Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo i Artigas: ¿Todos somos santos?

Espontáneamente, la respuesta es “no”. De ninguna manera nos podemos considerar santos. Esta sería la respuesta de los creyentes que somos conscientes de nuestras incoherencias, de nuestro pecado y de la necesidad de salvación. Otras respuestas podrían ser las de quienes de ningún modo quieren ser santos, porque tienen un concepto muy equivocado de ello. Para muchos, “ser santo” tiene el mismo significado que “ser extraño”, de “no saborear la vida”.

Nos podemos hacer la pregunta precisamente en esta fiesta en que recordamos a todos los santos, a quienes la Iglesia ha canonizado y beatificado, y a los innumerables que figuran en la lista de Dios, aunque no en la de la Iglesia. Y seguro que al hablar de santos pensamos solamente en quienes han muerto, en los que ya no están entre nosotros y que hemos encomendado a la misericordia de Dios.

Por todo esto es importante recordar qué celebramos en esta fiesta de Todos los Santos.

La fiesta, además de recordarnos que la Iglesia ha hecho su lista de santos y santas y beatos y beatas para que tengamos modelos y puntos de referencia para nuestra vida, nos recuerda que también hay que tener presente una lista mucho más larga, incontable, que es la lista de Dios. En esta lista de Dios hay una inmensa multitud de mujeres y hombres, jóvenes y niños. A algunos de ellos los hemos conocido, nos han querido y les hemos querido, nos han transmitido la fe, y puede que mediante sus manos hayamos recibido la gracia de Dios en los sacramentos. Han vivido dejándose amar por Dios, acogiendo su amor, queriéndolo con todo el corazón, y ahora ya son plenamente felices. Son bienaventurados o santos porque disfrutan de Dios.

Ahora bien –y esta es la respuesta a la pregunta inicial–, la fiesta de hoy nos recuerda que nosotros somos santos y que deberíamos vivir como tales. ¿En qué sentido somos santos y santas? ¿Porque somos buenos cristianos y lo hacemos todo bien? ¡No! Es porque Dios nos reconoce como hijos suyos.

En la primera carta de San Juan encontramos esta afirmación: “Dios nos reconoce como hijos, y lo somos, pero Él todavía no se ha manifestado del todo; sabemos que cuando se manifieste seremos parecidos a Él, porque lo veremos tal como es”.

Somos santos porque Dios nos convierte en hijos suyos, y nuestra responsabilidad es vivir como tales.

He aquí nuestra condición: somos santos porque Dios nos crea como hijos suyos, pero a la vez somos pecadores porque no vivimos con coherencia esta condición. Somos hijos por la gracia de Dios, y somos pecadores porque somos libres y, a causa de nuestra condición humana, necesitados de salvación.

Nuestra responsabilidad es vivir como santos, y esto significa vivir las bienaventuranzas, porque los santos son los felices.

Son quienes saben vivir de una manera sencilla, sin pretensiones y sin egoísmos.

Son quienes asumen las pruebas de la vida y confían en el consuelo de Dios.

Son quienes viven siguiendo la verdad, evitando el engaño y la falsedad.

Son quienes viven con compasión, sufren con los demás y por lo que les hace sufrir.

Son pacificadores y limpios de corazón.

Saben sufrir por la justicia y por la fe.

Ser santo es gozar de la experiencia de Dios, que nos da la verdadera felicidad.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.