Carta pastoral del Cardenal Carlos Osoro: Eduquemos para vivir sirviendo a los otros

Leyendo un día los escritos de y sobre la madre Teresa de Calcuta, me impresionó cómo entendió que su vida era para los otros, muy especialmente para quienes no tenían nada. Esto me llevó a pensar en cómo educar para servir a todos y no a uno mismo. Descubrí que la mejor manera de entender quién es el otro y qué quiere de mí se podía descubrir con más hondura escudriñando y ahondando en lo que significan estas palabras de Jesús en la cruz: «Tengo sed».

Estas palabras las había leído muchas veces y son las mismas que cambiaron la vida de la madre Teresa. Ella explicaba: «“Tengo sed”, dijo Jesús en la cruz, cuando fue privado de todo consuelo, muriendo en la pobreza absoluta, abandonado, despreciado y roto en cuerpo y alma. Él habló de su sed no de agua, sino de amor, de sacrificios. Jesús es Dios: por tanto, Su amor, Su sed es infinita» (Explicación de las constituciones originales). Para santa Teresa de Calcuta tienen un sentido tan profundo que su camino existencial fue de otra manera. Cuando las acogió, asumió el compromiso de dar su vida por los otros, como ya hacía, pero añadió una dimensión nueva: la daba acercándose a quienes tenían más sed, a los más pobres.

¿Cómo podemos educar para ser capaces de mirar a los demás así? Como nos describe el apóstol san Pablo «tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia» (Fil 2, 5-7). El Hijo de Dios nos enseñó a ser hermanos de todos los hombres. Nadie de nosotros puede renunciar a ser hermano de los demás ni a mostrarlo en concreto con el que tiene a su lado. En la educación hemos de mostrar que nuestra misión es ser sostén, acompañante y guía de los demás. Y lo hemos de hacer de un modo consciente, con entusiasmo y no como una carga, pues estamos llamados a crear fraternidad, con las razones que nos ha dado Dios y que entendemos cuando nos dejamos hacer la misma pregunta que hizo a Caín: «¿Dónde está tu hermano?».

Son de una hondura especial las palabras de la madre Teresa cuando confiesa que el «tengo sed» le hizo entender que su vida era para los otros y que debía tener esa predilección especial por los más pobres: «Fue aquel día de 1946, en el tren de Darjeeling, cuando Dios me hizo la llamada dentro de la llamada para saciar la sed de Jesús sirviéndole en los más pobres de los pobres». Estas palabras la llevaron a la radicalidad más absoluta; a cada uno de nosotros nos llevan a entender que la radicalidad para servir al otro, la radicalidad para tener al otro como hermano, para construir un mundo donde oiga que debo abandonar lo mío para ponerme al servicio del otro, es una tarea para la que debo estar disponible.

Ese «tengo sed», en cada uno de una manera, se manifiesta en la urgencia de ponernos todos al servicio de los demás. Lo nuestro no es el egoísmo, es la donación al otro. Somos servidores de los otros no por imposición, sino porque hemos sido creados para salir de nosotros mismos: nuestra vida es para los demás, es un sinsentido encerrarnos en nosotros mismos. Y ello lo hemos de hacer con entusiasmo: no nos puede costar estar abiertos a los demás. Viviendo para los demás seremos felices y haremos felices a los demás; responderemos a la constitución de nuestra vida tal y como el Creador nos hizo. Pero además esto es lo razonable de personas con racionalidad, pues encerrados en nosotros mismos nos agriamos. Necesitamos a los demás para crecer y desarrollarnos. No son un estorbo, sino que nos debemos a ellos. Las palabras que sintió la madre Teresa de Calcuta como invitación de Jesús son válidas para entendernos a nosotros mismos: «Ven, sé mi luz. No puedo ir solo. Ellos no me conocen, y por lo tanto no me quieren. Tú ven, ve entre ellos. Llévame contigo a ellos. Cuánto anhelo entrar en sus agujeros, en sus oscuros e infelices hogares. Ven, sé su víctima. En tu inmolación, en tu amor por Mí ellos Me verán, Me conocerán. Me querrán» (carta al arzobispo Ferdinand Périer, 3 de diciembre de 1947).

Estamos llamados a ser prójimos, no meros vecinos. Se nos llama a la projimidad, a vivir para el otro. Tenemos que educar para ello. Cada momento histórico nos pedirá reinventar nuevos métodos y encontrar recursos, pero siempre tendremos que estar preguntándonos y reflexionando sobre quiénes entran en nuestra vida físicamente o a través de las pantallas, qué nos entregan, qué cosas se nos presentan como importantes, cuáles son las ocupaciones que llenan nuestro tiempo, de qué y por quién buscamos la orientación de nuestras vidas… Para ello, tengamos presentes estas tres claves:

1. Generemos procesos más que dominar espacios. Importa impulsar con mucho amor procesos de maduración de la liberad para capacitar y realizar un crecimiento integral.

2. Comprendamos que lo que importa es ver dónde se está existencialmente, qué convicciones, objetivos, deseos y proyectos de vida se tienen.

3. Tomemos conciencia del camino real en el que estamos metidos, dónde tenemos situada nuestra alma, qué es lo que realmente sabemos y qué buscamos para nuestro hogar común. Es importante que las personas vean que su vida y la de la comunidad están en sus manos y que esa libertad es un don inmenso.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.