Las misiones, hoy

En este domingo de las Misiones (Domund), me ha parecido que nos puede ayudar la transcripción de algunas reflexiones fruto de una conversación con el misionero Mn. Joan Soler, valorando sus nueve años de misionero en Togo (África).

¿Qué ha significado para tu vida de cristiano y sacerdote la misión en Togo?

Sinceramente, creo que aquellos nueve años de misión en Togo fueron una gran escuela de vida cristiana, que me permitió redescubrir el verdadero significado de un bautismo que me enviaba hacia los demás, y como sacerdote me ayudó a profundizar en el sentido de mi ministerio. El contacto con una pobreza extrema, la confrontación con la muerte y el sufrimiento de los inocentes, la enorme fe del pueblo al que había sido enviado, me mostraron que había vivido en un cristianismo que había quedado muy alejado de los problemas reales de la gente de nuestro mundo. Y, como sacerdote, me encontré con un mundo diferente. A diferencia de nuestro Obispado, donde la mayoría de personas con quienes vivimos se cuestionan qué sentido tiene que seas cura, allá todo el mundo valoraba tu vocación y era, para ellos, un estímulo para seguir adelante. Era hermoso estar rodeado continuamente de jóvenes que querían ser curas como tú.

Era cristiano en un país donde la mayoría no lo era, y era cura, querido y valorado por mi comunidad católica. Merecía la pena.

Como misionero, ¿qué aportaste a la comunidad cristiana y a la comunidad humana?

El misionero es aquel que es enviado a comunicar una buena noticia. Nosotros, los misioneros católicos, somos enviados a comunicar un evangelio que es precioso. Predicamos un Dios que se ha hecho hombre, que ha dado la vida por nosotros, para salvarnos, que ha resucitado y que nos ha dejado el Espíritu Santo, que nos acompañará hasta su regreso. Nuestra vida, desposeídos de todo, lejos de los nuestros, limitados por la lengua y por el desconocimiento de muchas costumbres, nos hacía testigos más verídicos de un hecho que había cambiado nuestra vida para siempre.

¿Qué necesitan hoy las “Iglesias de misión”?

Una de las causas por las cuales dimos por acabada nuestra misión fue constatar que la Iglesia local ya estaba bastante organizada para seguir adelante por sí misma. Creo que lo que necesitan hoy muchas de estas iglesias, que antes eran de misión, es que las reconozcamos verdaderamente como iglesias hermanas adultas, que tienen que poder dialogar de tú a tú con nosotros.

Hoy, ¿qué nos ofrecen las “Iglesias de misión”?

Las iglesias de misión nos pueden ofrecer su juventud y frescura. Son iglesias que no tienen ninguna rémora del pasado y que solamente tienen presente y futuro. Cuando las observas, te das cuenta de que su problema es cómo se apañarán para abrir más parroquias, más lugares de formación, más centros de oración, más seminarios y noviciados para los jóvenes. Creo que estas iglesias nos ofrecen esperanza, ilusión, ganas de volver a creer que nuestro mensaje no se ha quedado anticuado, sino que continúa siendo válido para el mundo de hoy, que Dios quiere continuar siguiendo el camino con su pueblo. No debemos tener miedo de aceptar que vengan algunos curas, religiosos y laicos de estos países para que nos ayuden a evangelizar.

La misión aquí en casa y más allá…

La misión continúa siendo esencial en la Iglesia que nace para la misión. Hay una misión dirigida a otros pueblos y hay una misión entre las personas que nos rodean, aquí en nuestra propia casa. ¿Estamos preparados para ello? ¿Nos sentimos verdaderamente misioneros? ¿Seremos capaces de adaptar nuestras estructuras de Iglesia diocesana para convertirnos en una Iglesia en misión?

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 425 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.