Saludo a la diócesis de León del obispo electo Mons. De las Heras

Queridos hermanos y hermanas, peregrinos de la fe cristiana en la Iglesia particular de León, diócesis de san Froilán:

Un saludo fraterno y cordial en el Señor Jesús en este momento en el que se anuncia que el Santo Padre se ha dignado nombrarme Obispo de León. Agradezco al Papa Francisco su confianza para enviarme a acompañaros pastoralmente después de cuatro años y medio en la diócesis hermana de Mondoñedo-Ferrol.

Respondo con humildad, dispuesto a entregarme sin reservas, como pastor discípulo misionero de Jesús. Renuevo mi adhesión y afecto al sucesor de Pedro, rogando que oréis por él, como nos pide siempre, y también por mí para que sea fecundo mi servicio entre vosotros.

Como mi insigne predecesor de feliz memoria, el Cardenal Fernando Sebastián, cmf, q.e.p.d., Obispo de León desde 1979 hasta 1983, soy Misionero Claretiano, hijo del Corazón de María. A Ella, madre de corazón abierto y acogedor, Virgen del Camino, encomiendo este ministerio pastoral.

Vivimos un tiempo complejo lleno de sufrimiento, que necesita cuidado, luz, unidad, paciencia y esperanza en medio de la pandemia del COVID-19, con un aumento de la incidencia en León desde las pasadas semanas. Elevo mi plegaria esperanzada por los fallecidos, por sus familiares, por los enfermos y cuidadores, por los profesionales de la salud y por cuantos combaten esta epidemia y sus graves consecuencias, que incrementan problemas anteriores. Nuestra oración, nuestro cariño y nuestro compromiso se dirigen a ellos para estar cerca de quien sufre y lucha por sobrevivir.

Del mismo modo, tengo presentes a otros enfermos, personas y familias que sufren por el paro, la cárcel, la migración, la discapacidad, la soledad, el abandono, la droga y a cuantos son víctimas de cualquier daño. Hago mío su sufrimiento y abrazo a cuantos necesitan la mano de una persona amiga. Se me ha confiado la misión de ser testigo de la alegría y de la esperanza para todos y quiero estar cerca de los más vulnerables y necesitados. Necesito ayuda para conseguirlo.

Quiero saludar con especial afecto a D. Julián López Martín, vuestro Obispo durante estos últimos dieciocho años. Le agradezco su fraternal y gozosa acogida cuando conoció mi nombramiento, así como sus palabras de afecto y admiración sobre vosotros. Su ministerio episcopal, con su serenidad, entrega y desvelos, es una antorcha encendida que recibo con sumo respeto, gratitud y confianza en el Buen Pastor. Por supuesto, aquí tiene siempre su casa. Junto a él, dirijo un cordial saludo de presentación al Colegio de Consultores y al Cabildo Catedral.

Saludo fraternalmente al Sr. Arzobispo de Oviedo, D. Jesús Sanz, OFM, al Sr. Obispo de Santander, D. Manuel Sánchez, mi predecesor en Mondoñedo-Ferrol y al Sr. Obispo de Astorga, D. Jesús Fernández, natural de esta diócesis de León, desde donde, siendo Vicario general, fue elegido Obispo auxiliar de Santiago de Compostela.

Saludo con entrañable afecto a los sacerdotes y diáconos, en especial a los enfermos y jubilados. Cuento con vuestra oración y colaboración, imprescindibles para mí. También yo os encomiendo al Buen Pastor para que os conceda ser cada día mejores pastores según el corazón de Dios (cf. Jer 3,15). Él avivará entre nosotros la llama de la comunión para la misión desde la fraternidad sacramental que nos une.

Saludo a los rectores, formadores, directores espirituales y seminaristas del Seminario Conciliar de San Froilán y del Seminario Redemptoris Mater “Virgen del Camino”. Pido al Señor que seáis comunidades de discípulos misioneros de Jesús en las que cada uno crezca con corazón de pastor, para entregaros dando vida y esperanza en medio del Pueblo de Dios.

Saludo con afecto a las personas consagradas de vida contemplativa y activa. León, con su riqueza de vocaciones consagradas, es encrucijada desde donde se afrontan con valentía los desafíos de la realidad y la misión de la vida consagrada en estos tiempos. Oramos al Señor para que siga embelleciendo esta Iglesia con la variedad de carismas y con el inestimable testimonio de cuantos siguen a Jesús viviendo el espíritu de las bienaventuranzas y entregándose al servicio desinteresado de todos, especialmente de los más débiles.

Saludo con admiración y cariño a los matrimonios y a las familias, un bien precioso de la humanidad. A los padres con todo su coraje, a los niños, alegría de cada hogar y de la sociedad, a los jóvenes que tienen visiones esperanzadas y a los ancianos, que sueñan sueños de sabiduría.

Un saludo cordial a quienes formáis las asociaciones de fieles, los movimientos apostólicos y las cofradías; a los catequistas, a los voluntarios, a todos los agentes pastorales, a los amigos del Camino de Santiago y a cada una de las personas del resto del Pueblo de Dios que peregrina en León.

Dirijo un saludo respetuoso a las autoridades civiles, militares, judiciales, académicas y a los agentes sociales, así como a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes o no creyentes. Tiendo mi mano amistosa dispuesto al diálogo, desde el respeto y la clara identidad de cada uno, para buscar el bien común.

Por supuesto, mi saludo y reconocimiento a los profesionales de los medios de comunicación que nos ayudan a sentirnos unidos y conectados, transmitiendo buenas noticias en medio de las serias dificultades de estos tiempos.

Me pongo al servicio de todos, siguiendo las huellas de Cristo, el Buen Pastor y Buen Samaritano. Sin excluir a nadie, espero que la senda del seguimiento me lleve siempre a la casa de los pobres, los crucificados de este mundo, los predilectos del Padre, a quienes no podemos defraudar.

Una nube de testigos, hombres y mujeres de Dios, peregrinan en León por los caminos de la fe cristiana desde el siglo III. Continuamos la senda agradecidos al Señor y a su Iglesia, que nos brindan ocasiones singulares, como el Año Especial Laudato Si’ y el próximo Año Santo Compostelano, para renovar nuestros pasos de discípulos misioneros de Jesús, hermanos todos, y proclamar las profecías de la hospitalidad, la fraternidad, la amistad social y la esperanza. Con estos horizontes preparo el inicio del ministerio pastoral en León el próximo 19 de diciembre, Dios mediante.

Pongo por intercesor de esta misión a san Froilán, hombre consagrado al Señor, eremita y pastor al servicio de la Iglesia y de la predicación evangélica. Igualmente, a san Antonio María Claret, Misionero Obispo, incansable evangelizador, perseguido por causa de la justicia.

Confiemos a la Virgen del Camino nuestros gozos y preocupaciones, para que los acoja en su Corazón maternal y aprendamos cómo llenar las tinajas de agua poniendo la esperanza en el vino nuevo del Reino de Dios. Contad con mi oración y orad por mí para que llegue a ser el pastor que la Iglesia particular de León y la Iglesia Católica universal necesitan. Recibid un abrazo fraterno de comunión y la bendición del Señor.

+ Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Administrador Diocesano de Mondoñedo-Ferrol

Obispo electo de León

(Diócesis de León)

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