Ordenación diaconal de Álvaro Marín Molinera en la catedral de Segovia

El joven seminarista segoviano Álvaro Marín Molinera será ordenado diácono el próximo domingo 25 de octubre. Coincidiendo con la festividad del patrón de la diócesis, san Frutos, la catedral acogerá la celebración a partir de las cinco de la tarde, presidida por el obispo, Mons. César Franco.

Álvaro, de 24 años y con formación en el Teologado de Ávila y en la Universidad Pontificia de Salamanca, se convierte así en el primer ordenado en la última década. Diez años de carestía y de escasez vocacional que convierten esta ordenación en un motivo de orgullo y júbilo para la diócesis.

Familiares, amigos, sacerdotes y fieles acompañarán a Álvaro en este día tan especial en su camino hacia el ministerio sacerdotal, con el que comienza una nueva etapa al servicio de la Iglesia segoviana y su pastor, el Sr. Obispo.

La Eucaristía de ordenación diaconal es una celebración en la que se suceden varios momentos de especial relevancia para el futuro diácono. Tras el Evangelio, tiene lugar el acto de reconocimiento de que Álvaro Marín es un candidato digno para ser ordenado. «Después de haber consultado al pueblo cristiano, doy testimonio de que ha sido considerado digno», son las palabras que pronunciará Juan Cruz Arnanz, rector del Seminario diocesano.

Posteriormente, Álvaro efectuará sus promesas, aquellas que contribuyen a la realización de sus funciones: celibato, obediencia y colaboración con el obispo, rezar la Liturgia de las Horas, atender el altar… Y tras ello, el joven seminarista segoviano protagonizará la postración, momento en el que se invocará la intercesión de los santos mediante el canto de las letanías.

A continuación, tendrá lugar el rito de ordenación diaconal con la imposición de manos y la plegaria de ordenación, tras el que Álvaro recibirá su estola al estilo diaconal y será vestido con la dalmática.

Por último, recibirá el libro de los Evangelios como símbolo de su misión de anunciar la Buena Nueva mientras el obispo diocesano pronuncie estas palabras: «Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero; convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado».

El ministerio diaconal

Los diáconos se ordenan mediante la imposición de las manos heredada de los Apóstoles, para desempeñar eficazmente su ministerio por la gracia sacramental. Por eso, ya desde la primitiva época de los Apóstoles, la Iglesia Católica ha tenido en gran honor el sagrado Orden del diaconado.

Es oficio propio del diácono, administrar solemnemente el Bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al Matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el Viático a los moribundos, leer la sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y la oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y de la sepultura. Dedicados a los oficios de la caridad y de la administración, recuerden los diáconos el aviso del bienaventurado Policarpo: “Compasivos, diligentes, actuando según la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos”. (Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, núm. 29)

(Diócesis de Segovia)

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