Discurso a la COMECE del cardenal Pietro Parolin

Sede del Consejo de Europa (AFP or licensors)
El testimonio de la caridad iluminada por el Evangelio está llamado a ser también un testimonio de la verdad. Es el papel público de la Iglesia que ayuda y educa, y con respeto a la autonomía de la política, también da su propia contribución al bien de la sociedad.
El papel de las Iglesias en el seno de la Unión Europea y los ámbitos prioritarios de colaboración con las instituciones para dar un verdadero testimonio cristiano en el Viejo Continente: fueron los principales temas tratados por el Cardenal Pietro Parolin en el discurso que pronunció de forma virtual el miércoles 28 de octubre en la apertura de la Asamblea Plenaria de la Comisión de los Episcopados de la Unión Europea, con ocasión del 40º aniversario de su fundación.
El cardenal Parolin intervino de forma virtual en la Asamblea Plenaria de la Comisión de los Episcopados de la Unión Europea con motivo del 40º aniversario de su fundación, haciéndose ante todo portavoz del saludo y la bendición del Papa, que expresó su pensamiento para la ocasión en una carta dirigida precisamente al Secretario de Estado.

La Iglesia, los Papas y la integración europea

El discurso forma parte del marco actual, «tiempos inciertos y difíciles, en los que muchos países han sido y siguen siendo duramente afectados por la pandemia y todavía no hay forma de salir de esta que es una crisis sanitaria, económica y social». En esta situación, la Iglesia en Europa está llamada a llevar a cabo su misión con mayor celo y a aportar su contribución, ofreciendo un mensaje de fe, unidad, solidaridad y esperanza.

Recordando el origen del proceso de integración europea en 1950 con la declaración de Robert Schuman, y el inicio de un proyecto de unidad supranacional, garantía de paz y de superación de los nacionalismos que tanto habían desgarrado a Europa, el Cardenal subraya el apoyo constante de la Iglesia al proceso de integración, desde el tiempo de Pío XII, hasta la proclamación por parte de San Pablo VI y San Juan Pablo II de los Santos Patronos de Europa, pasando por las visitas al Parlamento Europeo de San Juan Pablo II el 11 de octubre de 1988, y del Papa Francisco el 25 de noviembre de 2014, con quienes -señala- se ha intensificado aún más la cercanía de la Iglesia a Europa. Francisco, «el primer Pontífice no europeo en más de mil años».

El papel de la COMECE y el CCEE dentro de la Unión Europea

Un signo importante, según el Cardenal, dentro de Europa son las instituciones como la COMECE, Comisión de los Episcopados de la Unión Europea, que se remonta al 3 de marzo de 1980, como «un reconocimiento de la necesidad de apertura mutua y de colaboración fraterna de las Iglesias de Europa, entre ellas y con las Instituciones europeas», para promover y proteger el bien común, a la luz de la alegría del Evangelio de Cristo». Si el acercamiento de la Santa Sede a las instituciones europeas es de naturaleza puramente diplomática, recuerda Parolin, la perspectiva compleja y preciosa de la labor de la COMECE es en cambio «la de acompañar el proceso político de la Unión Europea en las áreas de interés para la Iglesia y comunicar las opiniones y visiones de los episcopados sobre el proceso de integración europea». Igualmente, importante es el papel del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas (CCEE), compuesto por los Presidentes de todas las Conferencias Episcopales, un papel más pastoral pero igualmente necesario.

La visión europea del papa Francisco

La cita con la Plenaria que acaba de terminar es, por tanto, una ocasión importante para hablar a toda Europa de los retos presentes: es la voz de la Iglesia a la que se añade la del Papa. Desde aquí el Cardenal vuelve al contenido de la carta que le dirigió el Papa hace unos días, en vista de esta circunstancia.  «Me parece -dice el Secretario de Estado- que la intención de la carta del Papa es sobre todo la de continuar una reflexión sobre el futuro de Europa», un continente que le importa mucho sobre todo por el papel central que ha desempeñado en la historia de la humanidad. Como siempre, la reflexión del Papa Francisco no pretende dar indicaciones puntuales sobre los pasos a seguir, sino más bien sugerir una «trayectoria ideal» y los elementos fundamentales sobre los que reflexionar para que quienes puedan, actúen.

La visión europea del Papa Francisco

La cita con la Plenaria que acaba de terminar es, por tanto, una ocasión importante para hablar a toda Europa de los retos presentes: es la voz de la Iglesia a la que se añade la del Papa. Desde aquí el Cardenal vuelve al contenido de la carta que le dirigió el Papa hace unos días, en vista de esta circunstancia.  «Me parece que -dice el Secretario de Estado- la intención de la carta del Papa es sobre todo la de continuar una reflexión sobre el futuro de Europa», un continente que le importa mucho sobre todo por el papel central que ha desempeñado en la historia de la humanidad. Como siempre, la reflexión del Papa Francisco no pretende dar indicaciones puntuales sobre los pasos a seguir, sino más bien sugerir una «trayectoria ideal» y los elementos fundamentales sobre los que reflexionar para que quienes puedan, actúen.

En la perspectiva del Papa Francisco nunca hay conceptos abstractos, sino que siempre están las personas, centrales en el debate sobre Europa porque, afirma el cardenal, «una Europa que perdiera de vista a la persona, y la conciencia de que todo ser humano está inserto en un tejido social, sólo puede reducirse a un conjunto de procedimientos burocráticos y estériles» y esto es aún más necesario ahora que nos enfrentamos a una pandemia que no conoce fronteras ni procedimientos. La persona, por lo tanto, no como sujeto de derecho sino en sus sentimientos, esperanzas y vínculos concretos. Como ha dicho el Papa en varias ocasiones, el riesgo hoy en día es que se malentienda el concepto de libertad, «interpretándolo casi como si fuera el deber de estar solo, liberado de todo vínculo, y en consecuencia se construye una sociedad sin sentido de pertenencia».

Y la pandemia aún más hoy nos invita a cambiar los estilos de vida y a redescubrir la «identidad comunitaria», la única sobre la cual construir, «la única capaz de superar las divisiones y contradicciones». Y en esto, observa el cardenal Parolin, tanto la COMECE como la CCEE, los episcopados y los obispos individuales tienen un papel fundamental que desempeñar: vivir y afirmar la comunión eclesial, la pertenencia a una sola comunidad, para que «las obvias diferencias de los pueblos no sean el pretexto para aumentar las divergencias, sino más bien para reconocer la riqueza de nuestro continente».

Las directrices del testimonio cristiano en Europa

Por lo tanto, aún hoy, el testimonio cristiano es el «tejido conectivo» de Europa y el Papa en su Carta traza las pautas de este testimonio a través de sus cuatro «sueños». «Sueño -dice él- con una Europa amiga de la persona y de las personas (…), que sea una familia y una comunidad, (…) solidaria y generosa, (…) sanamente laica». «Una Europa amiga de la persona y de las personas es ante todo una Europa -señala el cardenal- que ama a la persona en su verdad y en su integridad y sobre todo que respeta su dignidad trascendente». Esto ayuda, subraya Parolin, a interpretar y evaluar las propuestas legislativas que se están elaborando y a orientar a los que tienen responsabilidades políticas. «Entre estos principios y valores, es particularmente importante el reconocimiento de la dignidad sagrada e inviolable de toda vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, a la que es fundamental asociar la defensa y promoción de la familia, verdadera célula de la sociedad, fundada en la unión estable de un hombre y una mujer.

La idea de «persona monádica» genera preocupantes legislaciones

Hoy, en cambio, prevalece en el plano legislativo el concepto de persona que posee «derechos subjetivos individuales, limitados exclusivamente por los intereses del Estado, principalmente por cuestiones de seguridad, como la lucha contra el terrorismo o el blanqueo de dinero» – señala además el Cardenal Parolin. Ejemplos de ello son, explica, legislaciones como la creada para la protección de datos personales u otras más preocupantes, como las «vinculadas a la eutanasia o las que ponen al mismo nivel el matrimonio y otros tipos de unión, en las que prevalece un concepto de persona solitaria y monadica ajena a la idea de pertenencia a una comunidad, compuesta por una pluralidad de sujetos con los que comparten derechos, pero también deberes». El Papa Francisco, por otra parte, recuerda que «la persona y la comunidad son los cimientos de la Europa que como cristianos queremos y podemos contribuir a construir». Es necesario, en cambio, y en esto la Iglesia tiene la responsabilidad, como explica el Cardenal, mostrar una humanidad diferente que nace del Evangelio: lo que se necesita es «un amor a la persona, sobre todo a la que vive el drama de un embarazo no deseado, a la que tiene una enfermedad y ya no puede soportar el peso del sufrimiento, al migrante que llega a nuestras costas perdido y a menudo víctima de traficantes sin escrúpulos». Este amor a la persona se concreta en gestos de caridad y solidaridad y en la visión del hombre «no abandonado a sí mismo, sino querido y amado y consciente de que la fatiga, el dolor redimido por el Señor Jesús y no meras pruebas sin sentido». El testimonio, por lo tanto, de la caridad iluminada por el Evangelio, está llamado a ser también un testimonio de la verdad. Es el papel público de la Iglesia que ayuda y educa, y con respeto a la autonomía de la política, también da su propia contribución al bien de la sociedad.

Las prioridades de la UE en cooperación con la Comece

A partir de aquí el Cardenal Parolin se extiende sobre lo que él define como «prioridades de interés para la Unión Europea y que pueden ser objeto de la colaboración de la COMECE con las instituciones europeas».

Un primer tema es la recuperación de las consecuencias sanitarias, sociales, económicas y humanas de la pandemia: un proceso largo y difícil, en el que participa la Comisión Vaticana Covid-19 (VCC), querida por el Papa. Para Francisco, el camino que hay que descubrir es el de la fraternidad, lo que significa también «compartir la investigación y la inversión para la producción de vacunas» y «el uso apropiado e inteligente de las herramientas para superar las consecuencias de la pandemia», como el fondo para la recuperación Next Generation UE que, según Parolin, parece ir «en la dirección correcta de una concretización de la solidaridad entre los Estados miembros».

Las prioridades de la UE en cooperación con la Comece

A partir de aquí el Cardenal Parolin se extiende sobre lo que él define como «prioridades de interés para la Unión Europea y que pueden ser objeto de la colaboración de la COMECE con las instituciones europeas».

Un primer tema es la recuperación de las consecuencias sanitarias, sociales, económicas y humanas de la pandemia: un proceso largo y difícil, en el que participa la Comisión Vaticana Covid-19 (VCC), querida por el Papa. Para Francisco, el camino que hay que descubrir es el de la fraternidad, lo que significa también «compartir la investigación y la inversión para la producción de vacunas» y «el uso apropiado e inteligente de las herramientas para superar las consecuencias de la pandemia», como el fondo para la recuperación Next Generation UE que, según Parolin, parece ir «en la dirección correcta de una concretización de la solidaridad entre los Estados miembros».

Migración: revisión del Reglamento de Dublín

La segunda cuestión se refiere a la «tragedia» de las personas que se ven obligadas a abandonar su país de origen para buscar un futuro mejor o para huir de las guerras y la persecución. Somos muy conscientes -explica el cardenal- de los problemas y distinciones que hay que hacer y de que a veces la carga para la población de los lugares de llegada o de paso puede ser casi insoportable. En este sentido, creemos que el Reglamento de Dublín debe ser revisado. El nuevo Pacto sobre la Migración y el Asilo, presentado el pasado 23 de septiembre por la Comisión Europea, trata de marcar un paso adelante aunque plantea muchas dudas, tanto en lo que se refiere a su planteamiento básico, que parece estar más centrado en la seguridad de las fronteras y la contención de los flujos migratorios que en la acogida, como en lo que se refiere a algunas propuestas concretas como, por ejemplo, la posibilidad de financiar la repatriación de las personas que no se quieren acoger o los plazos temporales para evaluar las solicitudes de asilo» .

El medio ambiente: el proyecto Green Deal como fuente de beneficios

Una tercera cuestión de particular importancia es la del clima y el medio ambiente que, según la voluntad del Papa, implica una verdadera «conversión ecológica» y «un compromiso en favor de la justicia y en defensa de las poblaciones más pobres y vulnerables, así como hacia las generaciones futuras». A este respecto, el proyecto Green Deal, «que tiene por objeto convertir a Europa en el primer continente con impacto climático cero para 2050, es sin duda -según el Cardenal Parolin-  un proyecto interesante y significativo, que podría aportar importantes beneficios a Europa y al mundo entero».

Cuidado con los riesgos de la digitalización

Otra cuestión prioritaria para la actual Comisión, que el Cardenal Parolin destaca en su discurso, es el «proceso de digitalización en constante aceleración» que puede entrañar riesgos relacionados con «el acceso justo y universal a las nuevas tecnologías, el tratamiento de los datos y la privacidad, la pérdida de puestos de trabajo y el uso de la inteligencia artificial y la robotización». Así pues, si la Unión Europea -explica Parolin- quiere ser protagonista en este sector, debemos estar atentos para que no se produzca a expensas del respeto de la dignidad humana, sino que vaya en la dirección de un mayor desarrollo integral de cada persona y de todos los pueblos».

Con África, apuntar al desarrollo integral

Un último aspecto de las políticas europeas que el cardenal señala a la atención de las Iglesias es la relación con los países vecinos que aspiran a entrar en la Unión Europea, pero sobre todo es la asociación con África. El interés -señala- no debe reducirse «a la solución de los flujos migratorios, sino que constituye una oportunidad única para que Europa favorezca un desarrollo integral del continente africano», lejos de «malentendidos que van desde la simple inversión de dinero», «al nacimiento de infraestructuras» hasta una verdadera «colonización ideológica».

Participación en la Conferencia sobre el futuro de Europa

La última observación del Cardenal Parolin se refiere a la relación entre las instituciones y la población europea con la invitación a no traicionar las esperanzas y los sueños, especialmente de los jóvenes. La elevada participación en las elecciones europeas de mayo de 2019 -señala- ha mostrado un nuevo interés, un factor de esperanza para el futuro, pero también expone a un renovado sentido de responsabilidad de los representantes políticos elegidos y de las instituciones, llamadas a responder a la confianza que los ciudadanos han depositado en ellas. A este respecto, la Conferencia sobre el futuro de Europa, organizada por el Parlamento, el Consejo y la Comisión para «repensar la Unión Europea» a la luz de los nuevos desafíos internos y externos diez años después de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, podrá desempeñar un papel importante. «Se trata -dice el Cardenal Parolin-  de una oportunidad importante para repensar la identidad europea y sus valores, así como para hacer que las instituciones europeas sean más próximas y respondan mejor a las necesidades de la Unión y a los desafíos actuales. Es de esperar que la Iglesia participe sobre todo como socio en ese ‘diálogo abierto, transparente y regular con las iglesias’ al que se refiere el artículo 17 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea».

(Gabriella Ceraso – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

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