Aquí estoy, envíame

Queridos hermanos todos:

En el corazón del octubre misionero, la Iglesia celebra el domingo mundial de las misiones (DOMUND). Todos los cristianos, que por el bautismo llevamos inscrita la misión en nuestro ADN eclesial, estamos invitados a rezar, participar y colaborar con nuestros misioneros. Ellos, los enviados a tierra de misión en nuestro nombre, testimonian el evangelio en cada rincón del mundo y cuentan, cada campaña del Domund, con nuestro tiempo, oración y donativo.

Nuestra oración, nuestro tiempo y nuestro dinero se convierten en tres pilares privilegiados para hacer concreto este compromiso con la Iglesia misionera, como nos ha dicho el Papa Francisco en el mensaje del 2020: “La celebración del Domund significa reafirmar cómo la oración, la reflexión y la ayuda material de sus ofrendas son oportunidades para participar activamente en la misión de Jesús en su Iglesia”.

El lema del Domund 2020, “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8), refleja muy bien la oración de tantos hombres y mujeres que han partido desde nuestras tierras a la misión, secundando la llamada del Señor.  El lema es también una llamada a cada cristiano a salir de la conciencia aislada y de la autorreferencialidad (EG 8), para salir al encuentro del necesitado, para ser una Iglesia en salida (EG 24). Hemos de tomar conciencia que todos somos enviados, que nada humano es ajeno a la fe, ya sea en la pobreza material en todas sus expresiones, como la más grave, la espiritual y el desconocimiento de Jesucristo. Ser una Iglesia en salida es “aceptar la llamada a salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG,20). ” Aquí estoy, envíame, sentirse enviado a que todos se salven y experimenten el amor de Dios en una Iglesia que es testigo, discípula y misionera de la misericordia, de la ternura y del amor de Dios.

El Papa Francisco nos recuerda que “comprender lo que Dios nos está diciendo en estos tiempos de pandemia también se convierte en un desafío para la misión de la Iglesia”. En este contexto de Covid-19, de crisis sanitaria y económica mundial, los misioneros están en primera línea contra el virus, la pobreza y el hambre, especialmente en contextos de alta vulnerabilidad por las condiciones extremas de pobreza.

Esta jornada del Domund pide a la Iglesia que se siga arrodillando a curar heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a no caer en la indiferencia humillante para los pobres. Casi la mitad de la población mundial vive en los territorios de misión, donde se celebra uno de cada tres bautismos del mundo; donde un sacerdote atiende a más del doble de habitantes que otro sacerdote en la Iglesia universal y donde la Iglesia, a través de miles de instituciones sociales y educativas, llega a las aldeas más remotas para que Jesucristo pueda seguir curando y salvando. Por eso el Papa Francisco nos dice, en el mensaje de este curso, que “la caridad, que se expresa en la colecta del Domund, tiene como objetivo apoyar la tarea misionera”.

Una vez más, el Señor nos llama a salir de nuestra tierra, como lo han hecho en la misión ad gentes los 7.792 misioneros españoles que actualmente están en territorios de misión, concretamente en 135 países; los 1.631 voluntarios en las diferentes diócesis y parroquias españolas o los 10.000 cristianos que, cada año, dedican parte de sus vacaciones a tener una experiencia misionera. Recemos para que no falten misioneros, porque como nos dice el Papa Francisco, “Dios continúa buscando a quien enviar al mundo y a cada pueblo para testimoniar su amor”. Nuestra Diócesis de Guadix tiene experiencia de esta comunión misionera a través de nuestros sacerdotes diocesanos que están en Honduras y que son orgullo de todos.

Cada cristiano ha de trabajar en la construcción de un mundo nuevo donde reine el amor; donde la grandeza se muestre en la capacidad de hacerse pequeño, de no llamar propio a nada de lo que tiene; donde no hay ya marginados, ni empobrecidos, ni desgraciados; un mundo donde la fraternidad universal sea real porque todos nos experimentamos hijos de un mismo Padre y miembros del único Cuerpo de Cristo.

El Papa nos recuerda que “la oración es la primera obra misionera que todo cristiano puede y debe hacer, y es también aquella más eficaz”. Os invito a rezar mucho, pues la cooperación espiritual sostiene a nuestros misioneros. Que no falte tampoco la colaboración personal y económica, que os pido sea muy generosa, especialmente en estos tiempos crudos de pandemia y de crisis económica donde todo sacrificio vale mucho más.

Que la Virgen, Madre de los misioneros, nos haga responder como Ella lo hizo a la llamada del Señor: “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8),

 

Recibid mi afecto y mi bendición.

 

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

Mons. Fco. Jesus Orozco Mengibar
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Francisco Jesús Orozco nació en Villafranca de Córdoba el 23 de abril de 1970. Cursó los estudios eclesiásticos en el seminario diocesano de Córdoba, obteniendo el bachillerato en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid, centro al que el seminario cordobés estaba adscrito. Fue ordenado sacerdote el 9 de julio de 1995. Es licenciado en Teología Fundamental por la Universidad Lateranense de Roma (1998-2000) y doctor en Teología Dogmática por esta misma Universidad. Ha desarrollado su ministerio sacerdotal en la diócesis de Córdoba, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de San Francisco Solano en Montilla y profesor de Liturgia en el seminario diocesano (1995-1996); delegado diocesano para la pastoral juvenil (1996-1998); vicerrector del seminario menor (2003-2007); y capellán del monasterio del Sagrado Corazón (2003-2007). Desde este último año ha sido vicario episcopal territorial de La Campiña; párroco de Santo Domingo y de San Mateo Apóstol de Lucena; rector del Santuario de María Santísima de Araceli de Lucena; miembro del consejo presbiteral; secretario y miembro del colegio de consultores; profesor de Teología Fundamental; Fenomenología e Historia de las Religiones, Antropología y Escatología en el seminario mayor San Pelagio y en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas “Beata Victoria Díez”. En el año 2011 fue nombrado vicario general de la diócesis de Córdoba y en 2012 párroco de San Miguel y Ntra. Sra. de la Merced de Córdoba.