Somos peregrinos

El próximo domingo celebraremos la solemnidad de todos los santos y al día siguiente la conmemoración de los fieles difuntos. En las dos celebraciones hacemos memoria de muchas personas que nos han precedido, que han finalizado ya su camino en la tierra. En estos días se acostumbra a visitar los cementerios para  reavivar la memoria de nuestros seres queridos, para expresar nuestro afecto, y sobre todo, para rezar por ellos. Este año lo haremos en el contexto de la pandemia del coronavirus  con todas las limitaciones que comporta, y con la cura de humildad que está suponiendo para el género humano, especialmente para la autosuficiencia de los más poderosos.

La muerte forma parte de la existencia, y el ser humano es el único ser vivo consciente de que tarde o temprano llegará el momento de morir. Ahora bien, en nuestra sociedad se ha convertido en un tema tabú, casi prohibido, hasta el punto que se debe ocultar a los más pequeños de la casa. Pero a la vez, resulta que el ser humano es el único que reflexiona sobre la realidad de la muerte y que le da un sentido que va más allá, y por eso quiere saber más, y necesita aferrarse a una esperanza, a un horizonte de futuro. Nos da miedo la muerte porque significa adentrarnos en lo desconocido, en un estado que no podemos controlar con la ciencia y la técnica.

La celebración de todos los santos y de los fieles difuntos nos ayuda, pues, a reflexionar sobre nuestra condición de seres humanos. Como creyentes, estamos en el mundo, pero no somos del mundo; vivimos entre los hombres y compartimos sus angustias y esperanzas, pero no nos acomodamos a los criterios de la sociedad, sino que buscamos la voluntad de Dios, y aunque no nos desentendemos del mundo presente, esperamos un Salvador, Jesucristo, y eso comporta un modo concreto de ser y de vivir. Por eso, vivimos de alguna manera como si fuésemos extranjeros o peregrinos que están de paso en un país que no es su lugar definitivo, tal como señala la epístola a Diogneto, una singular obra cristiana de finales del siglo II.

Un cristiano que viva su fe con sinceridad de corazón percibe su vida como una peregrinación. El creyente es extranjero y peregrino en la tierra, y por eso necesita tener una mentalidad apropiada, la del que está de paso y no se aferra a los bienes materiales; la de quien no adopta necesariamente los usos y las costumbres del país que atraviesa, sino que conserva su criterio, su propia forma de ver las cosas, y posee una jerarquía de valores que a menudo no coincide con el entorno. Los peregrinos no marchan dando tumbos al azar, sino que avanzan por el camino que ha recorrido él, y viven en un proceso que no culminará del todo hasta después de la muerte.

La peregrinación del cristiano en la tierra es una peregrinación hacia la Jerusalén celestial. Pese a que se trata de un camino largo y no está exento de dificultades, lo recorre con la seguridad de alcanzar la meta. Poco importa el cansancio, las pruebas, las tentaciones que se harán presentes. Al peregrinar, ya se participa de la felicidad futura por la fe y la esperanza, y se alcanzará la plenitud. Mientras se peregrina, hay que vivir con desapego a las cosas de la tierra, conscientes de que esta vida no es la vida plena y esta tierra no es la patria definitiva. Es preciso hacer camino con la mirada puesta más allá y más alto sin evadirse de la realidad y de sus problemas; al contrario, se hace desde el compromiso con las causas más nobles de nuestro mundo y luchando para que el Reino de Dios, reino de justicia y de paz, se haga presente en todos los órdenes de la vida.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.