Carta pastoral de Mons. Jesús Murgui Soriano: Un tiempo para resucitar

Presentación de las Orientaciones Pastorales para el curso 2020-2021
“Danos siempre de ese Pan. La eucaristía, camino de resurrección”

Vivimos unos tiempos de incertidumbre e inquietud. Desde que el pasado mes de marzo se declaró la pandemia vírica de la COVID-19, la familia humana vive con cierto desasosiego su vida ordinaria. Son tiempos en los que se pone a prueba la esperanza. La pandemia ha alterado muchas realidades comunes hasta ahora. Como dijo el Papa Francisco, en sus palabras del 27 de marzo —en una oración sin precedentes en la plaza vacía de S. Pedro— en la que se dirigía al Señor diciendo: «Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela, se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias en
el mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo». En este contexto la crisis provocada por la pandemia ha manifestado la vulnerabilidad humana. Y también puede servir para todos los hombres como una llamada a la conversión. De un modo especial, ha de servir así a los cristianos, Pueblo de Dios en marcha. Él ha de mostrar, más que nunca, que es «hospital de campaña» (Papa Francisco) dispuesto a atender a todos los necesitados y a todos los heridos.

La irrupción de esta pandemia ha venido a coincidir con la conclusión y el término de un ciclo pastoral en nuestra diócesis de Orihuela-Alicante que se ha dedicado a un objetivo concreto y sencillo: renovar el encuentro con Cristo como camino para la
misión. Este ha sido nuestro Plan diocesano de Pastoral hasta el presente. Un Plan que nos ha permitido acoger la llamada a la «conversión misionera» que nuestro Papa Francisco proponía en su Exhortación Evangelii Gaudium. Un Plan en dónde la palabra “encuentro” ha sido decisiva. La hemos conjugado desde la perspectiva que nos ofrecía el relato del encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35). Era un magnífico icono para el estímulo a la escucha y el acompañamiento (“Encuentro y acompañamiento”); para iniciar un camino de conversión y renovación de nuestra mente (Encuentro y  conversión”); para suscitar nuevos deseos de comunión (“Encuentro y comunión”); y para despertar la llamada, en definitiva, al compromiso y a un renovado anuncio (“Encuentro y compromiso”). Han sido unos años en los que juntos hemos recorrido un itinerario formativo de escucha y oración desde el método de lectio divina, y también un itinerario pastoral de acogida de nuevas iniciativas y proyectos. Un Plan que ha dejado muchas intuiciones y muchas perspectivas abiertas. Un Plan que merece una pequeña pausa, para repasar y recoger lo sembrado en este tiempo. Para hacer memoria agradecida al Señor. Y es que, sin memoria, no se puede caminar. No podríamos dar un nuevo paso adelante, sin memoria, sin repasar de dónde venimos, para discernir nuevos horizontes hacia los que avanzar. Es lo que propongo para el nuevo curso pastoral 2020-2021: realizar una “síntesis pastoral” que nos permita seguir avanzando.

Ahora bien, esta síntesis pastoral no puede olvidar el reto de cómo integrar el momento presente: lo que ahora vivimos. No podemos pensar que estas circunstancias que nos han sobrevenido son ajenas al plan de Dios. ¡Dios nunca abandona a su pueblo! También en estas circunstancias hemos de descubrir la llamada de Dios. No ha sido casual que cuando nosotros terminábamos de completar este ciclo pastoral sobre el encuentro con Cristo, la inmensa mayoría de los fieles hayan tenido que privarse de la forma “sacramental” de este encuentro con el Señor, que es la celebración y la participación de la Eucaristía. El “confinamiento” que también los templos han vivido —por motivos sanitarios evidentes— nos ha privado del encuentro con el Señor y la vivencia comunitaria de la fe. Pero, sin duda, han suscitado nuevos deseos de participar, de un manera más honda, del “pan de la vida” (Jn 6, 48), de no privarnos del pan que Cristo nos da y que transforma la vida. Todo este tiempo de “ayuno” ha sido, en el fondo, providencial para descubrir la llamada del Señor a un encuentro con Él desde su presencia eucarística. Invito por ello a iniciar desde ahora un camino que nos conduzca  a volver a acoger el magnífico don de la Eucaristía, y desarrollar todo su fruto y efecto en nuestra vida. De ese modo, desde la Eucaristía, no sólo haremos “síntesis pastoral”,
sino que iniciaremos un nuevo “camino de resurrección” que, poco a poco, nos ayudará a vivir con más esperanza la prueba que nos envuelve.

De esta motivación y discernimiento proceden las presentes Orientaciones pastorales. En ellas encontraréis varios elementos: una mirada al pasado, que nos ayude a realizar juntos un ejercicio de síntesis, de reflexión, de balance y de revisión, de lo vivido en el anterior PDP (cf. “Un itinerario pastoral junto al Resucitado”); pero también una mirada al presente, para descubrir la llamada de Dios en este tiempo en el que la humanidad, herida desea levantarse (cf. “En medio de una humanidad que desea
levantarse”). Desde ellas, podremos mirar el futuro, dispuestos a encontrar los caminos que nos permiten resucitar. No cabe ninguna duda que, uno de ellos, tal vez el más importante, sea acoger de nuevo el pan de la vida: “Señor, danos siempre de ese
pan” (Jn 6, 34) (cf. “Al encuentro del pan que transforma la vida”, “la eucaristía entre las sendas de la vida”). Espero que acojáis las sugerencias de estas “Orientaciones” de corazón. Se presentan como un pequeño documento de reflexión, para su estudio y su diálogo. Espero que desde ellas caminéis en vuestros hogares, parroquias, grupos de vida cristiana, movimientos apostólicos, secretariados de pastoral, comunidades de personas consagradas, Colegios, etc. Sólo así será un camino compartido y sinodal, tal como se proponen.

Mi gratitud a todos los que con vuestras aportaciones, desde los Consejos diocesanos y las Delegaciones, habéis sentado las bases de estas Orientaciones diocesanas para el curso 2020-2021; y a la Delegación para la Formación, a D. Pedro Luis Vives, que ha coordinado la acogida de las mismas y dado forma definitiva a estos materiales. Mi gratitud, anticipada, a todos mis hermanos sacerdotes, laicos y personas consagradas, no sólo llamados a impulsar una decidida renovación de nuestra vida eucarística personal y comunitaria, sino a, desde ella, acoger el Cuerpo de Cristo que se hace presente en nuestros hermanos necesitados, especialmente en una época de grandes urgencias sanitarias, económico-laborales y sociales.

El Señor nos conceda estar, como Iglesia, a la altura de lo que Él espera de nosotros. Que alimentados del Pan de Vida, unidos a Él, demos frutos de amor y servicio en un mundo especialmente herido, en búsqueda y necesitado. Que nosotros, su Iglesia,
seamos cada día más, por su Espíritu, hospital de campaña y camino de resurrección. Así lo pedimos a la intercesión de Santa María.

Gracias. Ánimo. Dios os bendiga.

✠ Jesús Murgui Soriano.
Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Jesús Murgui Soriano
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Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.