Carta pastoral de Mons. Joan E. Vives: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas»

Hoy celebramos la gozosa y triunfal fiesta de Todos los Santos. ¡Qué alegría celebrar las vidas y los testimonios unidos de todos los santos y santas de Dios, los conocidos -que figuran en el Martirologio, o santoral-, así como la multitud de los santos anónimos, desconocidos para nosotros, pero no para Dios, para quienes son hijos e hijas suyos, muy queridos! Podemos unir y celebrar todas las personas buenas, ejemplares, que han existido o que cada uno ha conocido (familiares, ¿por qué no?) y que, en esperanza, creemos que ya están con Dios, disfrutando de su gloria, e intercediendo por nosotros. Confiamos en la promesa de Jesús: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho porque voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde  estoy yo estéis también vosotros» (Jn 14,2-3).

Los santos nos ayudan a vivir más de cara a Dios, buscando «los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios» (Col 3,1) y a creer “contra toda esperanza» (Rm 4,18). Ellos nos impulsan con su ejemplaridad. Por sus méritos, unidos a los de Cristo y María, y por sus oraciones, un día seremos acogidos en la patria celestial. La Iglesia así inercede cuando hace la última recomendación del alma del difunto en la iglesia: «Venid en su ayuda santos de Dios, salid a su encuentro, ángeles del Señor. Recibid su alma, y ​​presentadla ante el Altísimo».

Por más que cada generación deba vivir «tiempos recios», con desconciertos y crisis de fe en muchas personas, los santos nos re-centran en lo más importante y esencial: Jesucristo, su Palabra, el amor con que Dios nos ama y que hemos de acoger y testimoniar con palabras y sobre todo con obras para con el prójimo, con los pobres y necesitados. «Al atardecer de la vida seremos examinados en el amor», decía S. Juan de la Cruz, resumiendo la famosa parábola del juicio final (Mt 25,31-46) cuando se nos preguntará si hemos dado de comer, de beber, si hemos visitado a los presos, vestido a los desnudos, visitado a los enfermos… si hemos amado. Porque todo lo que hacemos a uno de los más pequeños, lo hacemos al mismo Cristo. Ante la secularización ambiental y la pérdida del sentido de Dios en la vida de muchos, os propongo que os fijéis en Cristo como centro de vuestra vida, con quien nos comunicamos fundamentalmente por medio de la oración; ante el egoísmo que hoy impera en la sociedad y que provoca tantas crisis, y ante la soledad de muchas personas, propongámonos y ofrezcamos experiencias de vida fraterna y caritativa; ante el derroche insolidario, vivamos la austeridad, la sencillez de vida y el compartir; ante el individualismo y la falsa libertad que olvida la voluntad de Dios y su amor, propongámonos confiar siempre en Dios, abandonarnos confiadamente en sus manos. Seamos Iglesia fraterna, en camino constante (en salida) hacia los hombres y los pobres, fundamentada en el Amor de Dios.

La fiesta de Todos los Santos nos asegura que la vida tiene sentido. Y desde el final que esperamos, se ilumina el camino a recorrer, que no es una quimera ni un vacío. Porque sabemos y creemos que nos están esperando, que vamos hacia Dios, y que seremos eternamente felices. Finalmente encontraremos el descanso que tanto deseamos (cf. Mt 11,29) y viviremos una personal fraternidad eterna. Porque, los cristianos no morimos, sino que “entramos en la Vida”, como afirmaba la doctora de la Iglesia, Sta. Teresa del Niño Jesús. Una Vida habitada por Dios y por la multitud de sus santos.

+Joan-Enric Vives,

Arzobispo de Urgell

 

 

 

 

Mons. Joan E. Vives
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Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).