“Todo bautizado es un ungido para la misión”

Parece una realidad evidente o bien aprendida. Hemos de recordarla continuamente para ser conscientes de la gran dignidad con la que nos reviste el Señor, para vivir con la alegría del Evangelio en un mundo a veces incierto. La Jornada Mundial de las Misiones que acabamos de celebrar nos hace despertar a la realidad misionera, y deja un poso en nosotros, un despertar a la vocación misionera de todo bautizado. Todo es tierra de misión, y los misioneros que se encuentran en tierras lejanas nos recuerdan que todo cristiano es misionero. En efecto, la misión Ad Gentes, de primer anuncio, se ha de realizar con la urgencia del amor de Dios a todos los que no lo conocen, en tu ciudad, tu vecindario, tus amistades, tu trabajo. No vivimos en una sociedad que acepta espontáneamente el legado cristiano, por mucho que éste sea fundamento y eje vertebrador de todo lo bueno y noble que hemos construido. Precisamente por ello, es irrenunciable en el mundo de hoy el anuncio del Evangelio. ¿No os parece que estamos obligados a reaccionar ante los grandes retos que tenemos por delante con actitudes e iniciativas misioneras? “La Iglesia existe para evangelizar”, nos recordaba Evangelii Nuntiandi (n. 14). No podemos seguir como si nada estuviera sucediendo. La tentación del narcisismo, del victimismo y del pesimismo no nos paraliza, ni la autocomplacencia indolente casi «como si nada fuera conmigo».

La fidelidad a nuestra vocación misionera supone estar despiertos para Dios, para hacerse cargo de los hombres ante el Señor y ante el Padre frente a las corrientes del tiempo, y nos exige tomar sobre nosotros los gozos y las angustias, las fatigas y las esperanzas de los demás –como hemos hecho en esta pandemia—. Estamos ungidos por el bautismo para identificarnos en la misión de Jesús y, como Jesucristo, ser don de Dios para los hombres, un regalo de amor gratuito, una ofrenda cotidiana en el día a día, en nuestra realidad más cercana, con cada persona y circunstancia que nos encontremos.

La existencia cristiana se realiza, por Cristo, con Él y en Él. Él es el único Camino de acceso a Dios Padre. Todo el pueblo de Dios vive un sacerdocio real donde el culto “en espíritu y en verdad” se realiza haciendo de la vida un sacrificio de alabanza, por la obediencia al Padre y por el amor entregado a los hermanos. Está claro que sólo un culto existencial –esto es, la vida vivida como entrega a Dios y a los hermanos— es agradable a Dios. ¡Para esto nos unge el Señor!

¡Estemos en vela, siempre junto al Señor, orantes, para hacernos con su mirada apasionada al mundo! Solamente si estamos llenos del Espíritu, atentos al Espíritu, dóciles al Espíritu, inflamados por el Espíritu, actuaremos como otros cristos. Solo así podremos decir con Él: “El Espíritu del Señor está sobre mi, me ha enviado a evangelizar a los pobres”; “Hoy se ha cumplido esta escritura que acabáis de oír” (Lc 4, 16.21).

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.