Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: La plenitud del amor es la santidad

Nada hay más humano que la santidad. El humanismo auténtico se basa en el amor y si no existe el amor se deshumaniza el corazón humano. Parece mentira que la palabra santidad haya sido considerada como una acto más o menos pío de aquel que la vive con ilusión y entrega. Y es todo lo contrario. La santidad es aquella que contiene todos los valores que se proclaman por doquier. El Concilio Vaticano II la proclamó como la experiencia más profunda del que apuesta por la caridad: “Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena” (Lumen Gentium, cap. V, nº 40). Todos los bautizados tenemos ya en germen la vocación a la santidad y no debemos confundir tener un deseo de santidad con el vivir en cada momento con las obras que realiza la caridad. Los deseos si no van acompañados de las obras se convierte en el dicho “obras son amores y no buenas razones”.

El gran reto que hoy nos debe preocupar es el de luchar para que reine el amor. La gran crisis de hoy es la falta de amor. Y el amor no se vive por impulsos sentimentales sino por entrega generosa. Qué bien lo define San Juan de la Cruz: “Pero el amor sólo con amor se cura. El amor de Dios es la salud del alma. Y cuando no tiene cumplido amor, no tiene salud cumplida y por eso está enferma. La enfermedad es falta de salud. Cuando el alma no tiene ningún grado de amor, está muerta. Pero cuando tiene algún grado de amor de Dios, por pequeño que sea, ya está viva, aunque muy débil y enferma, porque tiene poco amor. Cuánto más amor tiene, más salud también. Cuando tiene amor perfecto tiene total salud” (Cántico espiritual, 2,3). Los grandes santos han pasado por pruebas diversas y sólo han encontrado sentido en el amor a Dios. La fortaleza no se consigue por impulsos voluntaristas sino por confiar y abrazarse gozosamente al amor de Dios.

Es curioso constatar que la gran revelación, en este momento histórico, es descubrir que Dios nos ama. Y ante tal descubrimiento se deduce que el corazón está hecho para amar en los momentos fáciles y en las circunstancias dolorosas. De nuevo San Juan de la Cruz recuerda: “Más estima Dios en ti el inclinarte a la sequedad y al padecer por su amor, que todas las consolaciones, visiones y meditaciones que puedas tener” (Dichos de luz y amor, 14). La santidad tiene una única finalidad y es la de vivir en caridad ardiente, donde el fuego del amor anima, alienta y va adelante, sin pararse. La santidad se pone en el primer lugar de nuestra acción y si no nos reconocen o aprecian, más se ha de ejercitar la fuerza del amor. De nuevo el santo de Fontiveros asevera: “Donde no hay amor, por amor y sacarás amor” (Cántico espiritual, 9,7). ¿Cuántas veces estamos esperando el halago y el aplauso? Y si esto no llega, la tristeza nos acosa de manera perjudicial. La tristeza es el fruto del orgullo herido. La santidad es reconocer lo que somos y aceptarnos como somos.

Celebramos la fiesta de Todos los Santos y es un momento importante para preguntarnos si vivimos en armonía con el designio que Dios ha plasmado en nuestra existencia. Nada vale tanto como poder realizar, en nuestro recorrido vital, la belleza de la santidad. Y ya no sólo por nuestro bien sino porque todo lo bueno que suceda y acontezca en nuestro quehacer diario repercute en beneficio de la Iglesia y de la sociedad. La santidad no se consigue por la propia voluntad –aunque necesaria- sino por el acercamiento a las fuentes que dan el agua que sacia: “Pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed nunca más, sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna” (Jn 4, 14-15). Si nos planteamos bien la vida de santidad no sólo nos haremos bien a nosotros sino también a los demás.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).