminadoras las enseñanzas del Pontificio Consejo para los agentes sanitarios cuando se dirige especialmente a las personas que se dedican al acompañamiento y cuidado de los enfermos: “Ningún agente sanitario puede erigirse en tutor ejecutivo de un derecho inexistente, aun cuando la eutanasia fuese solicitada con plena conciencia por el sujeto interesado” (n.15).

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

 

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.