Un renovado sí a la vida

Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Benedicto XVI dijo en Madrid el 18 de agosto de 2011: “Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento. Estas tentaciones siempre están al acecho. Es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios”.

En el espacio público se plantea un nuevo y cruel acecho a la vida, especialmente a la más frágil. Se pretende discernir sobre el valor de la vida de enfermos, ancianos, quienes tienen reducidas sus capacidades físicas, quienes sufren diversos tipos de patologías, quienes no saborean el gusto de vivir.

Hay quienes, lamentablemente, no tienen curación, pero esto no significa que no puedan ser atendidos, cuidados, acompañados. En las fases críticas y terminales de la vida humana se puede hacer mucho, de enorme calidez y de gran calidad, al servicio del bien integral de la vida y de la dignidad y el valor de todas las personas.

El cuidado de las personas enfermas posee un gran significado y existe una responsabilidad social ante los más vulnerables. Están en juego el fundamento de la convivencia y la estructura de la misma sociedad.

Hay ocasiones en que el esfuerzo asistencial desemboca en sucesivas muestras de debilidad y fragilidad, pero la relación de cuidado que se establece con los enfermos siempre debe promover la vida y evitar hacer daño. Ante la vulnerabilidad se debe responder con respeto a través del apoyo físico, psicológico, social, familiar y religioso.

“Todo enfermo tiene necesidad no solo de ser escuchado, sino de comprender que el propio interlocutor «sabe» qué significa sentirse solo, abandonado, angustiado frente a la perspectiva de la muerte, al dolor de la carne, al sufrimiento que surge cuando la mirada de la sociedad mide su valor en términos de calidad de vida y lo hace sentir una carga para los proyectos de otras personas” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Samaritanus bonus, II).

“La calidad del amor y del cuidado de las personas en las situaciones críticas y terminales de la vida contribuye a alejar de ellas el terrible y extremo deseo de poner fin a la propia vida” (ibid., V, 10).

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+  Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.