Encuentro en el Capitolio: firma del llamamiento común por la Paz

La tarde del 20 de octubre, el papa Francisco participó en el Encuentro Internacional de Oración por la Paz titulado «Nadie se salva solo. Paz y Fraternidad», organizado por la comunidad Sant’Egidio, que culminó en la Plaza del Capitolio de Roma con la firma del llamamiento común por la paz.
Congregados en Roma en el «espíritu de Asís», la tarde del 20 de octubre el Papa Francisco participó en el 34º Encuentro Internacional de Oración por la Paz titulado «Nadie se salva solo. Paz y Fraternidad», organizado por la comunidad de Sant’Egidio que este año, debido a la pandemia, tuvo lugar en Roma en la Plaza del Capitolio.

El evento contó con la participación del Patriarca Bartolomé I junto con representantes del Judaísmo, el Islam y el Budismo, así como con la presencia del presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella. La ceremonia culminó con la firma del llamamiento común por la paz, cuyo texto compartimos a continuación de manera integral:

Llamamiento común por la paz

Congregados en Roma en el «espíritu de Asís», espiritualmente unidos a los creyentes de todo el mundo y a las mujeres y a los hombres de buena voluntad, hemos rezado todos juntos para implorar el don de la paz en nuestra tierra. Hemos recordado las heridas de la humanidad, tenemos en el corazón la oración silenciosa de tantas personas que sufren, frecuentemente sin nombre y sin voz. Por esto nos comprometemos a vivir y a proponer solemnemente a los responsables de los Estados y a los ciudadanos del mundo este llamamiento a la paz.

En esta plaza del Campidoglio, poco después del mayor conflicto bélico que la historia recuerde, las naciones que se habían enfrentado estipularon un pacto, fundado sobre un sueño de unidad, que posteriormente se llevó a cabo: la Europa unida. Hoy, en este tiempo de desorientación, golpeados por las consecuencias de la pandemia de Covid-19, que amenaza la paz aumentando las desigualdades y los miedos, decimos con fuerza: nadie puede salvarse solo, ningún pueblo, nadie.

«¡Nunca más la guerra!»

Las guerras y la paz, las pandemias y el cuidado de la salud, el hambre y el acceso al alimento, el calentamiento global y la sostenibilidad del desarrollo, los desplazamientos de las poblaciones, la eliminación del peligro nuclear y la reducción de las desigualdades no afectan únicamente a cada nación. Lo entendemos mejor hoy, en un mundo lleno de conexiones, pero que frecuentemente pierde el sentido de la fraternidad. Somos hermanas y hermanos, ¡todos! Recemos al Altísimo que, después de este tiempo de prueba, no haya más un “los otros”, sino un gran “nosotros” rico de diversidad. Es tiempo de soñar de nuevo, con valentía, que la paz es posible, que la paz es necesaria, que un mundo sin guerras no es una utopía. Por eso queremos decir una vez más: «¡Nunca más la guerra!».

Desgraciadamente, la guerra ha vuelto a parecerle a muchos un camino posible para la solución de las controversias internacionales. No es así. Antes de que sea demasiado tarde, queremos recordar a todos que la guerra deja siempre el mundo peor de como lo había encontrado. La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad.

Trabajar por una nueva arquitectura de la paz

Requerimos a los gobernantes que rechacen el lenguaje de la división, que está sostenida frecuentemente por sentimientos de miedo y de desconfianza, y para que no se emprendan caminos de vuelta atrás. Miremos juntos a las víctimas. Hay muchos, demasiados conflictos todavía abiertos.

A los responsables de los Estados les decimos: trabajemos juntos por una nueva arquitectura de la paz. Unamos las fuerzas por la vida, la salud, la educación y la paz. Ha llegado el momento de utilizar los recursos empleados en producir armas cada vez más destructivas, promotoras de muerte, para elegir la vida, curar la humanidad y nuestra casa común. ¡No perdamos el tiempo! Comencemos por objetivos alcanzables: unamos desde hoy los esfuerzos para contener la difusión del virus hasta que tengamos una vacuna que sea idónea e accesible a todos. Esta pandemia nos está recordando que somos hermanas y hermanos de sangre.

Seamos con creatividad artesanos de la paz

A todos los creyentes, a las mujeres y a los hombres de buena voluntad, les decimos: seamos con creatividad artesanos de la paz, construyamos amistad social, hagamos nuestra la cultura del diálogo. El diálogo leal, perseverante y valiente es el antídoto contra la desconfianza, la división y la violencia. El diálogo disuelve desde la raíz las razones de las guerras, que destruyen el proyecto de fraternidad inscrito en la vocación de la familia humana.

Nadie puede sentirse que debe lavarse las manos. Somos todos corresponsables. Todos necesitamos perdonar y ser perdonados. Las injusticias del mundo y de la historia se sanan no con el odio y la venganza, sino con el diálogo y el perdón.

Que Dios inspire estos ideales en todos nosotros y este camino que hacemos juntos, plasmando los corazones de cada uno y haciéndonos mensajeros de paz.

(Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

El Papa: No permanecer indiferentes ante un mundo sediento de paz

Esta tarde el Papa Francisco participó junto a líderes religiosos del mundo, en el Encuentro por la Paz promovido por la Comunidad de San Egidio. En la ceremonia final, en la Plaza del Capitolio en Roma, el Pontífice recordó que poner fin a la guerra es el deber impostergable de todos los líderes políticos ante Dios. «¡Necesitamos la paz! ¡Más paz! No podemos permanecer indiferentes», fue su exhortación.
En un mundo que corre el riesgo de “acostumbrarse” al mal de la guerra, la paz es la prioridad de cualquier política: lo subrayó el Papa Francisco esta tarde digiriéndose, en la Plaza del Capitolio de Roma, a los participantes en el 34° Encuentro de Oración por la Paz en el espíritu de Asís,  promovido por la Comunidad de San Egidio e inspirado en el histórico encuentro interreligioso querido por San Juan Pablo II en 1986.

El Encuentro, que este año se titula «Nadie se salva solo – Paz y fraternidad», se desarrolló con presencia limitada debido a las medidas anticontagio por el Covid 19 y fue transmitido en streaming. Además, siempre a causa de la pandemia, algunos representantes religiosos no pudieron asistir, como fue el caso de Gran Imán de al-Azhar, Ahmed al-Tayyeb.

El Pontífice participó, en primer lugar, en un momento de oración ecuménica con otras confesiones cristianas en la Basílica de Santa María en Aracoeli y, sucesivamente, se dirigió a la Plaza romana del Capitolio donde tuvo lugar la ceremonia con representantes de las grandes religiones del mundo y autoridades. Aquí, poniendo en evidencia que el mundo que tiene “sed ardiente de paz” recordó también que la paz no se logra por sí solos sino juntos, encontrándonos.

Francisco inició su discurso con palabras de agradecimiento y alegría por esta ocasión de encuentro con “ilustres líderes religiosos, distinguidas Autoridades y numerosos amigos de la paz”. Entre ellos, el Papa saludó especialmente al señor Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella y a Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé, «mi hermano», manifestando sincero aprecio porque “a pesar de las dificultades del viaje, él y otras personalidades hayan deseado participar en este momento de oración”.

La visión profética de paz de San Juan Pablo II

Recordando el primer encuentro en el espíritu de Asís, querido por san Juan Pablo II, el Papa subrayó que “en esa visión de paz había una semilla profética que, paso a paso, gracias a Dios ha ido madurando con encuentros inéditos, acciones de pacificación y nuevas ideas de fraternidad. De hecho, mirando hacia atrás, aunque lamentablemente nos encontramos en los últimos años con acontecimientos dolorosos, como conflictos, terrorismo o radicalismo, a veces en nombre de la religión, debemos reconocer los pasos fructuosos en el diálogo entre las religiones. Es un signo de esperanza que nos anima a trabajar juntos como hermanos. Así hemos llegado al importante Documento sobre la Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común, que firmé con el Gran Imán de al-Azhar, Ahmed al-Tayyeb, en el año 2019”.

La diversidad no justifica la indiferencia o la enemistad

«El mandamiento de la paz está inscrito en lo profundo de las tradiciones religiosas» afirmó a continuación el Pontífice retomando una cita de su última encíclica Fratelli tutti y precisó:

 “Los creyentes han entendido que la diversidad de religiones no justifica la indiferencia o la enemistad. En efecto, partiendo de la fe religiosa, uno puede convertirse en artesano de la paz y no en espectador inerte del mal de la guerra y del odio. Las religiones están al servicio de la paz y la fraternidad».

Para el Santo Padre, este encuentro «impulsa a los líderes religiosos y a todos los creyentes a rezar con insistencia por la paz, a no resignarse nunca a la guerra, a actuar con la fuerza apacible de la fe para poner fin a los conflictos». Por ello afirmó  con fuerza:

“¡Necesitamos la paz! ¡Más paz! No podemos permanecer indiferentes. Hoy el mundo tiene una ardiente sed de paz”

La paz es prioridad de cualquier política

El Papa recordó que “en muchos países se sufre por las guerras, con frecuencia olvidadas, pero que son siempre causa de sufrimiento y de pobreza” y advirtió que “el mundo, la política, la opinión pública corren el riesgo de ‘acostumbrarse al mal de la guerra’, como compañero natural en la historia de los pueblos”. De aquí su exhortación:

“No nos quedemos en discusiones teóricas, tomemos contacto con las heridas, toquemos la carne de los perjudicados. Prestemos atención a los prófugos, a los que sufrieron la radiación atómica o los ataques químicos, a las mujeres que perdieron sus hijos, a los niños mutilados o privados de su infancia”

Y tras constatar que “en la actualidad, los dolores de la guerra también se ven agravados por la pandemia del coronavirus y la imposibilidad, en muchos países, de acceder a los tratamientos necesarios”, subrayó que “los conflictos continúan, y con ellos el dolor y la muerte”. Por ello, señaló:

“Poner fin a la guerra es el deber impostergable de todos los líderes políticos ante Dios. La paz es la prioridad de cualquier política. Dios le pedirá cuentas a quienes no han buscado la paz o han fomentado las tensiones y los conflictos durante tantos días, meses y años de guerra que han pasado y que han golpeado a los pueblos”

««¡Basta!»: es una respuesta inequívoca a toda violencia», afirmó el Obispo de Roma retomando las palabras que dijo Jesús cuando los discípulos le mostraron dos espadas, antes de la Pasión. Y explicó que ese «¡basta!» de Jesús «supera los siglos y llega con su fuerza hasta nosotros hoy».

“¡Basta de espadas, de armas, de violencia, de guerra!”

Ningún pueblo puede lograr la paz por sí solo

El Pontífice recordó también que San Pablo VI repitió este llamamiento a las Naciones Unidas en 1965, afirmando: «¡Nunca jamás guerra!».  “Esta es la súplica de todos nosotros, hombres y mujeres de buena voluntad»- precisó. «Es el sueño de todos los artesanos y buscadores de la paz, conscientes de que ‘toda guerra deja al mundo peor que como lo había encontrado’”.

Ningún pueblo, ningún grupo social puede por sí solo lograr la paz, el bien, la seguridad y la felicidad. Ninguno. La lección de la reciente pandemia, si deseamos ser honestos, es «la consciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos. Recordamos que nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos».

Concientes de ser una sola humanidad

“La fraternidad, que nace de la conciencia de ser una sola humanidad, debe penetrar en la vida de los pueblos, en las comunidades, entre los gobernantes, en los foros internacionales” afirmó a continuación el Santo Padre, asegurando que «de esta manera, aumentará la conciencia de que sólo podemos salvarnos juntos encontrándonos, tratándonos, evitando las peleas, reconciliándonos, moderando el lenguaje de la política y de la propaganda, desarrollando caminos concretos para la paz”.

Juntos para comunicar un mensaje de paz

“Estamos juntos esta tarde, como personas de diferentes tradiciones religiosas, para comunicar un mensaje de paz” afirmó en la conclusión el Papa Francisco. “Esto muestra claramente que las religiones no quieren la guerra, al contrario, desenmascaran a quienes sacralizan la violencia, piden a todos que recen por la reconciliación y que actúen para que la fraternidad abra nuevos caminos de esperanza”.

“De hecho, con la ayuda de Dios, es posible construir un mundo de paz y así, hermanos y hermanas, salvarnos juntos.”

https://youtu.be/VnbHaIQ76es

(María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

Cuanto más unidos estemos a Jesús nos sentiremos responsables de los demás

“Dios no viene tanto a liberarnos de los problemas, que siempre vuelven a presentarse, sino para salvarnos del verdadero problema, que es la falta de amor. Esta es la causa profunda de nuestros males personales, sociales, internacionales, ambientales. Pensar sólo en sí mismo es el padre de todos los males”. Homilía del Papa Francisco en el encuentro de oración por la Paz, en el espíritu de Asís.

«Nadie se salva solo – Paz y Fraternidad», es éste el título del trigésimo cuarto encuentro de Oración por la Paz en el espíritu de Asís, promovido por la Comunidad de Sant’Egidio, y que se llevó a cabo en Roma, debido a la pandemia. Recordamos esta histórica jornada fue querida por el Papa Juan Pablo II en 1986. Desde el corazón de Europa, se ofreció al mundo un solemne momento de reflexión, oración y de encuentro: un mensaje de esperanza para el futuro en el nombre del bien más grande, el de la Paz. Tras las oraciones en diversas religiones en lugares distintos, los cristianos oraron esde la Basílica de Santa María Ara Coeli, en presencia del Papa Francisco, de Bartolomé, el Patriarca e Constantinopla,  y de diversas Iglelsias ortodoxas y protestantes, los líderes religiosos se encontraron juntos en la Plaza del Capitolio para la ceremonia final, donde se recordaron todas las víctimas de la pandemia y de todas las guerras. Y al final del mismo, se firmó un llamamiento común por la paz.

De la Cruz brota el perdón, renace la fraternidad

El Papa Francisco, tras mencionar el pasaje bíblico que se leyó sobre la Pasión de Jesús, dijo que en el Calvario tuvo lugar el gran duelo entre “Dios que vino a salvarnos y el hombre que quiere salvarse a sí mismo; entre la fe en Dios y el culto al yo; entre el hombre que culpa y Dios que perdona. Y llegó la victoria de Dios, su misericordia descendió en el mundo”. De la Cruz brota el perdón, renace la fraternidad: «La cruz nos hace hermanos», dijo recordando las palabras de Benedicto XVI al final del Vía Crucis, en el 2008. Los brazos de Jesús, abiertos en la cruz, marcan un punto de inflexión, porque Dios, afirmó, no señala con el dedo a nadie, sino que abraza a todos. “Porque sólo el amor apaga el odio, sólo el amor vence a la injusticia. Sólo el amor deja lugar al otro. Sólo el amor es el camino para la plena comunión entre nosotros”.

En su homilía el Papa dijo que este pasaje de la Pasión del Señor, se sitúa poco antes de la muerte de Jesús y habla de la tentación que se cierne sobre Él, exhausto en la cruz. “Mientras vive el momento del dolor y del amor más extremo, muchos, sin piedad, lanzan unas palabras contra Él: «Sálvate a ti mismo». Es una tentación crucial, que nos amenaza a todos, también a nosotros, cristianos”.

Es la tentación de pensar sólo en protegerse a sí mismo o al propio grupo, de tener en mente solamente los propios problemas e intereses, mientras todo lo demás no importa. Es un instinto muy humano, dijo el Papa, pero malo, y es la última provocación al Dios crucificado.

Sálvate a ti mismo

“Lo dicen primero «los que pasaban». Era gente común, que había escuchado hablar a Jesús y lo habían visto hacer prodigios. Ahora le dicen: «Sálvate a ti mismo bajando de la cruz». No tenían compasión, sino ganas de milagros, de verlo bajar de la cruz”.

Al respecto, Francisco dijo que es este tipo de dios, el que muchos preferiríamos, “un dios espectacular más que compasivo, un dios potente a los ojos del mundo, que se impone con la fuerza y desbarata a quien nos odia”. Pero esto no es de Dios, señaló, es nuestro yo. “Cuántas veces queremos un dios a nuestra medida, más que llegar nosotros a la medida de Dios; un dios como nosotros, más que llegar a ser nosotros como Él”, dijo. Pero así, en vez de la adoración a Dios preferimos el culto al yo.

Y este culto, advirtió Francisco, es un culto que crece y se alimenta con la indiferencia hacia el otro. Los que pasaban y miraban a Jesús, “les interesaba sólo para satisfacer sus antojos. Pero, reducido a un despojo en la cruz, ya no les interesaba más. Estaba delante de sus ojos, pero lejos de su corazón. La indiferencia los mantenía distantes del verdadero rostro de Dios”.

Y siguiendo con el relato bíblico, el Santo Padre, recordó el momento en el que delante de Jesús, dan un paso al frente los jefes de los sacerdotes y los escribas. Eran los que habían condenado a Jesús porque representaba un peligro. “Pero todos somos especialistas en colgar en la cruz a los demás con tal de salvarnos a nosotros mismos. Jesús, en cambio, se deja clavar para enseñarnos a no descargar el mal sobre los demás: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar».  Conocían a Jesús, recordaban sus curaciones y las liberaciones que había realizado, y relacionan todo esto con malicia: insinúan que salvar, socorrer a los demás no conduce a ningún bien; Él, que se había entregado tanto por los demás, se está perdiendo a sí mismo”.

Sobre este pasaje, el Papa dijo que esta acusación es “sarcástica y se reviste de términos religiosos, usando dos veces el verbo salvar”. Pero el “evangelio” del sálvate a ti mismo, dijo, no es el Evangelio de la salvación. Es el evangelio apócrifo más falso, que carga las cruces sobre los demás. El Evangelio verdadero, en cambio, afirmó, carga con las cruces de los otros.

Sálvate a ti mismo

Al final, dijo Francisco, incluso los crucificados que estaban junto a Jesús se unen al clima de hostilidad contra Él. “¡Qué fácil es criticar, hablar en contra, ver el mal en los demás y no en uno mismo, hasta llegar a descargar las culpas sobre los más débiles y marginados! Pero, ¿por qué los crucificados se ensañan con Jesús? Porque no los quita de la cruz. Le dicen: «Sálvate a ti mismo y a nosotros». Sólo buscan a Jesús para resolver sus problemas”.

Dios no viene tanto a liberarnos de los problemas, que siempre vuelven a presentarse, sino para salvarnos del verdadero problema, que es la falta de amor. Esta es la causa profunda de nuestros males personales, sociales, internacionales, ambientales, dijo el Papa, pensar sólo en sí mismo es el padre de todos los males.

Aprender del Señor, que nos ha salvado despojándose a sí mismo

El Papa pidió a Dios crucificado la gracia de estar todos más unidos, de ser más fraternos. Y cuando estemos tentados, dijo por último,  de seguir la lógica del mundo, recordemos las palabras de Jesús: «Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará». “Lo que a los ojos de los hombres es una pérdida, para nosotros es salvación. Aprendamos del Señor, que nos ha salvado despojándose de sí mismo, haciéndose otro: de Dios hombre, de espíritu carne, de rey siervo. También a nosotros nos invita a “hacernos otros”, a ir al encuentro de los demás”.

Cuanto más unidos estemos al Señor Jesús, seremos más abiertos y “universales”, porque nos sentiremos responsables de los demás. Y el otro será el camino para salvarse a sí mismo: cada semejante, cada ser humano, cualquiera sea su historia o su religión. Comenzando por los pobres, los más parecidos a

(Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

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